jueves, 25 de mayo de 2017

Ascensión en el Claustro románico de Silos

La Ascensión. Siglo XI. Primer Maestro de Silos
Piedra tallada y originariamente policromada
Santo Domingo de Silos

Viajamos hoy hasta el Claustro románico de Santo Domingo de Silos, para contemplar la escena de la Ascensión del Señor, y gozar junto a toda la Iglesia en el triunfo de Cristo, que ya es nuestro triunfo. Los apóstoles, con María en el centro, contemplan al Señor, que se va ocultando tras una nube que dos ángeles van subiendo hacia arriba.

San Agustín, en el cuarto tratado sobre la Primera Carta de San Juan afirma:

Creemos en Jesús, a quien no hemos visto. Lo anunciaron quienes lo vieron, quienes lo palparon, quienes escucharon las palabras de su boca. Y para convencer de esto al género humano, fueron enviados por él, no osaron ir por propia iniciativa. Y ¿adónde fueron enviados? Lo habéis oído al escuchar el evangelio: Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. Luego a todo el mundo fueron enviados los discípulos, confirmando la Palabra con signos y prodigios para ser creídos, pues predicaban lo que, habían visto.

Y nosotros creemos en quien no hemos visto y cuyo retorno esperamos. Todos cuantos lo esperan con fe, se alegrarán de su venida; los que no tienen fe, se sonrojarán cuando viniere lo que ahora no ven. Mantengámonos, pues, fieles a sus palabras, para no quedar confundidos cuando viniere. El mismo dice en el evangelio a los que habían creído en él: Si os mantenéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos. Y saliendo al paso de una posible pregunta: ¿Cuál será la recompensa?, añade: Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.

Así pues, de momento nuestra salvación radica en la esperanza, no en la realidad; pues todavía no poseemos lo que se nos ha prometido, pero esperamos poseerlo en el futuro. Y el que lo ha prometido es fiel, no te engaña: lo importante es que no pierdas la esperanza, sino que esperes la promesa. En efecto, la verdad no conoce el engaño. Tú no seas mentiroso, profesando una cosa y haciendo otra; conserva la fe y él te mantendrá su promesa. Ahora bien, si tú no mantuvieres la fe, tú mismo te defraudas, no el que hizo la promesa.

Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra justicia ha nacido de él. Ahora nuestra justicia procede de la fe. La justicia perfecta sólo se da a los ángeles, y apenas si en los ángeles, si se les compara con Dios. No obstante, de darse una justicia perfecta en las almas o en los espíritus creados por Dios, ésta se da en los ángeles santos, justos, buenos, a quienes ninguna caída desvió, a quienes la soberbia no precipitó, sino que permanecieron siempre en la contemplación del Verbo de Dios, y que en ningún otro hallan su felicidad, sino en el que los creó. En ellos la justicia es perfecta; en nosotros, por el contrario, comenzó a existir por la fe según el Espíritu.

miércoles, 24 de mayo de 2017

El Areópago

El Areópago ateniense, también conocido como “La Colina de Ares” (" Ares", deidad griega de la guerra, que corresponde al Marte romano). Se trata de un inmenso monte ubicado al oeste de la Acrópolis de Atenas, lugar dónde se reunía el Consejo de aquella época. Está situado a 115 metros de altura en una zona rocosa de Atenas, Grecia, y separado del Acrópolis por un arroyo. Era un lugar muy importantes para los antiguos habitantes de Atenas. No se trataba de unedificio cubierto, sino de un lugar al aire libre, rodeado de gradas y asientos.


Otra motivo por el cual el lugar era de gran importancia en la actualidad y por lo tanto en el presente, era su aspecto mitológico.  Se creía que en ese lugar había sido juzgado y ajusticiado al dios Ares, por la intervención de Halhirrotios, hijo de Poseidón, porque se creía había violado a la hija de Ares, y que había sido condenado a pasar sus días en dicha colina. También, la leyenda decía que en el lugar había sido juzgado Orestes, por el asesinato de su madre Clitemnestra.

Con ese nombre se conocía también la corte suprema compuesta por los patriarcas de la ciudad (“aeropaguitas”), autoridades supremas en asuntos políticos y religiosos. También tenía mucha influencia en asuntos de educación. Es natural que semejante cuerpo tuviera interés en Pablo y en su nueva enseñanza. Allí fue donde Pablo pronunció un discurso que no consistió en una apología personal, como algunos han supuesto, sino en una catequesis dirigida a un auditorio enteramente nuevo. 

Cuando hablaba entre los judíos, tenía un punto de partida admitido por todos, que era la existencia del Dios de Israel, e incluso la aceptación de la Sagrada Escritura cuyos profetas anunciaban la venida de un futuro Mesías. Aquí, por el contrario,en Atenas tiene que partir de otro punto, que es posible que sea admitido por la mayoría de sus oyentes: que hay un Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene.

El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Él hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: “Nosotros somos también de su raza”. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos». Al oír las palabras «resurrección de los muertos», unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto». Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
(Hch 17, 24-33)

martes, 23 de mayo de 2017

Llegada del cristianismo a Filipos

En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que les arrancaran y que los azotaran con varas; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, él los cogió, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo. A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban. De repente, vino un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos se les soltaron las cadenas.


En 49 o 50, la ciudad de Filipos recibió la visita del apóstol Pablo. Acompañado de Silas, Timoteo y, quizás, de Lucas, predica por primera vez en suelo europeo y bautiza allí a una comerciante de púrpura llamada Lidia, en un río al oeste de la ciudad: había allí entonces una comunidad judía, y una sinagoga atestiguado por la epigrafía.


Pablo habría visitado la ciudad en otras dos ocasiones, en 56 y 57. La epístola a los filipenses dataría de 54-55 y testimonia el impacto inmediato de la palabra paulina. El desarrollo subsecuente del cristianismo en Filipos está bien atestiguado, sobre todo por una carta de Policarpo de Esmirna dirigida a la comunidad filipense hacia el 160, y por la epigrafía funeraria.

Inscripción del obispo Porfirio en la Basílica de Pablo

La primera iglesia atestiguada en la ciudad es de tamaño modesto y corresponde probablemente al origen de una casa de oración: esta Basílica de Pablo, identificada por una inscripción de un pavimento de mosaico, está datado hacia el 343, por la mención del obispo Porfirio, cuya presencia está atestiguada en el concilio de Sárdica ese año.

miércoles, 17 de mayo de 2017

San Pascual Bailón en Orito (Alicante)


Orito es una pedanía del municipio de Monforte del Cid (Alicante) España. Se encuentra a 5 km Monforte del Cid y a 25 de Alicante. 

La Ermita de la Aparición es uno de los lugares más emblemáticos de Orito, ya que, según la tradición, fue el lugar exacto en donde se produjo el milagro de la aparición del Santísimo Sacramento a San Pascual, cuando pastaba sus ovejas en las Sierras de Monforte del Cid. Para recordar tal milagro se construyó en el siglo XVII esta Ermita.

Virgen de Orito

Tras la Reconquista, en el siglo XIII y la posterior adhesión de Alicante y provincia a la Corona de Aragón, la comarca alicantina es repoblada por aragoneses y catalanes, que fundaron aquí un convento de la Orden de la Merced, en el que convivían monjes y monjas. Más tarde, sobre el año 1555, se encontró la talla de la Virgen de Orito, de tan sólo 42 milímetros, convertida hoy en uno de los símbolos más reconocidos de la pedanía.


En 1562 los franciscanos fundaron una congregación en el abandonado Convento de la Natividad, donde al año siguiente ingresaría como fraile San Pascual. La construcción-reforma del convento quedó terminada en 1607. En la actualidad está regentado por los Hermanos Capuchinos, que se encargan, entre otras cosas, de la conservación de los citados enclaves.

La Cueva de San Pascual está situada en la falda de la Sierra de las Águilas. Anteriormente, esta cueva había sido refugio de pastores ante el mal tiempo. Fue después de la beatificación del santo cuando se la llamó "Cueva de San Pascual". Cada 17 de mayo se celebra la Romería de San Pascual en la que intervienen miles de peregrinos procedentes principalmente de Elche, la Vega Baja, Almería y provincias de La Mancha. Es el lugar más popular de la devoción al santo.

Se compone de dos habitaciones, una en donde se encuentra la talla en madera policromada del santo, así como todas las prendas de los peregrinos y otra (crematorio) situada un poco más abajo y utilizada para poner las tradicionales velas al santo.

domingo, 14 de mayo de 2017

Abadía de San Matías de Tréveris

Tumba de San Matías

La ciudad alemana de Tréveris fue un importante centro urbano romano, que en distintos momentos del final del Imperio sirvió de capital al emperador. Es fácil comprender que el cristianismo llegó pronto a esta ciudad. De hecho, el obispo Cirilo de Tréveris fundó una Iglesia sobre la tumba de los santos fundadores de la diócesis, Eucario y Valerio.

Tumba de los santos Eucario y Valerio

Posteriormente se estableció allí una comunidad monástica, que adopta el año 977 la Regla de san Benito. Según la tradición, santa Elena habría trasladado allí las reliquias de san Matías. De hecho, el año 1127 fueron halladas dichas reliquias en el templo, que pasó a convertirse en un importante centro de peregrinación.

Tumba de San Matías

La nueva iglesia abacial que se estaba construyendo al momento de encontrarse dichas reliquias fue consagrado por el papa cisterciense Eugenio III el año 1148, en presencia de san Bernardo y otros muchos cardenales.
Nave central de la Iglesia Abacial

Tras las turbulencias del siglo XIX, la abadía fue repoblada en 1922 por monjes procedentes de Seckau, agregándose a la Congregación de Beuron.