jueves, 9 de marzo de 2017
miércoles, 8 de marzo de 2017
Monasterio de Irache
En la ciudad de Estella, en Navarra, san Veremundo, abad de Irache, el cual, habiendo abrazado desde joven la vida monástica, estimuló a sus monjes a buscar la perfección, con su ejemplo, y con ayunos y vigilias (año 1095)
Este anuncio del Martirologio Romano en el día de hoy nos invita a desplazarnos al Reino de Navarra, justo a la salida de Estella por el Camino de Santiago, donde se alza el que fuera uno de los monasterios más importantes de España, sede durante muchos años hasta la Exclaustración de uno de los centros de estudios donde se formaron los monjes benedictinos.
De san Veremundo, abad de Irache, sabemos que a los doce años, hacia 1032, fue admitido en el monasterio de Irache, donde su tío Muni era abad. Muy devoto de la Santísima Virgen, venerada en Irache, los monjes decían que hablaba con su sagrada imagen, en la iglesia del monasterio. Al morir su tío, los monjes lo eligieron abad, hacia 1052.
San Veremundo perteneció a la tradición monástica y litúrgica hispánica, previa a la introducción de la reforma gregoriana a finales del siglo XI. Parece que Veremundo habría muerto en Irache el 8 de marzo de 1092, o puede que 1099. Lo cierto es que el Monasterio perduró hasta el siglo XIX como importante centro benedictino.
martes, 7 de marzo de 2017
Santa Perpetua de Cartago
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| Martirio de Perpetua, Felicidad, Revocato, Saturnino y Secundulo Menologio de Basilio II (año 1000) |
La Liturgia recuerda hoy la Pasión de las santas Perpetua y Felicidad, en Cartago, la opulenta ciudad del norte de África, en el actual Túnez. Esta antigua ciudad, enemiga de Roma, que terminó cayendo en su poder tras las guerra púnicas, vio florecer una heroica comunidad cristiana. Conservamos el relato de su martirio, que todavía hoy nos llena de admiración, por más que aquellos lugares santos que se erigieron sobre sus tumbas han desaparecido. El texto de su Pasión dice así:
Brilló por fin el día de la victoria de los mártires y marchaban de la cárcel al anfiteatro, como si fueran al cielo, con el rostro resplandeciente de alegría, y sobrecogidos no por el temor, sino por el gozo. La primera en ser lanzada en alto fue Perpetua y cayó de espaldas. Se levantó, y como viera a Felicidad tendida en el suelo, se acercó, le dio la mano y la levantó. Ambas juntas se mantuvieron de pie y, doblegada la crueldad del pueblo, fueron llevadas a la puerta llamada Sanavivaria. Allí Perpetua fue recibida por un tal Rústico, que por entonces era catecúmeno, y que la acompañaba. Ella, como si despertara de un sueño (tan fuera de sí había estado su espíritu), comenzó a mirar alrededor suyo y, asombrando a todos, dijo:
«¿Cuándo nos arrojarán esa vaca, no sé cual?».
Como le dijeran que ya se la habían arrojado, no quiso creerlo hasta que comprobó en su cuerpo y en su vestido las marcas de la embestida. Después, haciendo venir a su hermano, también catecúmeno, dijo:
«Permaneced firmes en la fe, amaos los unos a los otros y no os escandalicéis de nuestros padecimientos».
Del mismo modo Saturo, junto a la otra puerta, exhortaba al soldado Pudente, diciéndole:
«En resumen, como presentía y predije, hasta ahora no he sentido ninguna de las bestias. Ahora créeme de todo corazón: cuando salga de nuevo, seré abatido por una única dentellada de leopardo».
Cuando el espectáculo se acercaba a su fin, fue arrojado a un leopardo y de una dentellada quedó tan cubierto de sangre, que el pueblo, cuando el leopardo intentaba morderle de nuevo, como dando testimonio de aquel segundo bautismo, gritaba:
«Salvo, el que está lavado; salvo, el que está lavado». Y ciertamente estaba salvado por haber sido lavado de esta forma.
Entonces Saturo dijo al soldado Pudente:
«Adiós, y acuérdate de la fe y de mí; que estos padecimientos no te turben, sino que te confirmen».
Luego le pidió un anillo que llevaba al dedo y, empapándolo en su sangre, se lo entregó como si fuera su herencia, dejándoselo como prenda y recuerdo de su sangre. Después, exánime, cayó en tierra, donde se encontraban todos los demás que iban a ser degollados en el lugar acostumbrado. Pero el pueblo exigió que fueran llevados al centro del anfiteatro para ayudar, con sus ojos homicidas, a la espada que iba a atravesar sus cuerpos. Ellos se levantaron y se colocaron allí donde el pueblo quería, y se besaron unos a otros para sellar el martirio con el rito solemne de la paz. Todos, inmóviles y en silencio, recibieron el golpe de la espada; especialmente Saturo, que había subido el primero, pues ayudaba a Perpetua, fue el primero en entregar su espíritu. Perpetua dio un salto al recibir el golpe de la espada entre los huesos, sin duda para que sufriera algún dolor. Y ella misma trajo la mano titubeante del gladiador inexperto hasta su misma garganta. Quizás una mujer de este temple, que era temida por el mismo espíritu inmundo, no hubiera podido ser muerta de otra forma, si ella misma no lo hubiese querido. ¡Oh valerosos y felices mártires! ¡Oh, vosotros, que de verdad habéis sido llamados y elegidos para gloria de nuestro Señor Jesucristo!
El siguiente reportaje está en inglés. Se pueden habilitar los subtítulos y traducirlos al español. Contiene una historia de las persecuciones romanas, y del propio martirio de santa Perpetua.
sábado, 4 de marzo de 2017
San Casimiro de Polonia. Catedral de Vilna (Lituania)
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| Capilla con la tumba de san Casimiro. Catedral de Vilna |
Recordamos hoy a san Casimiro. Nació en Cracovia, la sede real polaca en 1458 como hijo del rey Casimiro IV Jagellón y de su esposa Isabel de Habsburgo de Hungría. Desde muy pequeño demostró gran devoción a Dios y humildad, destacando como una de sus más grandes características la pureza y bondad, habiendo hecho voto de castidad.
Puesto que una facción de la nobleza húngara estaba descontenta con el rey Matías Corvino de Hungría (1458-1490), el joven príncipe polaco de tan solo 13 años de edad fue llamado al reino para ocupar el lugar del otro monarca. Los derechos al trono fueron legitimados por la nobleza húngara, ya que la madre de Casimiro era hija del fallecido rey Alberto de Hungría, y su tío paterno (hermano del rey Casimiro IV de Polonia) llegó a ser coronado como Vladislao I de Hungría y reinó por 4 años. De esta forma, Casimiro arribó en 1471 a las fronteras húngaras aceptando la elección para brindar defensa al mundo cristiano contra los turcos invasores, que según la nobleza húngara el rey Matías no combatía.
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| Catedral de Vilna |
El arzobispo de Esztergom Juan Vitéz, siendo la más alta autoridad eclesiástica en el reino, y a pesar de haber sido el tutor del rey Matías en su infancia, accedió a apoyar a la nobleza húngara descontenta y eventualmente a coronar a Casimiro como rey. Sin embargo el consejo eclesiástico canónigo de Esztergom, guiado por el obispo Juan Beckensloer, enterándose de la conspiración informó inmediatamente al rey Matías que se hallaba en una campaña militar en suelo checo por el trono de Bohemia. En muy breve tiempo el rey húngaro se presentó de sorpresa en Esztergom y envió a los nobles Miguel Országh y Emérico Szapolyai para que resolviesen el asunto pacíficamente. Casimiro se vio forzado a interrumpir su viaje y a renunciar a sus pretenciones al trono húngaro (sin embargo su hermano menor será coronado en 1490 tras la muerte de Matías como Vladislao II de Hungría)
De 1479 a 1483, Casimiro llevó los asuntos de gobierno en Polonia sustituyendo a su padre ausente y murió a los 26 años de edad el 4 de marzo de 1484 tras enfermarse gravemente en Grodno (Lituania) durante un viaje. Sus restos se encuentran en Vilna, la capital de Lituania. Poco después de su muerte surgieron iniciativas para promover su canonización, que se produjo en 1521 bajo el gobierno del papa León X.
viernes, 3 de marzo de 2017
Torres del Rio
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: - «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: -«¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»
Mateo 9, 14-15
Leyendo el Evangelio de hoy me ha venido a la memoria la Iglesia del Santo Sepulcro de Torres del Rio. Es una pequeña, preciosa y singular iglesia románica, construida hacia el año 1170. Se piensa que pudo ser una construcción de la Orden del Santo Sepulcro y que su arquitectura peculiar evocase el Santo Sepulcro de Jerusalén.
Es de planta octogonal y rematada por una cúpula, ésta se alza sobre el cuerpo principal del edificio y se puede decir que es de influencia califal, con ocho arcos apuntados que se entrecruzan sin unirse en el centro, de tal modo que que dejan en el medio un espacio ochavado que a su vez se abre con bóveda cupuliforme y sirve de base a la torre superior que se remata con una linterna también de ocho lados. La cúpula del cuerpo central es un elemento de gran singularidad, elevando hacia lo alto el espíritu y haciendole perder, casi, el sentido de la gravedad.
El ábside se abre al cuerpo octogonal por un arco triunfal apuntado y doblado. Hay que fijarse bien en sus dos capiteles pues su iconografía está muy relacionada con la función funeraria que se le supone a esta iglesia. En efecto, en estos capiteles aparece la escena del Descendimiento de Cristo, momento que representa el dolor de la muerte y en el otro la Resurrección con las tres Marías ante el sepulcro vacío, que simboliza la esperanza en la vida eterna y el triunfo sobre la muerte.
Esta singular construcción se encuentra en el camino de Santiago a su paso por de Torres del Río , Navarra. Llama la atención por la armonía entre sus medidas básicas y sus elementos de alzado; es un raro ejemplo del arte medieval pues, frente a la horizontalidad y pesadez del románico, en este pequeño templo todo conduce a la verticalidad y elevar los ojos a lo alto para recibir gracia y misericordia.
Preside el templo un crucifijo de gran realismo con corona real y cuatro clavos (s. XIII). Es la imagen del Novio que espera a los invitados a la boda y por cuya ausencia hoy ayunamos a la espera gozosa del encuentro Pascual.
jueves, 2 de marzo de 2017
miércoles, 1 de marzo de 2017
La Cruz de Ferro
El punto más alto del Camino de Santiago en España es la Cruz de Ferro, un lugar situado en Foncebadón, el antiguo Monte Irago, en el paso entre Astorga y Ponferrada. Al comienzo de una nueva Cuaresma, la imagen de este lugar al contraluz, con peregrinos al pie de la Cruz, expresa muy bien nuestro deseo de salir al encuentro del Señor, que por nosotros subió al Monte Calvario. Que su santa Pasión y Resurrección nos ayude a nosotros, peregrinos, a recorrer con ánimo el camino de nuestra propia conversión tras las huellas de Cristo nuestro Señor.
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