sábado, 29 de abril de 2017

Basílica de Santo Domingo de Siena


La basílica de Santo Domingo fue construida en el siglo XIII y agrandada en el XIV. Los dominicos llegaron a Siena en el 1220, un año antes de la muerte del fundador Domingo de Guzmán. En 1225 se les donó un terreno de Fortebraccio Malavolti. Se comenzó a construir el templo entre 1226 y 1265, pero durante el siglo XIV se amplió con las formas góticas que vemos hoy. Se construyó en varias etapas y se terminó en 1465. Se incendió en 1443, 1456 y 1531. En esa última ocasión fue restaurada por Domenico Cinquini. Entre 1548 y 1552 sufrió una ocupación militar. En 1798 fue afectada por un terremoto. En el siglo XVII y en el XVIII el complejo fue objeto de varias remodelaciones barrocas, y se le agregaron algunos altares laterales.


Después del terremoto de 1798 la torre, afectada, se bajó al nivel que tiene hoy y se le dotó del aspecto actual. Por los mismos motivos de estabilidad, se cerraron el ojo central de la fachada las ventanas laterales. La última intervención se hizo entre 1941 y 1963, durante las cuales se eliminaron ciertas sobreposiciones barrocas, se repararon algunas formas góticas antiguas y se agregaron los vitrales con las Historias de Santa Catalina.


En este entorno tuvo lugar el comienzo de la vida mística de santa Catalina. A los dieciocho años tomó el hábito de la Orden Tercera de los dominicos. Se sometía al cilicio y a prolongados períodos de ayuno, sólo alimentada por la Eucaristía. Seguramente en los carnavales de 1366 vivió lo que describió en sus cartas como un matrimonio místico con Jesús, en la basílica de Santo Domingo de Siena, teniendo diversas visiones como la de Jesucristo en su trono con San Pedro y San Pablo, después de las cuales comenzó a enfermar cada vez más y a demostrar aún más su amor a los pobres. Este mismo año murió su padre y en Siena se inició un golpe de Estado.


Sus hagiógrafos sostienen que en 1370 recibió una serie de visiones del infierno, el purgatorio y el cielo, después de las cuales escuchó una voz que le mandaba a salir de su retiro y entrar a la vida pública.1 Comenzó a escribir cartas a hombres y mujeres de todas las condiciones, manteniendo correspondencia con las principales autoridades de los actuales territorios de Italia, rogando por la paz entre las repúblicas de Italia y el regreso del papa a Roma desde Aviñón. Mantuvo de hecho correspondencia con el papa Gregorio XI, emplazándolo a reformar la clerecía y la administración de los Estados Pontificios.

Durante el tiempo que duró la peste de 1374, Catalina acudió al socorro de los desgraciados, sin mostrarse jamás cansada, y aún, si hubiera de creer a los historiadores de su época, podría decirse que operó algunos milagros. Poco después, el 1 de abril de 1375 en Pisa, Catalina recibió los denominados estigmas invisibles, de modo que sentía el dolor pero no eran visibles las llagas externamente.

jueves, 27 de abril de 2017

Santo hermano Rafael. San Isidro de Dueñas


Cerca del Noviciado, en la Abadía de san Isidro de Dueñas, se encontraba la antigua enfermería, en cuya primera celda falleció el hoy santo hermano Rafael Arnáiz. Este joven, que vivió hace un siglo, llevó a plenitud durante su breve existencia un bello ideal de santidad. La belleza ejerció sobre su temperamento artístico tal fuerza, que le llevó a buscar una belleza imperecedera, sublime, eterna. Tal belleza sólo la encontró en el misterio escondido de Dios, a través de la tradición monástica trapense. En el santo hermano Rafael se conjugó una apasionada entrega a la divina belleza, con un heroico ejercicio del bien, desde un sustento inconmovible en la verdad, que culminó en su unificación con el amor que lo había creado y con el que anhelaba fundirse en un eterno abrazo.

miércoles, 26 de abril de 2017

San Isidoro de León


San Isidoro vivió en el sur de la Hispania antigua. Pasados los siglos, el rey Fernando I de Castilla, aprovechando la debilidad política que sucedió a la disolución del califato de Córdoba, consiguió hacia el 1063 el traslado de las reliquias del santo a su capital leonesa. Por esto motivo, aunque san Isidoro tenga por apellido la ciudad de Sevilla, su último descanso ha quedado ligado a la ciudad de León.


A tal efecto, el rey Fernando y su esposa Sancha, habilitaron un templo en el monasterio de San Pelayo, en el cual residían cuando se encontraban en dicha ciudad. Y lo hicieron en el nuevo estilo constructivo que comenzaba a invadir los reinos cristianos del norte de España: el románico europeo.


Así nació la que hoy conocemos como Basílica de San Isidoro, uno de los conjuntos más interesantes del románico europeo, con valiosa arquitectura, escultura, pintura, orfebrería y bilbioteca románicas.


Pero, sin duda alguna, lo más valioso de la Basílica es la urna que contiene las reliquias del santo Isidoro, el maestra de Hispania, el santo que supo unificar en torno a la fe católica los restos del naufragio hispano del Imperio romano, haciendo brillar durante más de un siglo la luz de una civilización que se resistía a extinguirse.


Es característico de este lugar el hecho de mantener, desde tiempos inmemoriales, la adoración perpetua del Santísimo Sacramento.


La Basílica está atendida por un Cabildo de canónigos; antaño se regían por la Regla de San Agustín. Hoy, sin sacerdotes seculares, que atienden con esmero la cuidada liturgia de este lugar sagrado.



martes, 25 de abril de 2017

Catedral Patriarcal de San Marcos de Alejandría

Catedral Patriarcal de San Marcos de Alejandría

Es difícil hacernos hoy a la idea la importancia que tuvo Alejandría para la historia del Cristianismo. Según la tradición, esta Iglesia fue fundada directamente por el apóstol san Marcos. No cabe duda de que su origen puede ser muy cercano a la vida del propio Jesús, dada la importante presencia de una comunidades judías en todo Egipto y, de una manera peculiar, en su metrópolis Alejandría. El antiguo Egipto de los faraones terminó en poder de los reyes helenistas, los Ptolomeos, y terminó siendo conquistada por Roma en tiempos de Cleopatra y Julio César. La ciudad de Alejandría fue fundada en la delta del Nilo, en honor de Alejandro Magno, su conquistador. Desde entonces, esta ciudad fue una de las principales urbes del mundo, junto con roma o Antioquía.


El cristianismo floreció rápidamente en Egipto. Las persecuciones no pudieron extirparlo, y produjeron un impresionante número de mártires. Antes de terminar las persecuciones, nació también allí el movimiento monástico cristiano. Con la paz del emperador Constantino, la sede episcopal de Alejandría alcanzó una importancia similar a la de Roma o a la de Antioquía. De hecho, en el primer concilio ecuménico de Nicea del año 325, ya los tres patriarcas se reconocen mutuamente su preminencia. En el siguiente concilio ecuménico, se añadirá la sede de la nueva capital imperial, Constantinopla; y, posteriormente, dada la importancia espiritual de la Tierra Santa, se reconoció como sede patriarcal a Jerusalén. Estos reconocimientos configuraron la llamada Pentarquía, es decir, la estructuración de la Iglesia de la Antigüedad en torno a cinco iglesias preeminentes: Roma, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Jerusalén.


En la lista de los patriarcas de Alejandría sobresalen dos grandes doctores de la Iglesia: san Atanasio (cuya memoria hoy celebramos), y san Cirilo. La catedral patriarcal de Alejandría siempre fue la Catedral de San Marcos, donde se custodiaban las reliquias del Apóstol. Estas reliquias fueron robadas en el curso de las Cruzadas por las tropas venecianas, que las llevaron a Venecia, surgiendo así la sede patriarcal y la catedral de san Marcos de Venecia.


En los años sesenta del pasado siglo, el papa Pablo VI, buscando la reconciliación entre las iglesias, separadas desde la antigüedad, devolvió las reliquias de san Marcos a los coptos egipcios. El documental que sigue a continuación, aunque de escasa calidad y en lengua árabe, recoge este hecho histórico. Ojalá que la intercesión de san Atanasio, que tanto luchó por la unidad de la Iglesia, consiga en un futuro próximo la unidad con la comunidad cristiana copta, que de hecho cuenta con cerca de veinte millones de fieles, después de siglos de opresión musulmana.

lunes, 24 de abril de 2017

Agua en el Camino de Santiago


Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Así le dice Jesús a Nicodemo, refiriéndose al agua del bautismo, en el que el Espíritu Santo nos engendra a la nueva vida de los hijos de Dios.

El agua es fuente de vida. Allí donde discurre genera vida, y convierte el desierto en oasis. Así lo comprueban los peregrinos a Santiago, que atraviesan la árida meseta castellana, pero que de vez en cuando se encuentran con ríos que transforman lo árido en lugares llenos de vida. La fotografía, tomada por Víctor Nuño, muestra uno de esos lugares: el puente sobre el río Órbigo, en la diócesis de León.

domingo, 23 de abril de 2017

La Duda de Tomás en el claustro de Silos


Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»  Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»  A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» 

Paseamos por el claustro románico de Silos, para meditar ante el magnífico relieve de la Duda de Tomás el pasaje evangélico que evocamos en la liturgia de este Domingo.

SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO.

sábado, 22 de abril de 2017

Cristo Resucitado de la Misión Católica de Munich


Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,9-15)