sábado, 21 de enero de 2017

Santa Inés Extramuros

 

La basílica de Santa Inés Extramuros (en italiano, Sant'Agnese fuori le mura) es una iglesia basilical de Roma, en la que se veneran las reliquias de santa Inés. La iglesia queda en la Vía Nomentana a cierta distancia fuera de la muralla Aureliana que rodea la ciudad antigua. El nombre permite distinguirla de otros iglesias con la misma advocación que hay, o había, en Roma, siendo la más famosa de ellas Santa Inés en la Agonía, erigida en el lugar de martirio de la santa. El complejo incluye la basílica y el mausoleo de Santa Constanza.


La actual iglesia, tal como la reconstruyó el papa Honorio I a mediados del siglo VII, se alza sobre una catacumba del siglo IV, uno de los más importantes complejos funerarios de Roma, con más de 10 kilómetros de corredores, de los cuales sólo un par son accesibles. En el siglo IV la suave roca fue horadada alrededor de la tumba de santa Inés para crear un lugar de reunión.


Para el año 340, Constantina, hija del emperador Constantino I, amplió la zona subterránea y construyó un gran mausoleo, hoy conocido como el «mausoleo de Santa Costanza». La planta baja de la iglesia del siglo VII está al nivel del suelo de la catacumba, y las entradas desde la vía pública están al nivel de la galería de la segunda planta. Los mosaicos del edificio de Honorio aún están presentes. Esta iglesia también fue construida con una galería superior separada para las mujeres (matronaeum), similar al de San Lorenzo Extramuros.


Es en esta iglesia donde, en el día de Santa Inés (21 de enero) dos corderos son especialmente bendecidos, usualmente por el papa después de una gran misa pontifical; su lana es más tarde tejida para hacer un palio, estolas ceremoniales, para un arzobispo metropolitano recién nombrado para simbolizar su unión con el Papado. La iglesia está actualmente administrada por los canónigos regulares de San Juan de Letrán.

viernes, 20 de enero de 2017

Catacumbas de San Sebastián en Roma


En la memoria del mártir san Sebastián, vamos a visitar las Catumbas de Roma que llevan su nombre, y que constituyen uno de los pocos cementerios cristianos que permanecen accesibles (de los cuatro pisos originales el primero está casi completamente destruido). Se encuentra en la ciudad de Roma.. Con el pasar del tiempo san Sebastián, mártir sepultado aquí, acabó dar su nombre al Cementerio, que en sus orígenes fue llamado «ad catacumbas», o sea, “junto a la hondonada”, pues allí existían canteras de toba volcánica. Y resultó que este nombre sirvió después para designar todos los cementerios subterráneos cristianos. Otro nombre dado en la antigüedad a estas catacumbas fue el de “Memoria Apostolorum”, en razón del culto dado a los apóstoles Pedro y Pablo.


Este lugar funerario, desde el siglo primero, ha tenido diversos usos.Las hondonadas y las galerías arenarias, de hecho fueron utilizadas para abrir sepulturas (nichos), tantos paganos como cristianos; fueron construidos diversos columbarios y, por lo menos, dos edificios residenciales con bellas decoraciones en las paredes. Hacia la mitad del siglo segundo quedó cegada la región del arenario. Esto permitió la construcción de tres mausoleos (el de Clodius Hermes, de los Innocentores y de la Hacha), en los que fueron sepultados miembros de la Iglesia cristiana.


Esta zona quedó de nuevo enterrada, y sobre ella se construyó un pórtico limitado por un muro (“triclia”). En este muro se han descifrado innumerables grafitos con invocaciones a Pedro y Pablo, ya que, alrededor del año 258, el culto de los apóstoles era muy vivo en este lugar. El Emperador Constantino (306-337) hizo construir una gran basilica en forma de circo romano dedicada a los apóstoles. Desde el siglo tercero, se fue excavando la catacumba donde se dió sepultura, como indican las fuentes, a los mártires Sebastián y Eutiques.


En la nave central de la Basílica primitiva, reconstruida en el año 1933 sobre restos antiguos, se pueden contemplar a la izquierda los canales de comunicación con la nave mediana de la iglesia actual, murales del siglo XII y el exterior del ábside de la Capilla de las reliquias; hay sarcófagos enteros y también fragmentos (la mayoría del siglo IV) que han ido encontrándose por medio de excavaciones.


Se desciende por una escalera en las galerías donde hay varios cubículos (especial importancia tienen las pinturas de fines del siglo IV del cubículo de Jonás, cuyo ciclo es representado en cuatro escenas). Se llega a la Cripta de San Sebastián, que tiene un altar de mesa que se encuentra sobre el mismo lugar del anterior (todavía quedan algunos restos de la base) y el busto de san Sebastián atribuido a Bernini. Luego se llega a la plazoleta, bajo la cual se encuentra una cavidad de arena al que quizás se debe el nombre de ad catacumbas que tuvo este cementerio y que se extendió después a los demás.


Sobre la plazoleta se abren tres mausoleos de la segunda mitad del siglo II utilizados en tiempos posteriores. El primero a la derecha, decorado externamente con pinturas (banquetes fúnebres, el milagro del endemoniado de Gerasa), conserva la inscripción con el nombre del propietario: Marcus Clodius Hermes; el interior, con sepulturas inhumadas y pinturas, está decorado con la cabeza de una gorgona.

El segundo, llamado de los más inocentes en cuanto propiedad de un colegio funerario, presenta un descenso decorado con estucos; en algunos vanos hay inscripciones griegas con caracteres latinos y un pintado con las iniciales de las palabras griegas que significan Jesucristo, hijo de Dios Salvador.

A la izquierda está el mausoleo del hacha, por el arnés que figura hacia fuera, cuya decoración está formada por sarmientos de vid que salen del kantharoi puestos encima de pilastras falsas.

De la plazoleta se sube a un ambiente, colocado cerca de la mitad de la basílica y cortado desde arriba por la construcción de la misma: la así llamada Triclia, lugar cubierto por un techo donde se celebraban banquetes fúnebres; las paredes del vano muestran cientos de dibujos realizados por devotos, realizados hacia la segunda mitad del siglo III e inicios del IV, contienen invocaciones a los apóstoles san Pedro y san Pablo.

De la triclia se pasa, por un vano, a las estancias alrededor del ábside: aquí se ordena una colección de epígrafes y una muestra completa de los mausoleos, de la triclia y de la basílica constantiniana; a continuación se baja a la platónica, construcción posterior a la misma basílica que se pensaba que era el lugar de la sepultura temporal de los dos apóstoles y que, como probaron las excavaciones realizadas en el año 1862 fue el mausoleo del mártir Quirino de Roma, obispo de Scoscia en Panonia, y que fue trasladado a Roma en el siglo V. A derecha de la platonica, se encuentra la capilla de Honorio III, adaptada en el vestíbulo del mausoleo.

jueves, 19 de enero de 2017

San Macario el Viejo


Celebramos hoy la memoria de san Macario el Viejo, uno de los más famosos solitarios del cristianismo primitivo, nacido alrededor de 300; murió el 390. Fue discípulo de San Antonio y fundador de una comunidad monástica en el desierto de Escete. A través de la influencia de San Antonio abandonó el mundo a los 30 años, y diez años después fue ordenado sacerdote.

La fama de su santidad atrajo a muchos seguidores, y su establecimiento monástico al momento de su muerte tenía miles de habitantes. La comunidad, que tomó por residencia los desiertos de Nitria y de Escete, era de tipo semi eremítico. Los monjes no estaban ligados por ninguna regla fija; sus celdas estaban cerca unas de otras, y se reunían para el culto divino sólo los sábados y domingos.

El principio que los mantenía juntos era el de mutua ayuda, y la autoridad de los mayores era reconocida no como la de los superiores monásticos en el sentido estricto de la palabra, sino como guías y modelos de perfección. En una comunidad donde sus miembros se esforzaban por destacar en mortificación y renuncia, la preeminencia de Macario era generalmente reconocida.

Diversos monasterio en el desierto Libio todavía llevan el nombre de Macario. Cincuenta homilías han sido preservadas con su nombre, pero éstas y la "Epístola a los Monjes", junto a otras piezas dudosas, no pueden ser adjudicadas a él con absoluta certeza.

martes, 17 de enero de 2017

Monasterio de san Antonio, Egipto


El desierto parece ser el lugar por excelencia para retirarse y empeñarse en la búsqueda y encuentro con Dios. Así lo fue para el pueblo de Israel, los profetas, el mismo Cristo y los primeros monjes. Un apasionante lugar donde la aridez se convierte en dulzuras y el silencio en celeste melodía. Un lugar no ausente de infinitas pruebas, pero también colmado de seguras y divinas recompensas.

Los monasterios más antiguos de Egipto se encuentran al este del país en los terrenos cercanos al Mar Rojo. El de san Antonio y san Pacomio. Pero hoy nos ocuparemos del primero.

Tras la muerte de san Antonio, el monasterio levantado en su honor es el mas antiguo del Egipto cristiano, datado del 356. El monte, el-Qalzam resguarda este monasterio y se eleva de manera majestuosa hacia lo alto de la misma forma que se elevan las plegarias de los buscadores de Dios que habitan en este lugar, posiblemente, el monasterio más antiguo del mundo.

San Antonio, en el año 285, con treinta y cinco años de edad, interrumpió las escasas relaciones humanas que mantenía y se retiró hacia el este, junto al Mar Rojo, en las montañas de Pispir. Allí se estableció junto a una fuente y cerca de una vieja fortaleza abandonada. Era un lugar donde abundaban las serpientes. Este lugar le estaba prohibido a todo asistente por la peligrosidad de las serpientes y solo de vez en cuando se le acercaba un fiel amigo a llevarle algunos víveres. Aquí, en las montañas de Pispir estuvo algunos años, extendiéndose por todo el contorno la fama de su santidad, lo que consecuentemente atrajo a otros muchos eremitas solitarios que querían vivir junto a él. Estos ermitaños se organizaron viviendo en comunidad en dos monasterios construidos por ellos mismos y que pusieron bajo la dirección espiritual de Antonio. Aquí, en el año 307 recibió la visita de San Hilarión, también monje ermitaño.

En el año 311, durante la persecución de Maximiano, Antonio abandonó la soledad y marchó a Alejandría para servir y defender, para sostener en la fe, a la comunidad cristiana alejandrina. Estuvo expuesto a la indiscreción del pueblo y por lo tanto, puso en peligro su vida, por lo que meses más tarde tuvo el deseo de vivir nuevamente en completa soledad. Así que se marchó adentrándose en el desierto de la Tebaida oriental en el Alto Egipto. Se unió a una caravana de mercaderes árabes y caminando durante tres días y tres noches, llegó al Mar Rojo. Se afincó en una montaña distante unas treinta millas del río Nilo, en Coltzum o el-Qalzam, donde vivió el resto de su vida. De allí, solo salió una vez para visitar a San Pablo el Primer Eremita.

Hasta quince años antes de su muerte no admitió la presencia estable de sus dos discípulos, Amathas y Ma­cario. Finalmente, el 17 de enero del año 356, luego de haber anunciado su muerte y haberse hecho prometer por sus dos discípulos que a nadie reve­larían el secreto de su tumba, a fin de evitar honores póstumos, entregó santísimamente su alma a Dios. Contaba al morir ciento seis años de edad.

lunes, 16 de enero de 2017

Ein Karem. San Juan de la Montaña


En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»

Este texto del Evangelio de san Marcos nos sirve hoy de pretexto para acompañar a los peregrinos que veneran Ein Karem, el lugar en el que nació san Juan Bautista. En la foto vemos el sitio donde se venera tal misterio; la inscripción (Hic Precursor Domini natus est) significa: Aquí nació el Precursor del Señor.

El encantador pueblo de Ein Karem, situado en las laderas occidentales de Jerusalén. El sitio era conocido ya en la época del profeta Jeremías, que exhortó a los hijos de la tribu de Benjamín «y alzad por señal humo sobre Bet-Hakerem» porque invasores extranjeros se aproximaban a Jerusalén (Jeremías 6:1). Pero para los peregrinos cristianos, Ein Karem tiene una especial significación por ser el pueblo natal de Zacarías e Isabel, los padres de San Juan Bautista, así como el lugar de la Visitación, donde María, la madre de Jesús, visitó a su prima Isabel antes del nacimiento de Juan.


La Iglesia franciscana de la Visitación conmemora la visita de María a Isabel. La encantadora iglesia de dos niveles fue erigida en 1955 sobre ruinas bizantinas y de los Cruzados. En el patio, los peregrinos son recibidos por uno de los himnos favoritos de la Iglesia, el Magnificat de María, que ella rezaba cuando se encontró con Isabel, escrito ahora en no menos de 47 idiomas en el muro que da hacia la iglesia.

Volviendo a bajar por la colina, del otro lado del pueblo, llegará a la otra iglesia franciscana, San Juan de la Montaña. En el interior de la iglesia hay una gruta, que la tradición identifica con el lugar de nacimiento de Juan. El muro del patio de la iglesia, casi una imagen especular de la Iglesia de la Visitación, muestra la oración de acción de gracias que Zacarías decía cuando Juan nació, el Benedictus (Lucas 1:68-79) en 24 idiomas.

viernes, 13 de enero de 2017

La iglesia de Saint-Hilaire le Grand


La iglesia de Saint-Hilaire le Grand es una iglesia fortificada románica situada en Poitiers, Francia, construida en el siglo X sobre los vestigios de una necrópolis galo romana del siglo IV, en el lugar donde San Hilario alrededor del año 370 construyó un oratorio dedicado a dos mártires romanos de los años 362-363.

La iglesia del célebre obispo Hilario de Poitiers está formada por un coro y un crucero de altura impresionantes y gran luminosidad. El deambulatorio de San Hilario se abre sobre cuatro capillas adornadas con murales románicos que representan una de las primeras escenas pintadas del Apocalipsis.


Toda la bóveda y gran parte de los muros de la nave, en origen de 15 m de anchura, fueron destruidos durante la Revolución francesa, la mitad restante del edificio que quedó en pie fue recalificada como iglesia parroquial a principios del siglo XIX. Durante la segunda mitad de este siglo se reconstruyó la nave aunque con dimensiones muy inferiores a las originales, sacrificando para ello toda la zona oeste.


Benedicto XVI, en su Catequesis de 10 de octubre de 2007, explicaba así el contenido de las grandes obras teológicas de san Hilario:


En el Tratado sobre la Trinidad, san Hilario expone su camino personal hacia el conocimiento de Dios y se esfuerza por demostrar que la Escritura atestigua claramente la divinidad del Hijo y su igualdad con el Padre no sólo en el Nuevo Testamento, sino también en muchas páginas del Antiguo Testamento, en las que ya se presenta el misterio de Cristo. Ante los arrianos insiste en la verdad de los nombres de Padre y de Hijo, y desarrolla toda su teología trinitaria partiendo de la fórmula del bautismo que nos dio el Señor mismo:  "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

Relicario de San Hilario

El Padre y el Hijo son de la misma naturaleza. Y si bien algunos pasajes del Nuevo Testamento podrían hacer pensar que el Hijo es inferior al Padre, san Hilario ofrece reglas precisas para evitar interpretaciones equívocas:  algunos textos de la Escritura hablan de Jesús como Dios, otros en cambio subrayan su humanidad. Algunos se refieren a él en su preexistencia junto al Padre; otros toman en cuenta el estado de abajamiento (kénosis), su descenso hasta la muerte; otros, por último, lo contemplan en la gloria de la resurrección.


En los años de su destierro, san Hilario escribió también el Libro de los Sínodos, en el que reproduce y comenta para sus hermanos obispos de la Galia las confesiones de fe y otros documentos de los sínodos reunidos en Oriente a mediados del siglo IV. Siempre firme en la oposición a los arrianos radicales, san Hilario muestra un espíritu conciliador con respecto a quienes aceptaban confesar que el Hijo era semejante al Padre en la esencia, naturalmente intentando llevarles siempre hacia la plena fe, según la cual, no se da sólo una semejanza, sino una verdadera igualdad entre el Padre y el Hijo en la divinidad. También me parece característico su espíritu de conciliación:  trata de comprender a quienes todavía no han llegado a la verdad plena y, con gran inteligencia teológica, les ayuda a alcanzar la plena fe en la divinidad verdadera del Señor Jesucristo.