Es difícil hacernos hoy a la idea la importancia que tuvo Alejandría para la historia del Cristianismo. Según la tradición, esta Iglesia fue fundada directamente por el apóstol san Marcos. No cabe duda de que su origen puede ser muy cercano a la vida del propio Jesús, dada la importante presencia de una comunidades judías en todo Egipto y, de una manera peculiar, en su metrópolis Alejandría. El antiguo Egipto de los faraones terminó en poder de los reyes helenistas, los Ptolomeos, y terminó siendo conquistada por Roma en tiempos de Cleopatra y Julio César. La ciudad de Alejandría fue fundada en la delta del Nilo, en honor de Alejandro Magno, su conquistador. Desde entonces, esta ciudad fue una de las principales urbes del mundo, junto con roma o Antioquía.
El cristianismo floreció rápidamente en Egipto. Las persecuciones no pudieron extirparlo, y produjeron un impresionante número de mártires. Antes de terminar las persecuciones, nació también allí el movimiento monástico cristiano. Con la paz del emperador Constantino, la sede episcopal de Alejandría alcanzó una importancia similar a la de Roma o a la de Antioquía. De hecho, en el primer concilio ecuménico de Nicea del año 325, ya los tres patriarcas se reconocen mutuamente su preminencia. En el siguiente concilio ecuménico, se añadirá la sede de la nueva capital imperial, Constantinopla; y, posteriormente, dada la importancia espiritual de la Tierra Santa, se reconoció como sede patriarcal a Jerusalén. Estos reconocimientos configuraron la llamada Pentarquía, es decir, la estructuración de la Iglesia de la Antigüedad en torno a cinco iglesias preeminentes: Roma, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Jerusalén.
En la lista de los patriarcas de Alejandría sobresalen dos grandes doctores de la Iglesia: san Atanasio (cuya memoria hoy celebramos), y san Cirilo. La catedral patriarcal de Alejandría siempre fue la Catedral de San Marcos, donde se custodiaban las reliquias del Apóstol. Estas reliquias fueron robadas en el curso de las Cruzadas por las tropas venecianas, que las llevaron a Venecia, surgiendo así la sede patriarcal y la catedral de san Marcos de Venecia.
En los años sesenta del pasado siglo, el papa Pablo VI, buscando la reconciliación entre las iglesias, separadas desde la antigüedad, devolvió las reliquias de san Marcos a los coptos egipcios. El documental que sigue a continuación, aunque de escasa calidad y en lengua árabe, recoge este hecho histórico. Ojalá que la intercesión de san Atanasio, que tanto luchó por la unidad de la Iglesia, consiga en un futuro próximo la unidad con la comunidad cristiana copta, que de hecho cuenta con cerca de veinte millones de fieles, después de siglos de opresión musulmana.
Recordamos hoy en el martirológio a los santos Anastasio, Digna y Félix († 853), que murieron en la Córdoba de mediados del siglo IX y cuyos restos junto a otros cuarenta mártires se encuentran en la Iglesia de san Pedro de la misma ciudad.
Se tiene constancia de la construcción de un templo en este mismo lugar en el siglo IV para albergar los restos de los mártires cordobeses Januario, Marcial y Fausto. Siglos después y tras la conquista de Córdoba por parte de Fernando III, entre finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, se construye sobre las ruinas del antiguo templo, una iglesia dedicada a San Pedro.
A pesar de tratarse de una de las iglesias fundadas por Fernando III el Santo, su aspecto, sin embargo, no presenta algunas de las características propias de la época de su construcción, sino que es el resultado de numerosas reformas de las que ha sido objeto
Durante la ocupación mora y la imposición de su religión islámica hubo un episodio que es digno de resaltar. Se habla del esplendor Omeya, de la Córdoba de las tres culturas, de ser la primera ciudad del mundo, etc...
Arca de plata Que guarda las reliquias de los Santos Mártires de Córdoba. Iglesia de San Pedro de Córdoba
Pero hubo un aspecto que no se recuerda, el de los mártires de Córdoba. Éstos, al no tener armas con las que sublevarse, se levantaron con su fe y aceptaron la muerte antes de renegar de su catolicismo.
Bajo el emirato de Abderramán II (ahora los progres se empeñan en cambiar el nombre a los moros) fue cuando empezaron a cortar cabezas. Una de las primeras las de Perfecto quien renegó de Mahoma, tras él cuarenta y ocho notables de Córdoba se ofrecieron voluntariamente al martirio. Y durante los años posteriores muchos fueron los que eligieron este modo de resistencia pacífica, porque ante la imposibilidad de luchar: mejor morir dignamente que vivir subyugado.
Todos nuestros santos de hoy habían sido animados por san Fandila, santo que se recordaba ayer, a sufrir sin temor el martirio. Los tres mártires estaban relacionados con el gran monasterio cordobés de Tavana, al que también perteneció Fandila.
Digna, natural de Córdoba, era una religiosa contemplativa en el cenobio femenino que atendían los monjes tavanenses. Anastasio, también cordobés de nacimiento, había comenzado sus estudios en las aulas de la Iglesia de San Acisclo, donde fue ordenado sacerdote, luego decidió seguirlos en Tavana, donde abrazó la vida religiosa y fue ordenado sacerdote. Félix, por su parte, no había nacido en Córdoba, sino en Alcalá de Henares (otros apuntan que procedía de Getulia -África del norte- venido por azar a España y aquí se convirtió y abrazó el estado monástico en Asturias), aunque después lo destinaron a Córdoba.
Retablo capilla de los mártires Cordobeses
Los tres mártires fueron degollados y después quemaron sus cuerpos y arrojaron las cenizas al Guadalquivir, para evitar así que los cristianos los enterrasen y pudieran venerarlos. La Iglesia ha reunido a estos tres mártires el día 14 de junio.
Celebramos hoy con toda la Iglesia la Visitacion de Sta. Maria a su prima Santa Isabel. Un pasaje que el evangelista san Lucas describe en el cap. 1, 39-56. En éste están las palabras de Isabel incluidas hoy en el "Ave María", y la respuesta de María a modo de cántico, conocidas como el "Magníficat".
Dejamos aquí un video de los franciscanos en Tierra Santa sobre Ain Karem, lugar de la casa de Isabel y Zacarias. Tambien aquí el padre de Juan el Bautista entonaría el Benedictus.
La iglesia armenia se compone de clérigos casados (seculares) y monjes (observan el celibato). Los monjes armenios siguen la misma tradición monástica de coptos y bizantinos, pero son mucho más estrictos en materia de ayuno. El noviciado dura ocho años.
El hieromonje o sacerdote célibe hace voto de celibato la tarde del mismo día en que se ordena y se le da un veghar , una capucha especial, que simboliza su renuncia a las cosas mundanas. Al sacerdote célibe se le da el título de Monje ( armenio : Abegha ). Al completar con éxito la defensa de una tesis escrita, sobre un tema de su elección, el monje recibe el rango de Archimandrita ( Vardapet ). Esto indica que él es un "doctor" de la Iglesia. Puede acceder al rango más elevado de la Alta archimandrita ( Dzayraguyn Vardapet ) después de completar y defender una tesis doctoral. El rango sólo puede ser otorgado por Obispos que han alcanzado el rango de Archimandrita Superior. Los obispos son elegidos entre los sacerdotes célibes que han alcanzado el rango de Archimandrita.
La mayoría de los obispos armenios viven en los monasterios. Los armenios poseen el gran monasterio de Santiago, en el centro del barrio armenio de Jerusalén, donde vive el Patriarca de Jerusalén, y el convento de Deir asseituni, en el Monte Sión, con numerosas monjas.
Existe tres grandes comunidades monásticas en la Iglesia Apostólica Armena: la comunidad de la Madre de Dios en la Sede del Katholikós en Echmiadzin, la Comunidad de Santiago en el Patriarcado Armenio de Jerusalén, y la Comunidad de la Sede del Patriarcado Armeno de Cilicia.
Los Mechitaristas (armeno: Մխիթարեան), son una congregación, fundada en 1712 por Mechitar, de monjes benedictinos armenos en comunión con la Iglesia católica. Son los más conocidos por su serie de publicaciones académicas de las antiguas versiones armenias de antiguos textos griegos.
El centro del cristianismo armeno es la catedral de Echmiedzin, sede del Katholikós, su supremo jerarca. Armenia no formaba parte del Imperio romano, y mientras el emperador romano Diocleciano perseguía la Iglesia a comienzos del siglo IV, el reino de Armenia había abrazado la religión cristiana, que según la tradición había sido predicada por los apóstoles Bartolomé y Tadeo.
La catedral de Echmiedzin fue edificada por san Gregorio el Iluminador, en torno al 303. Según la tradición, tuvo una visión en la que Cristo mismo descendió sobre el cielo y golpeó con un martillo de oro el lugar en donde había de ser edificado el templo. Se construyó una basílica, que en el año 480 fue sustituida por una iglesia en forma de cruz, por mandado del gobernador del Imperio Persa-Sasánida. A su vez, dicho templo de madera fue sustituido por la actual catedral de piedra, edificada en el año 680. Su interior fue decorado por última vez a comienzos del siglo XVIII, tal como se conserva actualmente.
Los cristianos armenos sufrieron a comienzos del siglo XX, en el contexto de la Primera guerra Mundial, uno de los más horrendos genocidios de la Humanidad, cuando los turcos provocaron la muerte de más de dos millones de personas.
El beato papa Juan Pablo II visitó Armenia en el año 2001. Junto con el Katholikós Karekim II hizo una declaración muy esperanzadora para el esfuerzo ecuménico.
La celebración del XVII centenario de la proclamación del cristianismo como religión de Armenia nos ha reunido a nosotros, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica, y Karekin II, Patriarca supremo y Catholicós de todos los armenios; damos gracias a Dios por brindarnos esta feliz oportunidad de unirnos de nuevo en la oración común, para alabar su santísimo nombre. Bendita sea la santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y por siempre.
Al conmemorar este extraordinario acontecimiento, recordamos con reverencia, gratitud y amor al gran confesor de nuestro Señor Jesucristo, san Gregorio el Iluminador, así como a sus colaboradores y sucesores, los cuales no sólo han iluminado al pueblo de Armenia, sino también a otros en las regiones vecinas del Cáucaso. Gracias a su testimonio, entrega y ejemplo, el pueblo armenio en el año 301 después de Cristo fue inundado con la luz divina y se adhirió totalmente a Cristo, como la verdad, la vida y el camino de salvación.
Los armenios han adorado a Dios como su Padre, han confesado a Cristo como su Señor y han invocado al Espíritu Santo como su santificador; han amado a la Iglesia apostólica universal como su Madre. El mandamiento supremo de Cristo -amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos- se ha convertido en un estilo de vida para los armenios desde la antigüedad. Sostenidos por su gran fe, eligieron dar testimonio de la verdad y aceptaron morir cuando fue necesario, para participar en la vida eterna. Así, el martirio por amor a Cristo se convirtió en una gran herencia para muchas generaciones de armenios. El tesoro más precioso que una generación podía legar a la sucesiva era la fidelidad al Evangelio, para que, con la gracia del Espíritu Santo, los jóvenes llegaran a ser tan firmes como sus antepasados en el testimonio de la verdad. El exterminio de un millón y medio de cristianos armenios, en lo que se considera generalmente como el primer genocidio del siglo XX, y la siguiente aniquilación de miles bajo el antiguo régimen totalitario, son tragedias que todavía perduran en la memoria de la generación actual. Esos inocentes que fueron asesinados sin motivo no han sido canonizados, pero muchos de ellos fueron ciertamente confesores y mártires por el nombre de Cristo. Oramos por el descanso de sus almas y exhortamos a los fieles a no perder jamás de vista el sentido de su sacrificio. Damos gracias a Dios porque el cristianismo en Armenia ha sobrevivido a las adversidades de los diecisiete siglos pasados, y porque la Iglesia armenia ahora goza de libertad para cumplir su misión de proclamar la buena nueva en la moderna República de Armenia y en muchas regiones cercanas y lejanas, donde hay comunidades armenias.
Armenia es de nuevo un país libre, como en tiempos del rey Tirídates y de san Gregorio el Iluminador. Durante los últimos diez años en la naciente República ha sido reconocido el derecho de los ciudadanos de profesar libremente su religión. En Armenia y en la diáspora se han fundado nuevas instituciones armenias, se han construido iglesias y se han creado asociaciones y escuelas. En todo ello reconocemos la mano amorosa de Dios, porque ha obrado milagros a lo largo de la historia de una nación pequeña, que ha conservado su identidad peculiar gracias a su fe cristiana. Por su fe y su Iglesia, el pueblo armenio ha desarrollado una única cultura cristiana que es, sin duda alguna, una contribución muy valiosa al tesoro del cristianismo en su conjunto.
El ejemplo de la Armenia cristiana atestigua que la fe en Cristo infunde esperanza en cualquier situación humana, por difícil que sea. Oramos para que la luz salvífica de la fe cristiana brille sobre los débiles y los fuertes, sobre las naciones desarrolladas de este mundo y sobre las que están en vías de desarrollo. Hoy, en particular, la complejidad y los desafíos de la situación internacional exigen una elección entre el bien y el mal, entre las tinieblas y la luz, entre la humanidad y la inhumanidad, entre la verdad y la mentira. Las cuestiones actuales relativas a la ley, a la política, a la ciencia y a la vida familiar atañen al significado mismo de la humanidad y de su vocación.
Interpelan a los cristianos de hoy, como a los mártires de otros tiempos, a dar testimonio de la verdad, incluso con el riesgo de pagar un precio muy alto.
Este testimonio será mucho más convincente si todos los discípulos de Cristo profesan juntos la única fe y sanan las heridas de la división entre ellos. Que el Espíritu Santo guíe a los cristianos y a todas las personas de buena voluntad por el camino de la reconciliación y de la fraternidad. Aquí, en la santa Echmiadzin, renovamos nuestro solemne compromiso de orar y trabajar para apresurar el día de la comunión entre todos los miembros de la grey fiel de Cristo, respetando verdaderamente nuestras respectivas tradiciones sagradas.
Con la ayuda de Dios, no haremos nada contra el amor, sino que, "teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudiremos todo lastre y el pecado que nos asedia, y correremos con perseverancia la prueba que se nos propone" (cf. Hb 12, 1).
Exhortamos a nuestros fieles a orar sin cesar para que el Espíritu Santo nos conceda a todos, como a los santos mártires de todos los tiempos y lugares, la sabiduría y la valentía de seguir a Cristo, camino, verdad y vida.
Si ayer hablamos de la Iglesia Ortodoxa griega, hoy vamos a hablar de una iglesia aún más antigua, que ni es católica ni es ortodoxa: la Iglesia armenia. Armenia fue un reino independiente del Cáucaso, situado junto al mar Negro. El Cristianismo llegó, según la tradición, por medio de los apóstoles Judas Tadeo y Bartolomé. Por eso, la denominación oficial de esta Iglesia, que cuenta con unos siete millones de fieles en todo el mundo, es de Iglesia Apostólica armena. Su gran santo fue san San Gregorio el Iluminador, a finales del siglo III. Se separó de Roma tras el concilio de Calcedonia del 541, junto con los patriarcados de Alejandría y Antioquía, acentuando la línea monofisita, que considera en Cristo una única naturaleza divina.
La cabeza jerárquica de esta Iglesia se llama el Catholikós. En el ámbito de su organización interna, una peculiaridad de la Iglesia Apostólica Armenia es que se encuentra dividida actualmente en cuatro centros jurisdiccionales, en parte debido a los traslados de sede en la Edad Media que dieron lugar a rivalidades, a saber: Patriarcado Armenio de Jerusalén (Israel); Patriarcado Armenio de Constantinopla (Turquía); Patriarcado Armenio de Sis (Líbano); y Patriarca Supremo y Katholikós de Todos los Armenios con sede en Echmiadzin (Armenia)que es el Primado de la Iglesia apostólica armenia. La mayoría de los fieles de esta iglesia reconocen como líder espiritual a este último y en la actualidad las primeras dos sedes jurisdiccionales tienden a reconocer al último como la cabeza de la Iglesia Armenia en su totalidad y están en plena comunión con él. El Catholikós de Echmiadzin tiene jurisdicción sobre todos los armenios que habitan el antiguo territorio de la Unión Soviética, y sobre casi todos los de la diáspora, lo cual incluye unos 5 millones de fieles.
Vamos a ver en primer lugar un recorrido por diversos monasterios primitivos de Armenia.
Por último, veremos un fragmento de una Divina Liturgia Armena, con traducción al inglés, muy interesante por las grandes similitudes con la liturgia católica.
Es difícil hacernos hoy a la idea la importancia que tuvo Alejandría para la historia del Cristianismo. Según la tradición, esta Iglesia fue fundada directamente por el apóstol san Marcos. No cabe duda de que su origen puede ser muy cercano a la vida del propio Jesús, dada la importante presencia de una comunidades judías en todo Egipto y, de una manera peculiar, en su metrópolis Alejandría. El antiguo Egipto de los faraones terminó en poder de los reyes helenistas, los Ptolomeos, y terminó siendo conquistada por Roma en tiempos de Cleopatra y Julio César. La ciudad de Alejandría fue fundada en la delta del Nilo, en honor de Alejandro Magno, su conquistador. Desde entonces, esta ciudad fue una de las principales urbes del mundo, junto con roma o Antioquía.
El cristianismo floreció rápidamente en Egipto. Las persecuciones no pudieron extirparlo, y produjeron un impresionante número de mártires. Antes de terminar las persecuciones, nació también allí el movimiento monástico cristiano.
Con la paz del emperador Constantino, la sede episcopal de Alejandría alcanzó una importancia similar a la de Roma o a la de Antioquía. De hecho, en el primer concilio ecuménico de Nicea del año 325, ya los tres patriarcas se reconocen mutuamente su preminencia. En el siguiente concilio ecuménico, se añadirá la sede de la nueva capital imperial, Constantinopla; y, posteriormente, dada la importancia espiritual de la Tierra Santa, se reconoció como sede patriarcal a Jerusalén. Estos reconocimientos configuraron la llamada Pentarquía, es decir, la estructuración de la Iglesia de la Antigüedad en torno a cinco iglesias preeminentes: Roma, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Jerusalén.
En la lista de los patriarcas de Alejandría sobresalen dos grandes doctores de la Iglesia: san Atanasio (cuya memoria hoy celebramos), y san Cirilo. La catedral patriarcal de Alejandría siempre fue la Catedral de San Marcos, donde se custodiaban las reliquias del Apóstol. Estas reliquias fueron robadas en el curso de las Cruzadas por las tropas venecianas, que las llevaron a Venecia, surgiendo así la sede patriarcal y la catedral de san Marcos de Venecia.
En los años sesenta del pasado siglo, el papa Pablo VI, buscando la reconciliación entre las iglesias, separadas desde la antigüedad, devolvió las reliquias de san Marcos a los coptos egipcios. El documental que sigue a continuación, aunque de escasa calidad y en lengua árabe, recoge este hecho histórico. Ojalá que la intercesión de san Atanasio, que tanto luchó por la unidad de la Iglesia, consiga en un futuro próximo la unidad con la comunidad cristiana copta, que de hecho cuenta con cerca de veinte millones de fieles, después de siglos de opresión musulmana.