miércoles, 13 de noviembre de 2013

Convento de San Leandro. Sevilla


El origen de un convento de Madres Agustinas en Sevilla se remonta a la centuria de la reconquista de la ciudad por Fernando III el Santo, allá por el siglo XIII, pues existen documentos que dan constancia de la existencia en ella de un monasterio durante el reinado de aquél (1295 a 1312), que llegó a acoger bajo su patrocinio en 1309. No obstante, este primer establecimiento se construyó en un lugar a extramuros de la ciudad, próximo a la Puerta de Córdoba, cercano a donde luego se implantó el Convento de Capuchinos.

Debido a la inseguridad del lugar, objeto de asaltos de ladrones y maleantes, las monjas acabarían por abandonar el convento, algo que no agradó al rey Fernando IV, quien ante la noticia rogaría a la entonces abadesa Madre Lorenza que permaneciera allí, publicando duras proclamas contra los que atentasen a la comunidad. Pero esta iniciativa no sería eficaz, y los abusos contra el monasterio continuaron produciéndose.

Esta incómoda situación acabó en 1367, cuando el rey Pedro I de Castilla dictó una Real Licencia por la que las Agustinas se pudieron trasladar a una zona intramuros de la ciudad, en concreto dentro de la collación de San Marcos. Aquí se comenzaría una nueva etapa de su vida conventual, aunque el espacio de que se disponía contaba con problemas imposibles de solucionar.

Sabedor de estas dificultades, el rey ofreció a la madre abadesa en 1369 unas casas junto a la antigua iglesia de San Ildefonso, de dimensiones considerables, donde pronto se iniciaron las obras de adecuación para el convento. Así, la iglesia se comenzó en 1369, y acabándose la reconversión del conjunto para fines conventuales en 1377, fecha a partir de la cual se vería favorecido por múltiples mercedes donadas por la propia realeza.

A finales del siglo XVI, en pleno auge de la ciudad, el monasterio conoce una etapa de esplendor que se concreta en la remodelación del edificio conventual y en la construcción de una nueva iglesia, cuyas obras se continuaron durante la centuria siguiente, donde se incluyeron la decoración de la iglesia y otras dependencias domésticas. En su construcción, de marcadas líneas manieristas, intervinieron importantes maestros del momento como son Asensio de Maeda, que trabajó hacia el año 1584, y Juan de Oviedo, a quien se le atribuye sus trazas.


Durante el siglo XVIII se produce una nueva renovación en el convento y en especial en su iglesia, a la que se le dota de un espléndido retablo barroco, tal como hoy la conocemos. El siglo siguiente sería difícil para el convento, debido a los generales motivos económicos, políticos y revolucionarios que le afectarían directamente. No obstante el convento logró mantenerse con las pocas dotaciones que conseguía del arzobispado, y con la venta de sus célebres "Yemas de San Leandro".

El templo es obra de Juan de Oviedo y presenta forma rectangular con una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos. Las portadas son de estilo clasicista con sobrias pilastras. Coro alto y bajo a los píes, este último, con bóveda de cañón decorada con yeserías del siglo XVI.

Posee en su interior dos retablos de gran interés, el de "San Juan Bautista (1621)" y "San Juan Evangelista (1632), ambos obra de Martínez Montañés presididos por un relieve de la figura principal en su hornacina.  

                             
                                                                                             
Mención las figuras de "Santiago el Mayor", "Santiago el Menor" y un relieve con el "Martirio de San Juan Evangelista" todas obras de Francisco de Ocampo.

Comentar el acceso al templo que se realiza a través de un cancel de 1729, así como un pequeño retablo barroco dedicado a "Santa Rita" obra del segundo cuarto del siglo XVIII.

martes, 12 de noviembre de 2013

El Monasterio de Studion en Constantinopla

El Monasterio de San Juan el Precursor en Studion se encontraba en la ciudad de Constantinopla. Su nombre procede de su fundador, el cónsul Studios, en torno al año 462. En su origen se trataba de un monasterio acemeta, es decir, los monjes procuraban mantener constantemente la oración, turnándose en la celebración de los oficios divinos. con el tiempo, la forma de vida del Monasterio de Sutdion terminó por imponerse en todo el monacato oriental, también en el Monte Athos. Su figura más representativa llegó en el siglo IX, san Teodoro Studita, cuya memoria celebramos. El Monasterio fue destruida en el curso de la invasión de la ciudad por los latinos, en 1204. Resurgió al final de dicho siglo, pero terminó por sucumbir en la invasión turca.

El Papa Benedicto XVI dedicó la audiencia general de 27 de amyo de 2009 a la figura de san Teodoro Studita. Transcribimos a continuación un parte de dicha catequesis, ilustrándola con imágenes de lo que fuera el Monasterio de Studion.



El santo del que voy a hablar hoy, san Teodoro el Estudita, nos hace remontarnos al centro del período medieval bizantino, un período más bien turbulento desde el punto de vista religioso y político. San Teodoro nació en el año 759 en una familia noble y piadosa: su madre, Teoctista, y uno de sus tíos, Platón, abad del monasterio de Sakkudion, en Bitinia, son venerados como santos. Fue precisamente su tío quien lo orientó hacia la vida monástica, que abrazó a la edad de 22 años. Fue ordenado sacerdote por el patriarca Tarasio, pero después rompió la comunión con él por la debilidad que mostró en el caso del matrimonio adúltero del emperador Constantino VI. La consecuencia fue el destierro de san Teodoro a Tesalónica, en el año 796. La reconciliación con la autoridad imperial se produjo en el año sucesivo bajo la emperatriz Irene, cuya benevolencia impulsó a san Teodoro y su tío Platón a trasladarse al monasterio urbano de Studios, junto con la mayor parte de la comunidad de los monjes de Sakkudion, para evitar las incursiones de los sarracenos. Así comenzó la importante "reforma estudita".

La vida personal de san Teodoro, sin embargo, siguió siendo muy agitada. Con su acostumbrada energía, se convirtió en jefe de la resistencia contra la iconoclasia de León V el Armenio, que se opuso nuevamente a la existencia de imágenes e iconos en la Iglesia. La procesión de iconos organizada por los monjes de Studios desencadenó la reacción de la policía. Entre los años 815 y 821, san Teodoro fue flagelado, encarcelado y desterrado a varios lugares de Asia Menor. Al final pudo regresar a Constantinopla, pero no a su monasterio. Entonces se estableció con sus monjes en la otra parte del Bósforo. Al parecer, murió en Prinkipo el 11 de noviembre del año 826, día en el que lo recuerda el calendario bizantino.


En la historia de la Iglesia san Teodoro se distinguió por ser uno de los grandes reformadores de la vida monástica y también como defensor de las imágenes sagradas durante la segunda fase de la iconoclasia, junto al patriarca de Constantinopla, san Nicéforo. San Teodoro había comprendido que la cuestión de la veneración de los iconos afectaba a la verdad misma de la Encarnación. En sus tres libros Antirretikoi (Refutaciones), san Teodoro compara las relaciones eternas en el seno de la Trinidad, en donde la existencia de cada Persona divina no destruye la unidad, con las relaciones entre las dos naturalezas en Cristo, que no comprometen en él la única Persona del Logos. Y argumenta: abolir la veneración del icono de Cristo significaría cancelar su misma obra redentora, pues, al asumir la naturaleza humana, la Palabra eterna invisible se hizo visible en la carne humana y así santificó todo el cosmos visible. Los iconos, santificados por la bendición litúrgica y por las oraciones de los fieles, nos unen con la Persona de Cristo, con sus santos y, a través de ellos, con el Padre celestial, y testimonian la entrada de la realidad divina en nuestro cosmos visible y material.

San Teodoro y sus monjes, testigos de valentía en el tiempo de las persecuciones iconoclastas, están inseparablemente unidos a la reforma de la vida cenobítica en el mundo bizantino. Su importancia se impone incluso por una circunstancia exterior: el número. Mientras los monasterios de la época tenían al máximo treinta o cuarenta monjes, por la Vida de Teodoro sabemos que los monjes estuditas eran más de mil. San Teodoro mismo nos informa que en su monasterio había unos trescientos monjes; por tanto, se ve el entusiasmo de la fe que nació en el contexto de este hombre realmente informado y formado por la fe misma.


Ahora bien, más que el número, influyó sobre todo el nuevo espíritu que imprimió el fundador a la vida cenobítica. En sus escritos insiste en la urgencia de un regreso consciente a la enseñanza de los Padres, especialmente de san Basilio, primer legislador de la vida monástica, y de san Doroteo de Gaza, famoso padre espiritual del desierto palestino. La contribución característica de san Teodoro consiste en su insistencia en la necesidad del orden y de la sumisión por parte de los monjes. Durante las persecuciones, estos se habían dispersado, acostumbrándose a vivir cada uno según su propio criterio. Cuando se pudo restablecer la vida común, resultó necesario esforzarse a fondo para hacer que el monasterio volviera a constituir una auténtica comunidad orgánica, una verdadera familia o, como dice él, un verdadero "Cuerpo de Cristo". En esa comunidad se realiza concretamente la realidad de la Iglesia en su conjunto.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Tours. Basílica de san Martín


Tours fue una ciudad importante desde la época de los galos, como lugar de pasaje por el Loira. Los galos que habitaban en este sitio se llamaban Turones y fueron ellos quienes dejaron su nombre a la ciudad (Civitas Turonorum).

Ya desde el siglo III, la urbe romana fue un importante foco de la cristiandad, donde se estableció una sede episcopal, con San Gatien como primer obispo.

Una de las personalidades más notables de la ciudad fue Martín de Tours (San Martín). Estando al servicio del ejército romano, compartió su manto con un mendigo. Esta historia, y la importancia de San Martín en la región, hicieron de Tours una ciudad de peregrinación en la Edad Media, así como una de las etapas en el camino hacia Santiago de Compostela.

Los restos de Martin fueron encerrados en un sarcófago de piedra, sobre la cual sus sucesores, St. Britius y San Perpetuus, construyeron por primera vez una simple capilla, y más tarde una basílica (466-72). La primera basílica databa del año 482. San Eufronio, obispo de Autun y amigo de San Perpetuus, envió una lápida esculpida en mármol para cubrir la tumba. Esta basílica paleocristiana se quemó junto con muchas otras iglesias en 988.

A comienzos del siglo X ya había un gran cenobio y empieza a realizarse el edificio, de modo que se forma la primera girola plenamente románica. Una basílica más grande para San Martín fue construida en 1014. Hacia el año 1050 ya se está realizando la zona del crucero.que se quemó en 1230. Esta fue posteriormente reconstruida como la basílica romanica más grande del siglo XIII, y se convirtió en el centro de las grandes peregrinaciones nacionales y una parada importante en el camino a Santiago. El culto de san Martín fue muy popular durante la Edad Media y una multitud de iglesias y capillas se han dedicado a él en ese tiempo.

La vieja basílica era una de las más grandiosas de la cristiandad. Medía 110 metros de largo por 30 de ancho, con cinco amplias naves. Tenía dos torres en la entrada oeste y cada brazo del transepto terminaba en otra voluminosa torre (una de las cuales aún subsiste). Sufrió ocho incendios en su historia y perduró hasta la Revolución Francesa. Los torreones, románicos, permiten imaginarse el gran santuario de San Martín, centro de peregrinación al que acudían habitualmente los mismos reyes de Francia. 


En 1562 , los hugonotes (calvinistas franceses) destruyeron la Basílica de San Martin de arriba abajo, la tumba y las reliquias de san Martin. La iglesia fue restaurada según sus cánones anteriores, pero fue de nuevo completamente destruida en 1793 durante la Revolución Francesa. Todo lo que quedaba de la basílica fueron las dos torres que quedan en pie. Para garantizar la no reconstrucción de basílica el municipio ateo proyecto dos calles que se abren en su lugar.

En diciembre de 1860 , las excavaciones abiertas en el lugar de la tumba de san Martín, descubrieron algunos fragmentos de esta. Una nueva basílica, más pequeña que la anterior, para albergar estas reliquias fue construida por Monseñor Meignan, arzobispo de Tours, de 1886 a 1924. Obra del arquitecto francés Victor Laloux en un estilo neo-bizantino, en una parte del sitio de la basílica original, que fue recomprado por la Iglesia. En el edificio destacan sus robustas columnas de granito pulido y una excelente iluminación, merced a la hilada de ventanales sobre los que descansa una poderosa cúpula, coronada por una estatua del santo.
Se dedicó 04 de julio 1925.La tumba de san Martín sigue siendo un lugar de peregrinación para los fieles.


La iglesia de estilo romano-bizantino, con una cripta en la que se halla una reconstrucción de la tumba de San Martín. 

Tumba de san Martín de Tours


domingo, 10 de noviembre de 2013

Rio Mincio. Mantua

 Rio Mincio a su paso por Mantua

El río Mincio es un río del norte de Italia, un afluente de la margen izquierda del río Po. Con el nombre de Sarca, nace en los montes del grupo Adamello (Tirol Meridional), recorre Val di Genova, luego Val Rendena y Val Judicarien, y vierte sus aguas en Torbole, en el lago de Garda, del que sale en Peschiera tomando ya el nombre de Mincio.
Corre hasta Goito por una hermosa región de colinas, cruza la llanura lombarda, ensanchándose a modo de lago en Mantua, y desemboca en el Po cerca de Governolo, una aldea (o fracción) del municipio mantuano de Roncoferraro, por medio de grandes diques.
Forma una importante línea de defensa por lo que se construyeron las fortalezas de Peschiero y Mantua y fue teatro de gran número de batallas: Castiglione (1796, Solferino (1859) y Custoza (1849 y 1866).

El recuerdo de este lugar es debido a la festividad de hoy, y que, la Iglesia celebra como memoria al gran papa León, "Magno" quien hizo lo posible por evitar o mitigar las incursiones de los bárbaros. El episodio más conocido de su pontificado fue su encuentro, en 452 en la ciudad de Mantua, con Atila, el rey de los hunos, quien había invadido el norte de Italia obligando al emperador Valentiniano III a abandonar la corte de Rávena y refugiarse en Roma.

El papa León nació en la región de Toscana, y el año 440 fue elevado a la cátedra de Pedro, ejerciendo su cargo como un verdadero pastor y padre de las almas.Trabajó intensamente por la integridad de la fe, defendió con ardor la unidad de la Iglesia, escribió contra las herejías del Nestorianismo, el Monofisismo, el Maniqueísmo y el Pelagianismo. Durante su pontificado se celebró, en 451, el Concilio de Calcedonia que proclamó la divinidad y la humanidad de Cristo, «consustancial al Padre por su divinidad, consustancial a nosotros por su humanidad».

Todas la obras que realizo en su pontificado le valieron con toda justicia el apelativo de Magno. Murió el año 461.

jueves, 31 de octubre de 2013

El Panteón de Roma

Cuanto al final del Imperio Romano las invasiones bárbaras suponían una seria amenaza para la propia ciudad de Roma, se determinó recoger las reliquias de los múltiples mártires que eran venerados alrededor de la ciudad en un magnífico edificio pagano, en el que habían sido adorados los antiguos dioses paganos: el Panteón de Agripa. De esa forma, el antiguo templo de las falsas divinidades, pasaba a ser un templo cristiano. Como preparación para la solemnidad de Todos los Santos, veamos un reportaje arqueológico sobre este célebre monumento.

miércoles, 30 de octubre de 2013

La Ermita de San Nicolás de Puente Fitero


Más o menos a la mitad del Camino de Santiago, se encuentra la Ermita de San Nicolás de Puentefitero, junto al río Pisuerga, en los disputados límites entre los antiguos reinos de Castilla y León. Se trata de una ermita que hace veinticinco años se encontraba en ruinas, pero que fue restaurada con el propósito de albergar a peregrinos. El cuidado de todos estos trabajos corrió a cargo de un grupo de italianos, entre los que destacaban algunos miembros de la Orden de Malta. En la actualidad, creo que es uno de los lugares más emblemáticos de la acogida cristiana en el Camino: el recinto ya es sugerente por sí; acoge a pocos peregrinos, que son invitados a una breve oración y a la cena, que se pone en común.

Que san Nicolás, bajo cuya advocación se erigió esta ermita, siga protegiendo a cuantos peregrinan y a cuantos cuidan de ellos.

martes, 15 de octubre de 2013

Monasterio de la Encarnación de Avila

Visitamos hoy el Monasterio de la Encarnación. Situado fuera de las murallas de la ciudad, fue el lugar en  el que comenzó su vida monástica doña Teresa de Cepeda, y donde la gracia de Dios fue moldeando a la que sería santa Teresa de Jesús.