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lunes, 17 de junio de 2019

Historia de Corinto


Estamos leyendo en la Eucaristía la Segunda Carta del Apóstol san Pablo a los Corintos, es decir, a la comunidad cristiana asentada en esta ciudad griega. Según la mitología griega, la Antigua Corinto fue fundada con el nombre de Éfira por Sísifo, quien fue su primer rey, y con sus sucesores. Ornitión continuó la dinastía hasta su derrocamiento por los dorios.

En el siglo VIII a. C. se hizo independiente. La ciudad se llamaba Efira, y más tarde su nombre cambió a Corinto, en una época desconocida, probablemente durante la conquista doria. El nombre se hace derivar de Corinto, hijo de Zeus. El heráclida Aletes, hijo de Hipotes es el legendario primer rey dórico de la ciudad donde los dorios estaban al comienzo una minoría dirigente; los no dorios fueron admitidos más tarde a la ciudadanía. Aletes y sus descendientes fueron reyes durante doce generaciones y 327 años, desde el 1074 a. C., según la fecha tradicional (treinta años después de la conquista doria). Según Pausanias, Primnis fue el último descendiente de Aletes, y Baquis inició una nueva dinastía también heráclida, pero Diodoro Sículo dice que todos fueron descendientes de Aletes, pero que Baquis fue tan célebre que su nombre se dio a la dinastía Baquíada.

Corinto, ya en la antigüedad, fue una importante ciudad comercial, donde llegaron a establecerse los fenicios para dedicarse a lo que mejor hacían: el comercio. Fue una de las primeras ciudades griegas en utilizar la moneda. Éstas eran muy importantes debido a la actividad principal de la ciudad. Las primeras de ellas fueron acuñadas en el siglo VII a. C. Tenían diversos motivos, figuras mitológicas, animales y otras acompañadas de pequeños símbolos que las distinguían. En esta ciudad se celebraban los juegos Ístmicos, de similares características a los celebrados en Olimpia aunque menos famosos que éstos.

En el 635 a. C. la colonia de Corcira derrotó a su metrópoli en una batalla naval, pero después fue nuevamente sometida. La única colonia al este del golfo Sarónico fue Potidea en la Calcídica. A Periandro le sucedió su nieto Psamético que reinó sólo tres años y fue derrocado por los espartanos que instituyeron un gobierno aristocrático y Corinto fue un aliado permanente de la confederación lacedemonia. En un período posterior los corintios rechazaron ayudar a Cleómenes I, rey de Esparta a restaurar a Hipias de Atenas, y enviaron 20 trirremes a Atenas para ayudarla en la guerra contra Egina.


Pero después de la Guerras Médicas, Megara se alió con Atenas y los corintios entraron en guerra con Megara, territoro que invadieron, pero fueron derrotados por el estratego ateniense Mirónides (457 a. C.). Después se firmó la paz, pero la enemistad con Atenas siguió, sobre todo por la ayuda de ésta a la ex colonia de Corcira, que fue una de las causas de la Guerra del Peloponeso. Durante esta guerra la flota peloponesia fue básicamente corintia. Con la Paz de Nicias del 421 a. C., los corintios no se quisieron sumar e intentaron configurar otra liga con Argos, Mantinea y Élide, pero pronto volvió a formar alianza con Esparta, que se mantuvo hasta el final de la guerra. Cuando Atenas se rindió después de la batalla de Egospótamos, los corintios y beocios pidieron arrasar la ciudad derrotada, pero el espartiata Lisandro no lo consintió.

La hegemonía espartana pronto se mostró más opresiva que la ateniense, de modo que los corintios, junto a los argivos, atenienses y beocios configuraron una coalición que, sustentada en las profundas arcas persas, hizo frente al imperialismo espartano en la llamada Guerra de Corinto (395-386 a. C.), buena parte de la cual fue dirimida en su territorio. En el verano de 394 tuvieron lugar dos de las mayores batallas hoplíticas del mundo griego antiguo, en Nemea y Coronea, ambas vencidas «técnicamente» por los lacedemonios, que no obtuvieron ventajas estratégicas. En los siguientes años la Corintia fue sometida a una guerra de depredación y de pillaje que provocó el estallido de una stásis o conflicto civil en el seno de la ciudadanía, alentada por los intereses de los estados hegemónicos. Según Jenofonte, los argivos aprovecharon esta situación para anexionarse Corinto, pero más probablemente el filolaconio Jenofonte convirtió en sinecismo o unión política la presencia de una guarnición militar argiva en el Acrocorinto, la ciudadela o acrópolis corintia. De cualquier forma la Paz del Rey o Paz de Antálcidas, alcanzada en la primavera de 386 a. C., acabó con cualquier proyecto argivo de anexión sobre Corinto al evacuar la guarnición del Acrocorinto; además de permitir el retorno de los exiliados corintios, obviamente filoespartanos, que procuraron la fidelidad de Corinto hacia Esparta en los años sucesivos.

En la guerra que siguió entre Tebas y Esparta, los corintios fueron leales a Esparta, pero el territorio hubo de firmar una paz separada. La ciudad permaneció independiente bajo gobierno oligárquico. Timófanes intentó conseguir la tiranía, pero fue muerto por su propio hermano Timoleón (344 a. C.). En el año 338 a. C. la ciudad fue conquistada por Filipo II de Macedonia, que la hizo el centro de la Liga de Corinto, controlada por él mismo. Después de la batalla de Queronea los macedonios establecieron una guarnición en el Acrocorinto. Esta guarnición fue sorprendida por el líder de la Liga Aquea, Arato, que incorporó Corinto a dicha liga (243 a. C.).

En 223 a. C., la ciudad fue ocupada por Antígono III Dosón que la quería como base contra la Liga Etolia y Cleómenes. Filipo, hijo adoptivo de Antígono la conservó hasta que fue derrotado en la batalla de Cinoscéfalas (197 a. C.) y Corinto fue declarada ciudad libre por los romanos y unida a la Liga Aquea otra vez. Una guarnición romana se estableció en el Acrocorinto. Corinto fue después capital de la Liga y fue allí donde los embajadores romanos fueron maltratados lo que provocó el ultimátum del Senado Romano a la Liga. Derrotada ésta, el cónsul romano, Lucio Mummius Achaicus entró en Corinto sin oposición y se vengó de la ciudad y sus habitantes: los hombres fueron ejecutados y las mujeres y los niños fueron vendidos como esclavos; las obras de arte fueron llevadas a Roma y la ciudad fue saqueada y destruida (146 a. C.). Continuó despoblada y destruida unos cien años y su territorio fue entregado a Sición o fue hecho ager público. El comercio se trasladó a Delos.

En el año 46 a. C., Julio César, decidió reconstruir la ciudad y envió una colonia de veteranos y hombres libres (Colonia Julia Corintia o Colonia Juli Corint o Colonia Julia Corintia Augusta, según las diferentes inscripciones). La ciudad se recuperó (44 a. C.) y cuando Pablo de Tarso la visitó en el siglo I, era una ciudad importante, capital de la provincia de Acaya, y residencia del procónsul de Acaya Junius Gallio. Pablo de Tarso fundó un grupo cristiano el año 50, al cual dirigió sus epístolas. En el siglo II, fue visitada por Pausanias y tenía numerosos edificios. Continuó siendo la capital de la provincia romana de Acaya durante todo el Imperio romano. En 395 fue saqueada por Alarico I y en 521 fue destruida por un terremoto.

miércoles, 29 de mayo de 2019

El Areópago

El Areópago ateniense, también conocido como “La Colina de Ares” (" Ares", deidad griega de la guerra, que corresponde al Marte romano). Se trata de un inmenso monte ubicado al oeste de la Acrópolis de Atenas, lugar dónde se reunía el Consejo de aquella época. Está situado a 115 metros de altura en una zona rocosa de Atenas, Grecia, y separado del Acrópolis por un arroyo. Era un lugar muy importantes para los antiguos habitantes de Atenas. No se trataba de unedificio cubierto, sino de un lugar al aire libre, rodeado de gradas y asientos.


Otra motivo por el cual el lugar era de gran importancia en la actualidad y por lo tanto en el presente, era su aspecto mitológico.  Se creía que en ese lugar había sido juzgado y ajusticiado al dios Ares, por la intervención de Halhirrotios, hijo de Poseidón, porque se creía había violado a la hija de Ares, y que había sido condenado a pasar sus días en dicha colina. También, la leyenda decía que en el lugar había sido juzgado Orestes, por el asesinato de su madre Clitemnestra.

Con ese nombre se conocía también la corte suprema compuesta por los patriarcas de la ciudad (“aeropaguitas”), autoridades supremas en asuntos políticos y religiosos. También tenía mucha influencia en asuntos de educación. Es natural que semejante cuerpo tuviera interés en Pablo y en su nueva enseñanza. Allí fue donde Pablo pronunció un discurso que no consistió en una apología personal, como algunos han supuesto, sino en una catequesis dirigida a un auditorio enteramente nuevo. 

Cuando hablaba entre los judíos, tenía un punto de partida admitido por todos, que era la existencia del Dios de Israel, e incluso la aceptación de la Sagrada Escritura cuyos profetas anunciaban la venida de un futuro Mesías. Aquí, por el contrario,en Atenas tiene que partir de otro punto, que es posible que sea admitido por la mayoría de sus oyentes: que hay un Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene.

El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Él hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: “Nosotros somos también de su raza”. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos». Al oír las palabras «resurrección de los muertos», unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto». Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
(Hch 17, 24-33)

miércoles, 24 de mayo de 2017

El Areópago

El Areópago ateniense, también conocido como “La Colina de Ares” (" Ares", deidad griega de la guerra, que corresponde al Marte romano). Se trata de un inmenso monte ubicado al oeste de la Acrópolis de Atenas, lugar dónde se reunía el Consejo de aquella época. Está situado a 115 metros de altura en una zona rocosa de Atenas, Grecia, y separado del Acrópolis por un arroyo. Era un lugar muy importantes para los antiguos habitantes de Atenas. No se trataba de unedificio cubierto, sino de un lugar al aire libre, rodeado de gradas y asientos.


Otra motivo por el cual el lugar era de gran importancia en la actualidad y por lo tanto en el presente, era su aspecto mitológico.  Se creía que en ese lugar había sido juzgado y ajusticiado al dios Ares, por la intervención de Halhirrotios, hijo de Poseidón, porque se creía había violado a la hija de Ares, y que había sido condenado a pasar sus días en dicha colina. También, la leyenda decía que en el lugar había sido juzgado Orestes, por el asesinato de su madre Clitemnestra.

Con ese nombre se conocía también la corte suprema compuesta por los patriarcas de la ciudad (“aeropaguitas”), autoridades supremas en asuntos políticos y religiosos. También tenía mucha influencia en asuntos de educación. Es natural que semejante cuerpo tuviera interés en Pablo y en su nueva enseñanza. Allí fue donde Pablo pronunció un discurso que no consistió en una apología personal, como algunos han supuesto, sino en una catequesis dirigida a un auditorio enteramente nuevo. 

Cuando hablaba entre los judíos, tenía un punto de partida admitido por todos, que era la existencia del Dios de Israel, e incluso la aceptación de la Sagrada Escritura cuyos profetas anunciaban la venida de un futuro Mesías. Aquí, por el contrario,en Atenas tiene que partir de otro punto, que es posible que sea admitido por la mayoría de sus oyentes: que hay un Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene.

El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Él hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: “Nosotros somos también de su raza”. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos». Al oír las palabras «resurrección de los muertos», unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto». Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
(Hch 17, 24-33)

viernes, 27 de enero de 2017

Veneración de san Tito en Creta


Junto a la figura de Timoteo, recordamos también hoy a Tito. Sobre él, dijo en una de sus Catequesis el papa Benedicto XVI:

Iglesia san Tito Gortina - Creta

Por lo que se refiere a la figura de Tito, cuyo nombre es de origen latino, sabemos que era griego de nacimiento, es decir, pagano. Pablo se lo llevó a Jerusalén con motivo del así llamado Concilio apostólico, en el que se aceptó solemnemente la predicación a los paganos del Evangelio sin los condicionamientos de la ley de Moisés. 

En la Carta que le dirige, el apóstol le elogia definiéndole «verdadero hijo según la fe común». Después de que Timoteo se fuera de Corinto, Pablo envió a Tito con la tarea de hacer un llamamiento a la obediencia a esa comunidad rebelde. Tito llevó la paz entre la Iglesia de Corinto y el apóstol escribió estas palabras: «el Dios que consuela a los humillados, nos consoló con la llegada de Tito, y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que le habíais proporcionado, comunicándonos vuestra añoranza, vuestro pesar, vuestro celo por mí hasta el punto de colmarme de alegría… Eso es lo que nos ha consolado. Y mucho más que por este consuelo, nos hemos alegrado por el gozo de Tito, cuyo espíritu fue tranquilizado por todos vosotros». Pablo volvió a enviar Tito -a quien llama «compañero y colaborador» - para organizar la conclusión de las colectas a favor de los cristianos de Jerusalén. Ulteriores noticias que se encuentran en las cartas pastorales hablan de él como obispo de Creta, desde donde, por invitación de Pablo, se unió al apóstol en Nicópolis, en Epiro, Más tarde fue también a Dalmacia. No tenemos más información sobre los viajes sucesivos de Tito ni sobre su muerte.

Basílica San Tito Heraclion

El recuerdo y la veneración a Tito cobran especial fuerza en la isla de Creta, donde se le cita como obispo. El primer hito de este recuerdo se sitúa en la destruida ciudad de Gorkina, que desapareció como consecuencia de un terremoto. Allí se encuentran los restos de una primitiva basílica dedicada a Tito.


De allí pasaron a la actual ciudad de Heraclion. Las reliquias de Tito sufrieron también los avates históricos; así, ante el avance turco, fueron llevados a Venecia, de donde volvió el cráneo de Tito a Creta en 1966, siendo venerado en la Iglesia de San Tito de Heraclion.

jueves, 18 de junio de 2015

Historia de Corinto


Estamos leyendo en la Eucaristía la Segunda Carta del Apóstol san Pablo a los Corintos, es decir, a la comunidad cristiana asentada en esta ciudad griega. Según la mitología griega, la Antigua Corinto fue fundada con el nombre de Éfira por Sísifo, quien fue su primer rey, y con sus sucesores. Ornitión continuó la dinastía hasta su derrocamiento por los dorios.

En el siglo VIII a. C. se hizo independiente. La ciudad se llamaba Efira, y más tarde su nombre cambió a Corinto, en una época desconocida, probablemente durante la conquista doria. El nombre se hace derivar de Corinto, hijo de Zeus. El heráclida Aletes, hijo de Hipotes es el legendario primer rey dórico de la ciudad donde los dorios estaban al comienzo una minoría dirigente; los no dorios fueron admitidos más tarde a la ciudadanía. Aletes y sus descendientes fueron reyes durante doce generaciones y 327 años, desde el 1074 a. C., según la fecha tradicional (treinta años después de la conquista doria). Según Pausanias, Primnis fue el último descendiente de Aletes, y Baquis inició una nueva dinastía también heráclida, pero Diodoro Sículo dice que todos fueron descendientes de Aletes, pero que Baquis fue tan célebre que su nombre se dio a la dinastía Baquíada.

Corinto, ya en la antigüedad, fue una importante ciudad comercial, donde llegaron a establecerse los fenicios para dedicarse a lo que mejor hacían: el comercio. Fue una de las primeras ciudades griegas en utilizar la moneda. Éstas eran muy importantes debido a la actividad principal de la ciudad. Las primeras de ellas fueron acuñadas en el siglo VII a. C. Tenían diversos motivos, figuras mitológicas, animales y otras acompañadas de pequeños símbolos que las distinguían. En esta ciudad se celebraban los juegos Ístmicos, de similares características a los celebrados en Olimpia aunque menos famosos que éstos.

En el 635 a. C. la colonia de Corcira derrotó a su metrópoli en una batalla naval, pero después fue nuevamente sometida. La única colonia al este del golfo Sarónico fue Potidea en la Calcídica. A Periandro le sucedió su nieto Psamético que reinó sólo tres años y fue derrocado por los espartanos que instituyeron un gobierno aristocrático y Corinto fue un aliado permanente de la confederación lacedemonia. En un período posterior los corintios rechazaron ayudar a Cleómenes I, rey de Esparta a restaurar a Hipias de Atenas, y enviaron 20 trirremes a Atenas para ayudarla en la guerra contra Egina.


Pero después de la Guerras Médicas, Megara se alió con Atenas y los corintios entraron en guerra con Megara, territoro que invadieron, pero fueron derrotados por el estratego ateniense Mirónides (457 a. C.). Después se firmó la paz, pero la enemistad con Atenas siguió, sobre todo por la ayuda de ésta a la ex colonia de Corcira, que fue una de las causas de la Guerra del Peloponeso. Durante esta guerra la flota peloponesia fue básicamente corintia. Con la Paz de Nicias del 421 a. C., los corintios no se quisieron sumar e intentaron configurar otra liga con Argos, Mantinea y Élide, pero pronto volvió a formar alianza con Esparta, que se mantuvo hasta el final de la guerra. Cuando Atenas se rindió después de la batalla de Egospótamos, los corintios y beocios pidieron arrasar la ciudad derrotada, pero el espartiata Lisandro no lo consintió.

La hegemonía espartana pronto se mostró más opresiva que la ateniense, de modo que los corintios, junto a los argivos, atenienses y beocios configuraron una coalición que, sustentada en las profundas arcas persas, hizo frente al imperialismo espartano en la llamada Guerra de Corinto (395-386 a. C.), buena parte de la cual fue dirimida en su territorio. En el verano de 394 tuvieron lugar dos de las mayores batallas hoplíticas del mundo griego antiguo, en Nemea y Coronea, ambas vencidas «técnicamente» por los lacedemonios, que no obtuvieron ventajas estratégicas. En los siguientes años la Corintia fue sometida a una guerra de depredación y de pillaje que provocó el estallido de una stásis o conflicto civil en el seno de la ciudadanía, alentada por los intereses de los estados hegemónicos. Según Jenofonte, los argivos aprovecharon esta situación para anexionarse Corinto, pero más probablemente el filolaconio Jenofonte convirtió en sinecismo o unión política la presencia de una guarnición militar argiva en el Acrocorinto, la ciudadela o acrópolis corintia. De cualquier forma la Paz del Rey o Paz de Antálcidas, alcanzada en la primavera de 386 a. C., acabó con cualquier proyecto argivo de anexión sobre Corinto al evacuar la guarnición del Acrocorinto; además de permitir el retorno de los exiliados corintios, obviamente filoespartanos, que procuraron la fidelidad de Corinto hacia Esparta en los años sucesivos.

En la guerra que siguió entre Tebas y Esparta, los corintios fueron leales a Esparta, pero el territorio hubo de firmar una paz separada. La ciudad permaneció independiente bajo gobierno oligárquico. Timófanes intentó conseguir la tiranía, pero fue muerto por su propio hermano Timoleón (344 a. C.). En el año 338 a. C. la ciudad fue conquistada por Filipo II de Macedonia, que la hizo el centro de la Liga de Corinto, controlada por él mismo. Después de la batalla de Queronea los macedonios establecieron una guarnición en el Acrocorinto. Esta guarnición fue sorprendida por el líder de la Liga Aquea, Arato, que incorporó Corinto a dicha liga (243 a. C.).

En 223 a. C., la ciudad fue ocupada por Antígono III Dosón que la quería como base contra la Liga Etolia y Cleómenes. Filipo, hijo adoptivo de Antígono la conservó hasta que fue derrotado en la batalla de Cinoscéfalas (197 a. C.) y Corinto fue declarada ciudad libre por los romanos y unida a la Liga Aquea otra vez. Una guarnición romana se estableció en el Acrocorinto. Corinto fue después capital de la Liga y fue allí donde los embajadores romanos fueron maltratados lo que provocó el ultimátum del Senado Romano a la Liga. Derrotada ésta, el cónsul romano, Lucio Mummius Achaicus entró en Corinto sin oposición y se vengó de la ciudad y sus habitantes: los hombres fueron ejecutados y las mujeres y los niños fueron vendidos como esclavos; las obras de arte fueron llevadas a Roma y la ciudad fue saqueada y destruida (146 a. C.). Continuó despoblada y destruida unos cien años y su territorio fue entregado a Sición o fue hecho ager público. El comercio se trasladó a Delos.

En el año 46 a. C., Julio César, decidió reconstruir la ciudad y envió una colonia de veteranos y hombres libres (Colonia Julia Corintia o Colonia Juli Corint o Colonia Julia Corintia Augusta, según las diferentes inscripciones). La ciudad se recuperó (44 a. C.) y cuando Pablo de Tarso la visitó en el siglo I, era una ciudad importante, capital de la provincia de Acaya, y residencia del procónsul de Acaya Junius Gallio. Pablo de Tarso fundó un grupo cristiano el año 50, al cual dirigió sus epístolas. En el siglo II, fue visitada por Pausanias y tenía numerosos edificios. Continuó siendo la capital de la provincia romana de Acaya durante todo el Imperio romano. En 395 fue saqueada por Alarico I y en 521 fue destruida por un terremoto.

martes, 27 de enero de 2015

Veneración de san Tito en Creta


Junto a la figura de Timoteo, recordamos también hoy a Tito. Sobre él, dijo en una de sus Catequesis el papa Benedicto XVI:

Iglesia san Tito Gortina - Creta

Por lo que se refiere a la figura de Tito, cuyo nombre es de origen latino, sabemos que era griego de nacimiento, es decir, pagano. Pablo se lo llevó a Jerusalén con motivo del así llamado Concilio apostólico, en el que se aceptó solemnemente la predicación a los paganos del Evangelio sin los condicionamientos de la ley de Moisés. 

En la Carta que le dirige, el apóstol le elogia definiéndole «verdadero hijo según la fe común». Después de que Timoteo se fuera de Corinto, Pablo envió a Tito con la tarea de hacer un llamamiento a la obediencia a esa comunidad rebelde. Tito llevó la paz entre la Iglesia de Corinto y el apóstol escribió estas palabras: «el Dios que consuela a los humillados, nos consoló con la llegada de Tito, y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que le habíais proporcionado, comunicándonos vuestra añoranza, vuestro pesar, vuestro celo por mí hasta el punto de colmarme de alegría… Eso es lo que nos ha consolado. Y mucho más que por este consuelo, nos hemos alegrado por el gozo de Tito, cuyo espíritu fue tranquilizado por todos vosotros». Pablo volvió a enviar Tito -a quien llama «compañero y colaborador» - para organizar la conclusión de las colectas a favor de los cristianos de Jerusalén. Ulteriores noticias que se encuentran en las cartas pastorales hablan de él como obispo de Creta, desde donde, por invitación de Pablo, se unió al apóstol en Nicópolis, en Epiro, Más tarde fue también a Dalmacia. No tenemos más información sobre los viajes sucesivos de Tito ni sobre su muerte.

Basílica San Tito Heraclion

El recuerdo y la veneración a Tito cobran especial fuerza en la isla de Creta, donde se le cita como obispo. El primer hito de este recuerdo se sitúa en la destruida ciudad de Gorkina, que desapareció como consecuencia de un terremoto. Allí se encuentran los restos de una primitiva basílica dedicada a Tito.


De allí pasaron a la actual ciudad de Heraclion. Las reliquias de Tito sufrieron también los avates históricos; así, ante el avance turco, fueron llevados a Venecia, de donde volvió el cráneo de Tito a Creta en 1966, siendo venerado en la Iglesia de San Tito de Heraclion.

sábado, 27 de diciembre de 2014

San Juan en la Isla de Patmos


Celebramos hoy la fiesta de san Juan, el Evangelista, el Discípulo Amado del Señor. Según la tradición eclesiástica, se estableció después de Pentecostés en la ciudad de Éfeso, donde cobijo a la Virgen María, y fundó una comunidad cristiana, a la que dirigió su Evangelio y sus Cartas. Posteriormente, fue condenado durante la persecución de Domiciano, a finales del siglo I, a trabajos forzados en las terribles canteras de la isla griega de Patmos.

Patmos (del griego, Πάτμος) es una pequeña isla griega del archipiélago del Dodecaneso, en el mar Egeo. Tiene actualmente una población de aproximadamente 2.500 personas y una superficie de 34,6 km². Las principales poblaciones de Patmos son Skala, que es también su único puerto, y Hora, en el punto más alto de la isla, el monte Profitis Ilias (Profeta Elías), a 269 metros sobre el nivel del mar, en donde se asienta el monasterio de San Juan.


Patmos debe su renombre a la mención que aparece en el Apocalipsis de Juan, en cuya introducción se dice que el autor fue desterrado a Patmos, donde tuvo su encuentro con Jesús en la llamada Gruta del Apocalipsis, que dieron origen al libro. Por ello, Patmos es un destino importante de peregrinación cristiana; aparte del de Hora, hay varios monasterios más dedicados a San Juan, y los visitantes pueden ver la cueva en la que, según la tradición, éste tuvo sus visiones. La gruta del Apocalipsis se encuentra en mitad de la montaña, en la isla griega de Patmos, a lo largo de la carretera entre los pueblos de Chora y Skala.


El Monasterio de San Juan el Teólogo (en griego: Μονή Αγίου Ιωάννου του Θεολόγου), es un monasterio, dependiente directamente del Patriarcado ecuménico de Constantino-pla. El monasterio fue fundado en 1088 por Christodoulos, al cual el emperador Alexis I Comneno había donado la isla, pero que más tarde huirá de una rebelión de los monjes e irá a refugiarse a Eubea donde morirá en 1093.


El monasterio es el origen de la riqueza de la isla, puesto que el convento fortificado se benefició de numerosos privilegios. Recibió también una de las más prestigiosas bibliotecas de su tiempo. En 1132, el monasterio recibió el estatuto imperial. En 1157, Leontios defiende los privilegios del monasterio ante Manuel I Comneno. El monasterio, que llegó a albergar 1700 monjes, no cuenta más que con alrededor de 25 hoy día, pero su patrimonio de tierras sigue siendo impresionante ya que tiene aún propiedades en otras islas.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Tesalónica



El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

Con estas palabras termina la Segunda Carta a los Tesalonicenses, una comunidad cristiana establecida en la ciudad de Tesalónica, hoy llamada Salónica, situada al norte de Grecia, en Macedonia. Fue fundada en 316 -315 a. C. por el rey Casandro de Macedonia que unifica y sustituye los asentamientos levantados en la localidad denominada Terma. De su mujer Thessalonikē (hija de Filipo II de Macedonia - y hermanastra de Alejandro Magno - ), recibió su nombre. Filipo había nombrado así a su hija porque conoció su nacimiento el día de su victoria sobre los Tesalios.

Rotonda de Galerio

Tras la caída del Reino de Macedonia en 146 a. C., Tesalónica pasó a ser parte del Imperio romano. Durante la época romana fue la capital de las cuatro provincias de Macedonia, y se convirtió en un importante centro comercial sobre la Vía Egnatia, una calzada romana que conectaba Bizancio (más tarde Constantinopla) con Durazzo (actualmente Durrës en Albania). En 58 a. C. Cicerón estuvo exiliado en Tesalónica.

Arco de Galerio

En las excavaciones que se han venido haciendo, ha salido a la luz la antigua ágora con sus edificios de la época helenística y de la época romana del siglo I a. C. En su museo se guarda una rica colección de antigüedades, desde la época del Neolítico hasta los tiempos históricos.

Catedral de san Demetrio

La ciudad de Tesalónica es conocida en el ámbito de la religión cristiana por albergar a mediados del siglo I una comunidad a la que Pablo de Tarso dirigió dos epístolas, incluidas hoy en el canon bíblico. En el 300, el emperador Galerio la elige como residencia imperial. En el 380 Teodosio I proclama en ella el edicto por el que se hace oficial el símbolo de Nicea. La ciudad sufrió la represión del emperador Teodosio I en 390 cuando mandó matar a unos siete mil tras sofocar una revuelta, lo que le ocasionó a éste la excomunión temporal.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Atenas

En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes. Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido." Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. 

Este texto, que hemos leído hoy en la primera lectura de la Eucaristía, procede del Libro de los Hechos de los Apóstoles. Nos relata el discurso de Pablo en el Areópago de Atenas. Es difícil hoy hacernos una idea de lo que significaba aquella ciudad, y la importancia que tuvo el que, por primera vez, se anunciase allí el nombre de Cristo. Por eso, hemos seleccionado un breve reportaje sobre la Acrópolis ateniense, que nos muestra el esplendor de este importante lugar de la antigüedad.


sábado, 24 de mayo de 2014

Catedral de Salónica


Aquella noche Pablo tuvo una visión: se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: «Ven a Macedonia y ayúdanos.» Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio.


Este texto del capítulo 16 del Libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra el salto del Cristianismo al continente europeo a través del norte de Grecia. La ciudad más importante del lugar, en la que pronto floreció una importante comunidad cristiana fue Tesalónica. Por eso, visitamos hoy la Catedral de Santa Sofía de Tesalónica.


Desde el siglo III, existía una iglesia en el lugar de la actual iglesia de Santa Sofía. En el siglo VIII, la estructura actual fue construida, basada en la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla. En 1205, cuando la Cuarta Cruzada capturó la ciudad, la iglesia de Santa Sofía se convirtió en la catedral de Salónica, que permaneció después que la ciudad fue devuelta al Imperio bizantino en 1246. Después de la captura de Salónica por el sultán otomano Murad II el 29 de marzo de 1430, la iglesia fue convertida en mezquita. Tras la independencia griega en el siglo XIX, volvió a su primitivo ser de iglesia cristiana.


Su plano es la de una basílica de cruz griega con cúpula. Es uno de los principales ejemplos arquitectónicos de este tipo, típicos de la época media bizantina. En la época iconoclasta, el ábside de la iglesia fue decorada con mosaicos de oro en el que sólo hay una gran cruz, al igual que la Santa Irene en Constantinopla y la Iglesia de la Dormición en Nicea. La cruz fue sustituida por la imagen de la Theotokos (la que dio a luz a Dios) en 787-797, después de la victoria sobre los iconoclastas. El mosaico en la cúpula ahora representa la Ascensión de Jesús con la inscripción de los Hechos 1:11 «Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo?». La cúpula está rodeada por las figuras de los Doce apóstoles, la Virgen María y dos ángeles.


Gran parte de la decoración interior fue enyesado después del gran incendio de Salónica de 1917. La cúpula no fue restaurada hasta 1980.


lunes, 26 de agosto de 2013

Templos cristianos primitivos de Tesalónica

Comenzamos hoy la lectura de la Primera Carta del apóstol san Pablo a los Tesaloniceses. La ciudad de Tesalónica, al norte de Grecia, fue el primer lugar de Europa evangelizado por san Pablo. Desde entonces, su comunidad cristiana ha vivido momentos de persecución durante el Imperio, de esplendor con los bizantinos, nuevamente de sufrimiento bajo los musulmanes, y finalmente las diversas vicisitudes de la moderna Grecia. Visitaremos,pues, los templos cristianos primitivos, mediante un reportaje de origen alemán.

miércoles, 8 de mayo de 2013

El Areópago

El Areópago ateniense, también conocido como “La Colina de Ares” (" Ares", deidad griega de la guerra, que corresponde al Marte romano). Se trata de un inmenso monte ubicado al oeste de la Acrópolis de Atenas, lugar dónde se reunía el Consejo de aquella época. Está situado a 115 metros de altura en una zona rocosa de Atenas, Grecia, y separado del Acrópolis por un arroyo. Era un lugar muy importantes para los antiguos habitantes de Atenas. No se trataba de unedificio cubierto, sino de un lugar al aire libre, rodeado de gradas y asientos.


Otra motivo por el cual el lugar era de gran importancia en la actualidad y por lo tanto en el presente, era su aspecto mitológico.  Se creía que en ese lugar había sido juzgado y ajusticiado al dios Ares, por la intervención de Halhirrotios, hijo de Poseidón, porque se creía había violado a la hija de Ares, y que había sido condenado a pasar sus días en dicha colina. También, la leyenda decía que en el lugar había sido juzgado Orestes, por el asesinato de su madre Clitemnestra.

Con ese nombre se conocía también la corte suprema compuesta por los patriarcas de la ciudad (“aeropaguitas”), autoridades supremas en asuntos políticos y religiosos. También tenía mucha influencia en asuntos de educación. Es natural que semejante cuerpo tuviera interés en Pablo y en su nueva enseñanza. Allí fue donde Pablo pronunció un discurso que no consistió en una apología personal, como algunos han supuesto, sino en una catequesis dirigida a un auditorio enteramente nuevo. 

"Entonces lo tomaron, lo llevaron al Areópago y le dijeron: «¿Nos puedes explicar qué es esta nueva enseñanza de la que hablas? Porque esto suena extraño en nuestros oídos. Nos gustaría saber qué significa todo esto."
(Hch 17, 19)

"Pablo se puso entonces en medio del Areópago, y dijo: «Varones atenienses, he observado que ustedes son muy religiosos.  Porque al pasar y observar sus santuarios, hallé un altar con esta inscripción: «Al Dios no conocido». Pues al Dios que ustedes adoran sin conocerlo, es el Dios que yo les anuncio."
(Hch 17, 22-23)


Cuando hablaba entre los judíos, tenía un punto de partida admitido por todos,
que era la existencia del Dios de Israel, e incluso la aceptación de la Sagrada Escritura cuyos profetas anunciaban la venida de un futuro Mesías.
Aquí, por el contrario,en Atenas tiene que partir de otro punto, que es posible que sea admitido por la mayoría de sus oyentes: que hay un Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene.

El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Él hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: “Nosotros somos también de su raza”. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos». Al oír las palabras «resurrección de los muertos», unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto». Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
(Hch 17, 24-33)