miércoles, 9 de diciembre de 2015

Santa Leocadia de Toledo

Nos recuerda hoy el Martirologio Romano el martirio de santa Leocadia, en Toledo, insigne por la confesión de Cristo, en el año 303, durante la persecución del emperador Diocleciano. Hacia el siglo IV de nuestra Era, Roma dominaba la península, y había designado como gobernador de las tierras en las que se asentaba la ciudad de Toletum a Publio Daciano. Vino a Hispania con el objetivo claro de perseguir y someter a los cristianos que no querían reconocer como su Dios al emperador. A los pocos días de su llegada el nuevo pretor mandó publicar un duro edicto colocando a los cristianos fuera de la ley y ordenando su persecución y encarcelamiento.

Se iniciaron las persecuciones y fueron muchos los residentes en la Toledo romana que fueron llevados a la cárcel situada en la “Roca Tarpeya”, donde, incomunicados, esperaban la hora de su muerte siendo arrojados por el precipicio que daba fin en el Tajo. Poco a poco la “resistencia” cristiana a aceptar al Emperador y su religión fue decayendo en la ciudad, pero un buen día los espías de Daciano le informaron que una tierna joven, educada en el monasterio de las Hijas de Elías, llamada Leocadia (que significa mujer blanca) insistía en rezar al Dios cristiano y en hacer públicas muestras de su Fe. Capturada la joven y llevada a las mazmorras cercanas al Pretorio, agotaron los torturadores cuantas patrañas idearon para transformar su creencia a los deseos del Emperador. Viendo que esto no era posible, y que la joven no cejaba de invocar y rezar a su Dios, fue azotada cruelmente. Allí fue abandonada casi muerta.


Una noche de un 9 de diciembre entre los años 303 a 306, los centinelas de la cárcel sintieron un ruido sobrenatural y observaron una potente luz que provenía de la celda en la que había quedado abandonada la joven cristiana… Por temor, hasta la mañana siguiente no se acercaron a la mazmorra, donde sólo hallaron el rígido cuerpo de la joven Leocadia.

Dieron cuenta del suceso a Daciano, y éste ordenó que fuera el cadáver arrojado, como era costumbre en otras ciudades, detrás de un templo pagano en ruinas, que estaba situado en la Vega, cerca de la margen derecha del Tajo. Saliendo por la puerta más cercana al Anfiteatro, un carro portaba los restos de la joven mártir y llegando próximos al río, el cuerpo fue abandonado sin recibir sepultura alguna.

Iglesia mudéjar de santa Leocadia

Una vez llegada la noche, un grupo de fieles toledanos, que aún resistían en secreto a su fe cristiana, habiendo visto cómo el cuerpo de la joven era arrojado tras el templo, se aproximaron al paraje para dar sepultura a los restos de Leocadia. Con algunas piedras levantaron un pequeño y disimulado mausoleo en el que durante largos años de dominio romano muchos se acercaban en las tinieblas de la noche a rezar por el alma de la joven virgen Leocadia, guardando en el recuerdo durante generaciones el lugar donde los restos fueron sepultados.


Años más tarde, ya reconocida la fe cristiana como parte del Imperio Romano tras el edicto de Milán dado por el emperador Constantino, se dedicó un templo en el mismo sitio en que fue sepultada, hacia el siglo IV, siendo el primero construido en esta capital, y hecho Basílica durante el período Visigodo bajo el reinado de Sisebuto hacia el 618, lugar en el que se celebraron los famosos Concilios de Toledo y en la que fueron enterrados los arzobispos de Toledo Eladio, Eugenio, Ildefonso y Julián.

Ermita del Cristo de la Vega (antigua de Santa Leocadia

También en el lugar donde Leocadia estuvo encarcelada y donde murió (en la parte baja del lado oriental del Alcázar) se levantó una iglesia que, renovada por Alfonso X, no ha llegado a nuestros días.



martes, 8 de diciembre de 2015

La fiesta de la Inmaculada Concepción en la tradición Occidental


En la Iglesia Occidental la fiesta apareció (8 de diciembre) cuando en el Oriente su desarrollo se había detenido. El tímido comienzo de la nueva fiesta en algunos monasterios anglosajones en el siglo XI, en parte ahogada por la conquista de los normandos, vino seguido de su recepción en algunos cabildos y diócesis del clero anglo-normando. Pero el intento de introducirla oficialmente provocó contradicción y discusión teórica en relación con su legitimidad y su significado, que continuó por siglos y no se fijó definitivamente antes de 1854. El «Martirologio de Tallaght» compilado hacia el año 790 y el «Feilire» de San Aengo (800) registran la Concepción de María el 3 de mayo. Es dudoso, sin embargo, que una fiesta real correspondiese a esta rúbrica del sabio monje San Aengo. Ciertamente, esta fiesta irlandesa se encuentra sola y fuera de la línea del desarrollo litúrgico; aparece aislada, no como un germen vivo. El escoliasta añade, en el margen inferior del «Feilire», que la concepción (Inceptio) se realizó en febrero, puesto que María nació después del séptimo mes---una noción singular que se encuentra también en algunos autores griegos. El primer conocimiento definido y confiable de la fiesta en Occidente vino desde Inglaterra; se encuentra en el calendario de Old Minster, Winchester (Conceptio Sancta Dei Genitricis Maria), que data desde cerca del 1030, y en otro calendario de New Minster, Winchester, escrito entre 1035 y 1056; un pontifical de Exeter del siglo XI (datada entre 1046 y 1072) contiene una «benedictio in Conceptione S. Mariae»; una bendición similar se encuentra en un pontifical de Canterbury escrito probablemente en la primera mitad del siglo XI, ciertamente antes de la Conquista. Estas bendiciones episcopales muestran que la fiesta no se encomendaba sólo a la devoción de los individuos, sino que era reconocida por la autoridad y observada por los monjes sajones con considerable solemnidad. La evidencia muestra que el establecimiento de la fiesta en Inglaterra se debió a los monjes de Winchester antes de la Conquista (1066).

Desde su llegada a Inglaterra los normandos trataron de un modo despectivo las observancias litúrgicas inglesas; para ellos esta fiesta aparecía específicamente inglesa, un producto de la simplicidad e ignorancia insular. Sin duda alguna, la celebración pública fue abolida en Winchester y Canterbury, pero no murió en el corazón de los individuos, y en la primera oportunidad favorable restauraron la fiesta en los monasterios. Sin embargo, en Canterbury no se restableció antes de 1328. Numerosos documentos expresan que en tiempo de los normandos comenzó en Ramsey, conforme a una visión concedida a Helsin o Aethelsige, abad de Ramsey, al regreso de su viaje a Dinamarca, adonde fue enviado por Guillermo I hacia el año 1070. Un ángel se le apareció durante un fuerte temporal y salvó el barco depués de que el abad prometiese establecer la Fiesta de la Concepción en su monasterio. No obstante considerar el carácter sobrenatural de la leyenda, debemos admitir que el envío de Helsin a Dinamarca es un hecho histórico. El relato de la visión se encuentra en varios breviarios, incluso en el Breviario Romano de 1473. El Concilio de Canterbury (1325) atribuye a San Anselmo, Arzobispo de Canterbury (murió 1109) el restablecimiento de la fiesta en Inglaterra. Pero aunque este gran doctor escribió un tratado especial «De Conceptu virginali et originali peccato», en el que estableció los principios de la Inmaculada Concepción, es cierto que no pudo introducir la fiesta en ningún lugar. La carta que se le atribuye, y que contiene la narración de Helsin, es espuria. El principal propagador de la fiesta después de la Conquista fue Anselmo, el sobrino de San Anselmo. Fue educado en Canterbury, donde pudo haber conocido a algunos monjes sajones que recordaban la solemnidad en tiempos anteriores; después de 1109 y durante algún tiempo fue abad de San Sabas en Roma, donde los Oficios Divinos se celebraban según el calendario griego. Cuando en 1121 fue nombrado Abad en la Abadía de Bury San Edmundo estableció allí la fiesta; en cierto modo, al menos por sus esfuerzos, otros monasterios también la adoptaron, como Reading, San Albans, Worcester, Cloucester y Winchcombe.

Pero otros desvalorizaron su observancia por considerarla absurda y extraña, y que la antigua fiesta oriental era desconocida para ellos. Dos obispos, Roger de Salisbury y Bernard St. David, declararon que la festividad había sido prohibida por un concilio y que se debía detener su observancia. Durante la vacante de la Sede de Londres, cuando Osbert de Clare, Prior de Westminster, intentó introducir la fiesta en Westminster (8 de Diciembre de 1127), un grupo de monjes se levantó contra él en el coro y dijo que la fiesta no debía ser guardada porque no había autorización de Roma (cf. Carta de Osbert a Anselmo en Obispo, p. 24). Entonces el asunto fue llevado ante el Concilio de Londres en 1129. El sínodo decidió a favor de la fiesta, y el Obispo Gilbert de Londres la adoptó en su diócesis. Después de esto la fiesta se extendió en Inglaterra, pero por un tiempo retuvo su carácter privado, por lo cual el sínodo de Oxford (1222) rechazó elevarla al rango de fiesta de precepto.

En Normandía, en tiempos del obispo Rotric (1165-83), la Concepción de María fue fiesta de precepto con igual dignidad que la Anunciación en la Arquidiócesis de Rouen y en sus seis diócesis sufragáneas. Al mismo tiempo, los estudiantes normandos de la Universidad de París la eligieron como fiesta patronal. Debido a la cercana conexión de Normandía con Inglaterra, pudo haber sido importada desde este último país a Normandía, o los varones normandos y el clero pudieron haberla traído a casa de sus guerras en la Baja Italia, donde era universalmente solemnizada por los habitantes griegos. Durante la Edad Media la Fiesta de la Concepción de María fue comúnmente llamada la «Fiesta de la nación normanda», lo cual muestra que en Normandía la celebraban con gran esplendor y que desde allí se extendió a toda la Europa Occidental. Passaglia sostiene que la fiesta se celebraba en España en el siglo VII. El obispo Ullathorne también consideró aceptable esta opinión. Si esto es verdad, es difícil entender por qué desapareció completamente en España más tarde, ya que no aparece ni en en la liturgia mozárabe genuina ni el calendario de Toledo del siglo X editado por Jean Morin. Las dos pruebas que da Passaglia son fútiles: la vida de San Isidoro, falsamente atribuida a San Ildefonso, la cual menciona la fiesta, es interpolada, mientras que la expresión «Conceptio S. Mariae» del Código visigodo se refiere a la Anunciación.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Basílica de san Ambrosio en Milán


Recordamos hoy al gran san Ambrosio de Milán. Nació en una noble familia cristiana, pero no estaba bautizado. Su padre Aurelius Ambrosius era prefecto de la Gallia Narbonensis. A la temprana muerte de su padre, su madre lo llevó a Roma, siendo todavía un muchacho, y lo preparó para la carrera civil, proporcionándole una sólida instrucción retórica y jurídica.

Ambrosio estaba previsto que también se convirtiera en funcionario imperial. En el lugar de Roma en que, según la tradición, vivía con su hermana Marcelina, hoy en día se alza la iglesia de Sant’Ambrogio della Massima. Finalmente acabó trabajando en Sirmium bajo el prefecto Sextus Petronius Probus, una de las personalidades más relevantes del momento, que hacia el 372/73 le encomendó la provincia Aemilia-Liguria (Emilia y Liguria). La sede de la provincia estaba en Milán, que por aquel entonces también era residencia imperial.

La diócesis de Milán, como toda la Iglesia, estaba profundamente dividida entre católicos y arrianos. Cuando en el año 374, tras la muerte de Auxentius, un arriano, el prefecto, muy respetado por todos, acudió personalmente a la basílica, donde se iba a celebrar la elección, para impedir cualquier conato de rebelión. Según la tradición, su discurso fue interrumpido por el grito de un niño: Ambrosius episcopus

Aunque era un candidato aceptado por todos, él mismo se opuso enérgicamente a su elección, pues no se consideraba preparado para ello: era todavía catecúmeno, es decir, se estaba preparando para el bautismo. Solo por intervención del emperador se mostró finalmente dispuesto. En el plazo de una semana recibió los sacramentos del bautismo y del orden, siendo ordenado diácono y sacerdote, con lo que ya no había impedimentos canónicos para su consagración episcopal.

Siendo obispo fue adquiriendo sólidos conocimientos teológicos, estudiando la Biblia y autores griegos, como Filón, Orígenes, Atanasio y Basilio de Cesarea, con quien mantuvo correspondencia. El estudio junto con la meditación de la Escritura será la fuente que nutrirá su actividad: la predicación, en la que también aprovechaba sus conocimientos anteriores de Retórica y de griego; acción pastoral y social...


En la liturgia introdujo el canto ambrosiano, al que da nombre. Su carácter, sus homilías y su interpretación de la Biblia impresionaron a Agustín; en la Pascua del 387 fue bautizado por Ambrosio; dice la tradición que en fue en ese momento cuando surgió el Te Deum.

Después de san Hilario, Ambrosio será el primero de los Padres de la Iglesia occidental, de la época dorada de la Patrística, junto a los otros dos, contemporáneos, con los que mantendrá relación: los santos Jerónimo y Agustín.

Su Basílica en Milán es un notable edificio de la época pre-románica. Edificada entre el año 379 y el 386 por voluntad del obispo de Milán, San Ambrosio, fue construida en una zona en la que se había sepultado anteriormente a cristianos martirizados durante las persecuciones romanas. Por este motivo fue dedicada a los mártires y se llamó Basilica Martyrum: el mismo Ambrosio quería poner en ella todas las reliquias de los mártires Sátiro y Víctor, Nabor, Vital, Félix, Valeria, Gervasio y Protasio. También Ambrosio fue sepultado en esta iglesia que, a partir de entonces y en su honor, lleva su nombre.

En el siglo IX, el obispo Angiberto II (824-860) llevó a cabo importantes modificaciones. Hizo añadir el ábside, precedido por una bóveda de cañón, y lo decoró con un gran mosaico, el Redentor en el trono entre los mártires Protasio y Gervasio, con los arcángeles Miguel y Gabriel, unido a dos episodios de la vida de san Ambrosio.

Al ciborio paleocristiano se le añadieron cuatro tímpanos decorados con estucos en el siglo X. Bajo el ciborio se colocó el altar de San Ambrosio, obra maestra de la orfebrería carolingia en oro, plata, piedras preciosas y esmaltes.


La basílica adquirió su aspecto definitivo entre 1088 y 1099 cuando, por iniciativa del obispo Anselmo, se reconstruyó según los esquemas de la arquitectura románica. Se mantuvieron las tres naves sin transepto y sus tres ábsides correspondientes, además de un cuadripórtico. El tiburio fue añadido hacia fines del siglo XII pero se derrumbó en 1196. Entonces se reconstruyó con su particular disposición externa caracterizada por galerías con arcos en dos niveles sobrepuestos.

viernes, 4 de diciembre de 2015

San Juan Damasceno. Monasterio de San Sabas

El Martirologio romano nos recuerda hoy la santidad de san Juan Damasceno, con las siguientes palabras: San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia, célebre  por su santidad y por su doctrina, que luchó valerosamente de palabra y por escrito contra el emperador León Isáurico para defender el culto de las sagradas imágenes, y hecho monje en la laura de San Sabas, cerca de Jerusalén, compuso himnos sagrados y allí murió. Su cuerpo fue enterrado en este día (c. 750)

San Juan Damasceno (676 - 749-754?) nació de familia acomodada: su abuelo había sido funcionario al servicio del Imperio Bizantino, y tras la conquista musulmana de Siria pasó a servir a los Omeyas. San Juan trabajó en un primer tiempo como responsable de las finanzas del califa Abd al-Malik, pero sintió una llamada espiritual que le llevó a Palestina, en donde se inició como monje y fue ordenado en el monasterio de Mar Saba, donde pasó la mayor parte de su vida. Se dedicó al estudio y a escribir. Pretendió exponer sistemáticamente todo el dogma cristiano y no abordar unos pocos temas como hicieran sus antecesores. Por eso su pensamiento y su obra se convirtieron en las expresiones más perfectas del espíritu escolástico. Cuando el emperador de Constantinopla prohibió el culto a las imágenes haciéndose eco de los iconoclastas que acusaban a los cristianos occidentales y orientales -fundamentalmente los monjes- de adorar imágenes, San Juan Damasceno defendió la práctica de la veneración, no adoración, de las imágenes religiosas contra los iconoclastas: Lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen. La tumba de San Juan se encuentra en una cueva debajo del monasterio.


Por eso, hoy vamos a visitar la Gran Laura de San Sabas. Es un monasterio ortodoxo griego excavado en la ladera de una montaña con vistas al valle del Cedrón en Israel. Fue fundado por San Sabas de Capadocia en el año 439 y hoy alberga alrededor de 20 monjes. Se considera uno de los monasterios habitados más antiguos del mundo, y todavía mantiene muchas de sus tradiciones antiguas. Una muy especial es la prohibición a las mujeres la entrada en el complejo principal.

Mar Saba fue también el hogar de San Juan Damasceno. San Juan Damasceno fue una de las figuras religiosas dominantes en la controversia iconoclasta, que alrededor del año 726 escribió las cartas al emperador bizantino Leo III Isáurico refutando sus decretos que prohibían la veneración de imágenes o las estatuas de Cristo o de otros iconos cristianos.

Tumba de San Sabas

El monasterio jugó un papel importante en el desarrollo histórico de la liturgia de la Iglesia ortodoxa en que el Typikón monástico (manera de celebrar servicios de la adoración) del santo Sabas se convirtió en el estándar en la Iglesia ortodoxa del este así como en las Iglesias católicas del este que siguen el rito bizantino. El Typikón tomó la forma estándar de servicios que fueron oficiados en el patriarcado de Jerusalén y agregó algunos usos específicamente monásticos que eran tradiciones locales en el santo Sabas. De allí se extendió a Constantinopla, y luego a través del mundo bizantino. Aunque este Typikón haya experimentado evoluciones posteriores, particularmente en el monasterio del Stoudion en Constantinopla, todavía se le conoce como el Typikón del santo Sabas.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El Castillo de Javier (Navarra)


El Castillo de Javier está situado en la Villa del mismo nombre, en la frontera entre Navarra y Aragón. Una situación geográfica inmejorable, pues era el paso obligado de los pastores del valle del Roncal, cuando llevaban los rebaños a temperar a las Bardenas en los fríos inviernos, y de los transportadores de madera por su cercano río en forma de almadías. La necesidad de paso de unos y otros no dejó de reportar algunos ingresos al padre de Francisco. Desde el punto de vista militar, su ubicación fronteriza lo hace de gran valor en las pugnas entre Navarra y Aragón, cuando esta última estaba dominada por los moros que pretendían seguir su paso hacia el norte, cosa que imposibilitaba la fortaleza de Javier. 


Los primeros documentos que hablan de la existencia del castillo datan del año 1217. No obstante, según afirman los historiadores, puede remontarse a los años finales del siglo X o inicios del XI. La primera época del castillo es meramente militar.El castillo de 1217 ya contaba con una pequeña torre que hacía las veces de capilla, hoy denominada la Torre del Cristo.


La segunda época del castillo tiene lugar a finales del siglo XV, cuando la familia de Francisco recibe de la familia Sada el edificio. El padre de Francisco construye un palacio para la vivienda de su familia junto a la capilla del Cristo, el denominado palacio «nuevo», que estaría ubicado en el lugar de la actual basílica. En esas estancias llegó al mundo el 7 de abril de 1506 el único hijo de la familia que nace en la Villa, Francisco de Javier. 


La tercera época está marcada con el signo de la destrucción. Fracasados los intentos de independencia del Reino de Navarra del Reino de Castilla, el Cardenal Cisneros ordena derribar todas las fortalezas que puedan ser semillas de nuevas insurrecciones. El castillo sufre daños de gran escala que presencia Francisco, que entonces sólo tenía diez años. Las murallas exteriores fueron derribadas, las torres se desmocharon, quitándole su posibilidad de vigilar y otear el panorama del entorno, las fosas que fueran inexpugnables son rellenadas y se inutilizaron las saeteras y los matacanes. Es decir, de fortaleza estratégica pasó a ser una simple casa grande. 


En 1892 se inicia su primera restauración por patrocinio de la duquesa XV de Villahermosa y en 1952 la segunda, dirigida por el jesuita Recondo. Se restauraron las torres, las fosas, las murallas exteriores y los demás elementos de defensa. Para entonces la sala de capellanes y la sala grande ya estaban convertidas en museo y contaban con la bellísima Capilla del Cristo, expresión significativa del arte gótico.

Fuente: www.jesuitas.es

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Lugares de la Santa Escritura para Adviento

Santuario de la Peña de Francia

Isaías 60, 4; 62, 11

Leva Ierusalem oculos,
et vide potentiam regis:
Ecce Salvator venit
solvere te a vinculo.

Levanta la vista en torno, Jerusalén,
y contempla el pdoer del rey:
Mira a tu Salvador
que viene a liberarte de las cadenas.

martes, 1 de diciembre de 2015

Lugares de la Santa Escritura para Adviento


Isaías 11, 1; Salmo 79, 19; Lucas 3, 6

Egredietur virga de radice Iesse,
et replebitur omnis terra gloria Domini:
et videbit omnis caro salutare Dei.

Brotará un renuevo del tronco de Jesé,
y la gloria del Señor llenará toda la tierra;
y todos verán la salvación de Dios