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jueves, 13 de junio de 2019

Padua


La Basílica de San Antonio de Padua es un templo religioso de la ciudad italiana de Padua, construido entre los años 1238 y 1310. Su núcleo original fue la Iglesia de Santa María Madre del Señor, Sancta Maria Mater Domini, donde se instaló el convento franciscano en el cual fue sepultado San Antonio de Padua, hecho que originó una fervorosa devoción a sus restos por parte de los católicos.

En la plaza se encuentra el magnífico monumento ecuestre a Gattamelata de Donatello. Además en el interior de la basílica realizó este mismo escultor, el Crucifijo de bronce, que Boito colocó años más tarde en el altar mayor. Para este mismo altar, Donatello creó siete estatuas que representan a la Virgen con Niño y los santos Francisco, Antonio, Justina, Daniel, Luis y Prosdocimo.

Visitar Padua no solo es un recreo para los sentidos donde el disfrute de lo artístico está asegurado sino un posibilidad de trascender a lo Alto. Venerando a san Antonio nos adentramos, a través de la belleza que rodea su sepulcro, en la búsqueda de aquel que traspasa toda materialidad, Dios mismo, a quien el santo busco y predicó durante toda su existencia terrena.

Para un mayor disfrute de este santo lugar podemos ver la WEB de la basílica y dos vídeos sobre el conjunto de la ciudad de Padua y sobre la Basílica.




lunes, 13 de junio de 2016

Basílica de San Antonio. Capilla del Santo


Dentro de la Basílica dedicada a san Antonio, en Padua, destaca por encima de otras maravillas que pueden contemplarse la capilla en en la que son veneradas las reliquias del santo. La Capilla fue diseñada hacia 1530 por el Escultor Tulio Lombrado.


Su altar se alza sobre una plataforma por encima de siete peldaños. Fue labrado por Tiziano Aspetti (1607); tiene tres estatuas: la de San Antonio en el centro, flanqueado por la de San Buenaventura y San Luis de Toulouse, obispos franciscanos. En la escalinata se pueden ver dos pares de candelabros portados por sendos ángeles.

Del propio san Antonio leemos un fragmento de un sermón, en el que encarece las obras que dan fuerza a las palabras:


El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo. «La norma del predicador —dice san Gregorio— es poner por obra lo que predica». En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas —oráculo del Señor—, que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos —oráculo del Señor, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso son inútiles a mi pueblo —oráculo del Señor—.

Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.

sábado, 13 de junio de 2015

Padua


La Basílica de San Antonio de Padua es un templo religioso de la ciudad italiana de Padua, construido entre los años 1238 y 1310. Su núcleo original fue la Iglesia de Santa María Madre del Señor, Sancta Maria Mater Domini, donde se instaló el convento franciscano en el cual fue sepultado San Antonio de Padua, hecho que originó una fervorosa devoción a sus restos por parte de los católicos.

En la plaza se encuentra el magnífico monumento ecuestre a Gattamelata de Donatello. Además en el interior de la basílica realizó este mismo escultor, el Crucifijo de bronce, que Boito colocó años más tarde en el altar mayor. Para este mismo altar, Donatello creó siete estatuas que representan a la Virgen con Niño y los santos Francisco, Antonio, Justina, Daniel, Luis y Prosdocimo.

Visitar Padua no solo es un recreo para los sentidos donde el disfrute de lo artístico está asegurado sino un posibilidad de trascender a lo Alto. Venerando a san Antonio nos adentramos, a través de la belleza que rodea su sepulcro, en la búsqueda de aquel que traspasa toda materialidad, Dios mismo, a quien el santo busco y predicó durante toda su existencia terrena.

Para un mayor disfrute de este santo lugar podemos ver la WEB de la basílica y dos vídeos sobre el conjunto de la ciudad de Padua y sobre la Basílica.




sábado, 18 de octubre de 2014

Reliquias de san Lucas en Santa Justina de Padua


Encontramos referencias a san Lucas en la segunda Carta a Timoteo, como discípulo de san Pablo, lo que explica la abundancia de datos en la redacción de los Hechos de los Apóstoles, referidos a la persona de Pablo. Se discute si fue martirizado o si bien, según el antiguo "Prefatio vel Argumentum Lucae" murió anciano de muerte natural. Sí sabemos que siguió predicando por las tradiciones en Macedonia, Acaya y Galacia y que supuestamente falleció en Beocia. Con todo, según una tradición antigua (Gaudencio PL 20, 962), Lucas habría sido martizado junto a Andrés el Apóstol en Patras, en la provincia romana de Acaya.

La tradición indica que San Lucas mandó ser enterrado junto a la imagen tallada de "nuestra Señora" que él mismo había confeccionado. Luego, como refiere San Jerónimo (cf. De viris ill. VI, I), sus huesos fueron transportados a Constantinopla, a la basílica de los Santos Apóstoles.

Cuando sus restos sufrieron aquel primer traslado, el emperador se hizo cargo de aquella imagen tallada, la cual originaría (siglos después) el culto a la Virgen de Guadalupe en España.

En tiempos de las Cruzadas, las reliquias del santo llegaron a Padua. Desde entonces se conservan en la iglesia de Santa Justina. (El cráneo fue en cambio trasladado en 1354 de Padua a Praga a la catedral de San Vito por voluntad del emperador Carlos IV).


Las principales localidades que se atribuyen la posesión de las reliquias son Constantinopla, Padua y Venecia. La traslación de las reliquias de Lucas el Evangelista a Constantinopla en el siglo IV cuenta con suficiente documentación. Por su parte, la de Padua es mencionada en el Martirologio romano; y la Basílica de Santa Justina en Padua conserva un arca, llamada de san Lucas, que custodiaría su cuerpo menos la cabeza.

La Basílica de la Abadía de Santa Justina, está situada en el centro de Padua (Italia), cuya construcción actual data del siglo XVII. Fundada en el siglo VI en la tumba de Santa Justina de Padua por el prefecto del pretorio Venanzio Opilione; desde el siglo XV era un importante centro monástico, y luego suprimida por Napoleón Bonaparte en 1810.


La basílica alberga los restos de varios santos: además de la mencionada santa Justina, se encuentran los de san Prosdócimo y san Máximo, santo Urio, santa Felicitas, san Juliano, y reliquias de San Matías y San Lucas Evangelista.

Arca de San Lucas. Santa Justina

Con sus 122 metros de largo y 82 de ancho, la «Basílica de la Abadía de Santa Giustina» es una de las más grandes de la cristiandad. Las dimensiones de la basílica son proporcionales a la enorme plaza Prato della Valle ante la que se levanta.

viernes, 13 de junio de 2014

Basílica de San Antonio. Capilla del Santo


Dentro de la Basílica dedicada a san Antonio, en Padua, destaca por encima de otras maravillas que pueden contemplarse la capilla en en la que son veneradas las reliquias del santo. La Capilla fue diseñada hacia 1530 por el Escultor Tulio Lombrado.


Su altar se alza sobre una plataforma por encima de siete peldaños. Fue labrado por Tiziano Aspetti (1607); tiene tres estatuas: la de San Antonio en el centro, flanqueado por la de San Buenaventura y San Luis de Toulouse, obispos franciscanos. En la escalinata se pueden ver dos pares de candelabros portados por sendos ángeles.

Del propio san Antonio leemos un fragmento de un sermón, en el que encarece las obras que dan fuerza a las palabras:


El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo. «La norma del predicador —dice san Gregorio— es poner por obra lo que predica». En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas —oráculo del Señor—, que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos —oráculo del Señor, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso son inútiles a mi pueblo —oráculo del Señor—.

Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.

jueves, 13 de junio de 2013

Padua


La Basílica de San Antonio de Padua es un templo religioso de la ciudad italiana de Padua, construido entre los años 1238 y 1310. Su núcleo original fue la Iglesia de Santa María Madre del Señor, Sancta Maria Mater Domini, donde se instaló el convento franciscano en el cual fue sepultado San Antonio de Padua, hecho que originó una fervorosa devoción a sus restos por parte de los católicos.

En la plaza se encuentra el magnífico monumento ecuestre a Gattamelata de Donatello. Además en el interior de la basílica realizó este mismo escultor, el Crucifijo de bronce, que Boito colocó años más tarde en el altar mayor. Para este mismo altar, Donatello creó siete estatuas que representan a la Virgen con Niño y los santos Francisco, Antonio, Justina, Daniel, Luis y Prosdocimo.

Visitar Padua no solo es un recreo para los sentidos donde el disfrute de lo artístico está asegurado sino un posibilidad de trascender a lo Alto. Venerando a san Antonio nos adentramos, a través de la belleza que rodea su sepulcro, en la búsqueda de aquel que traspasa toda materialidad, Dios mismo, a quien el santo busco y predicó durante toda su existencia terrena.

Para un mayor disfrute de este santo lugar podemos ver la WEB de la basílica y este vídeo que dejamos a continuación.