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miércoles, 29 de mayo de 2019

El Areópago

El Areópago ateniense, también conocido como “La Colina de Ares” (" Ares", deidad griega de la guerra, que corresponde al Marte romano). Se trata de un inmenso monte ubicado al oeste de la Acrópolis de Atenas, lugar dónde se reunía el Consejo de aquella época. Está situado a 115 metros de altura en una zona rocosa de Atenas, Grecia, y separado del Acrópolis por un arroyo. Era un lugar muy importantes para los antiguos habitantes de Atenas. No se trataba de unedificio cubierto, sino de un lugar al aire libre, rodeado de gradas y asientos.


Otra motivo por el cual el lugar era de gran importancia en la actualidad y por lo tanto en el presente, era su aspecto mitológico.  Se creía que en ese lugar había sido juzgado y ajusticiado al dios Ares, por la intervención de Halhirrotios, hijo de Poseidón, porque se creía había violado a la hija de Ares, y que había sido condenado a pasar sus días en dicha colina. También, la leyenda decía que en el lugar había sido juzgado Orestes, por el asesinato de su madre Clitemnestra.

Con ese nombre se conocía también la corte suprema compuesta por los patriarcas de la ciudad (“aeropaguitas”), autoridades supremas en asuntos políticos y religiosos. También tenía mucha influencia en asuntos de educación. Es natural que semejante cuerpo tuviera interés en Pablo y en su nueva enseñanza. Allí fue donde Pablo pronunció un discurso que no consistió en una apología personal, como algunos han supuesto, sino en una catequesis dirigida a un auditorio enteramente nuevo. 

Cuando hablaba entre los judíos, tenía un punto de partida admitido por todos, que era la existencia del Dios de Israel, e incluso la aceptación de la Sagrada Escritura cuyos profetas anunciaban la venida de un futuro Mesías. Aquí, por el contrario,en Atenas tiene que partir de otro punto, que es posible que sea admitido por la mayoría de sus oyentes: que hay un Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene.

El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Él hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: “Nosotros somos también de su raza”. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos». Al oír las palabras «resurrección de los muertos», unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto». Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
(Hch 17, 24-33)

martes, 28 de mayo de 2019

Llegada del cristianismo a Filipos

En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que les arrancaran y que los azotaran con varas; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, él los cogió, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo. A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban. De repente, vino un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos se les soltaron las cadenas.


En 49 o 50, la ciudad de Filipos recibió la visita del apóstol Pablo. Acompañado de Silas, Timoteo y, quizás, de Lucas, predica por primera vez en suelo europeo y bautiza allí a una comerciante de púrpura llamada Lidia, en un río al oeste de la ciudad: había allí entonces una comunidad judía, y una sinagoga atestiguado por la epigrafía.


Pablo habría visitado la ciudad en otras dos ocasiones, en 56 y 57. La epístola a los filipenses dataría de 54-55 y testimonia el impacto inmediato de la palabra paulina. El desarrollo subsecuente del cristianismo en Filipos está bien atestiguado, sobre todo por una carta de Policarpo de Esmirna dirigida a la comunidad filipense hacia el 160, y por la epigrafía funeraria.

Inscripción del obispo Porfirio en la Basílica de Pablo

La primera iglesia atestiguada en la ciudad es de tamaño modesto y corresponde probablemente al origen de una casa de oración: esta Basílica de Pablo, identificada por una inscripción de un pavimento de mosaico, está datado hacia el 343, por la mención del obispo Porfirio, cuya presencia está atestiguada en el concilio de Sárdica ese año.

miércoles, 24 de mayo de 2017

El Areópago

El Areópago ateniense, también conocido como “La Colina de Ares” (" Ares", deidad griega de la guerra, que corresponde al Marte romano). Se trata de un inmenso monte ubicado al oeste de la Acrópolis de Atenas, lugar dónde se reunía el Consejo de aquella época. Está situado a 115 metros de altura en una zona rocosa de Atenas, Grecia, y separado del Acrópolis por un arroyo. Era un lugar muy importantes para los antiguos habitantes de Atenas. No se trataba de unedificio cubierto, sino de un lugar al aire libre, rodeado de gradas y asientos.


Otra motivo por el cual el lugar era de gran importancia en la actualidad y por lo tanto en el presente, era su aspecto mitológico.  Se creía que en ese lugar había sido juzgado y ajusticiado al dios Ares, por la intervención de Halhirrotios, hijo de Poseidón, porque se creía había violado a la hija de Ares, y que había sido condenado a pasar sus días en dicha colina. También, la leyenda decía que en el lugar había sido juzgado Orestes, por el asesinato de su madre Clitemnestra.

Con ese nombre se conocía también la corte suprema compuesta por los patriarcas de la ciudad (“aeropaguitas”), autoridades supremas en asuntos políticos y religiosos. También tenía mucha influencia en asuntos de educación. Es natural que semejante cuerpo tuviera interés en Pablo y en su nueva enseñanza. Allí fue donde Pablo pronunció un discurso que no consistió en una apología personal, como algunos han supuesto, sino en una catequesis dirigida a un auditorio enteramente nuevo. 

Cuando hablaba entre los judíos, tenía un punto de partida admitido por todos, que era la existencia del Dios de Israel, e incluso la aceptación de la Sagrada Escritura cuyos profetas anunciaban la venida de un futuro Mesías. Aquí, por el contrario,en Atenas tiene que partir de otro punto, que es posible que sea admitido por la mayoría de sus oyentes: que hay un Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene.

El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. Él hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: “Nosotros somos también de su raza”. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos». Al oír las palabras «resurrección de los muertos», unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto». Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
(Hch 17, 24-33)

martes, 23 de mayo de 2017

Llegada del cristianismo a Filipos

En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que les arrancaran y que los azotaran con varas; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, él los cogió, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo. A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban. De repente, vino un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos se les soltaron las cadenas.


En 49 o 50, la ciudad de Filipos recibió la visita del apóstol Pablo. Acompañado de Silas, Timoteo y, quizás, de Lucas, predica por primera vez en suelo europeo y bautiza allí a una comerciante de púrpura llamada Lidia, en un río al oeste de la ciudad: había allí entonces una comunidad judía, y una sinagoga atestiguado por la epigrafía.


Pablo habría visitado la ciudad en otras dos ocasiones, en 56 y 57. La epístola a los filipenses dataría de 54-55 y testimonia el impacto inmediato de la palabra paulina. El desarrollo subsecuente del cristianismo en Filipos está bien atestiguado, sobre todo por una carta de Policarpo de Esmirna dirigida a la comunidad filipense hacia el 160, y por la epigrafía funeraria.

Inscripción del obispo Porfirio en la Basílica de Pablo

La primera iglesia atestiguada en la ciudad es de tamaño modesto y corresponde probablemente al origen de una casa de oración: esta Basílica de Pablo, identificada por una inscripción de un pavimento de mosaico, está datado hacia el 343, por la mención del obispo Porfirio, cuya presencia está atestiguada en el concilio de Sárdica ese año.

viernes, 5 de mayo de 2017

La reconstrucción de San Pablo Extramuros


Volvemos hoy nuestra vista a uno de los más venerables templos cristianos: el erigido fuera de las murallas de Roma sobre el lugar de la sepultura de san Pablo. La grandiosa basílica que hoy podemos contemplar es fruto de una gran reconstrucción del siglo XIX, a partir de las venerables ruinas calcinadas por un pavoroso incendio.


Durante el pontificado del papa Pío VII, en la noche del 15 al 16 de julio de 1823, un incendio destruyó la mayor parte del edificio, dejando incólume el claustro. El fuego se inició por la negligencia de un trabajador que estaba reparando el plomo del tejado. De este modo quedó prácticamente destruida la basílica, la única entre todas las iglesias de Roma que había conservado su primitivo carácter durante 1435 años.


Quedaron en pie pocas estructuras. Debieron reconstruirse gran parte de los muros. En aquella época el debate sobre las varias teorías de restauración estaba muy avanzado, a pesar de lo cual los arquitectos encargados de las labores prefirieron reconstruir una basílica completamente nueva, de tal manera que los visitantes difícilmente pueden reconocer en la construcción actual el diseño de una basílica de finales del siglo IV.

El papa León XII se ocupó de la reconstrucción del edificio. Se eligió guardar el plan paleocristiano y construir un nuevo edificio. La Santa Sede eligió el proyecto de Giuseppe Valadier, pero la Comisión para la reconstrucción confió los trabajos a Pasquale Belli. A su muerte, siguió los trabajos Luigi Poletti.


Todo el mundo contribuyó a la restauración. El virrey de Egipto envió pilares de alabastro, el emperador de Rusia la preciosa malaquita y lapislázuli del tabernáculo. La obra en la fachada principal, que mira al Tíber, fue acabada por el gobierno italiano, que declaró la iglesia un monumento nacional.

El resultado final, aunque guardando la tipología de basílica paleocristiana, dista mucho del edificio de Teodosio.



Se taparon las ventanas de la nave central para añadir escenas de la vida de san Pablo en dos series de mosaicos. Se suprimieron todas las irregularidades (columnas torcidas, decorados bajo los arcos...). Se sustituyó el pavimento de mármol liso por otro geométrico.

El mosaico de la fachada, del siglo XI, fue sustituido por uno nuevo, alejado de los cánones estéticos paleocristianos. Restos del primer mosaico son visibles detrás del arco de triunfo.


La construcción mide de largo 131,66 metros, 65 de ancho y 29,70 de alto. Es, en tamaño, la segunda de las cuatro basílicas patriarcales de Roma.


En su interior, alrededor de la nave central y el transepto hay tondos que contienen las efigies de todos los pontífices, desde San Pedro al Papa Francisco, que fue colocada en Enero de 2014 a la par de su Predecesor, el Papa Emérito Benedicto XVI. Anexos a la basílica están el claustro y el monasterio.

sábado, 23 de mayo de 2015

San Pablo conducido a Roma

Basílica de San Pablo Extramuros. Roma

Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con un soldado que lo vigilase. Tres días después, convocó a los judíos principales; cuando se reunieron, les dijo: «Hermanos, estoy aquí preso sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres; en Jerusalén me entregaron a los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, tuve que apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo he querido veros y hablar con vosotros; pues por la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas.»


Con esta noticia de la llegada de Pablo a Roma cerramos el ciclo de los Hechos de los Apóstoles, que hemos venido leyendo a lo largo del tiempo de Pascua. El viaje del prisionero Pablo de Cesárea a Roma fue descrito por san Lucas con una viveza de colores y una precisión que no dejan nada que desear. El centurión Julio había enviado a Pablo y a otros prisioneros en un navío mercante en el que Lucas y Aristarco pudieron sacar pasaje. Dado que la estación se encontraba avanzada, el viaje fue lento y difícil. Costearon Siria, Cilicia y Panfilia. En Mira de Licia los prisioneros fueron transferidos a un bajel dirigido a Italia, pero unos vientos contrarios persistentes los empujaron hacia un puerto de Chipre llamado Buenpuerto, alcanzado incluso con mucha dificultad y Pablo aconsejó invernar allí, pero su opinión fue rechazada y el barco derivó sin rumbo fijo durante catorce días terminando en las costas de Malta. Durante los tres meses siguientes, la navegación fue considerada demasiado peligrosa, con lo que no se movieron del lugar, mas con los primeros días de la primavera, se apresuraron a reanudar el viaje. Pablo debió llegar a Roma algún día de marzo. "Quedó dos años completos en una vivienda alquilada . . . predicando el Reino de Dios y la fe en Jesucristo con toda confianza, sin prohibición". Con estas palabras, concluyen los Hechos de los Apóstoles.

No hay duda de que San Pablo terminó su juicio absuelto; ya que el informe del gobernador Festo, así como el del centurión, fueron favorables; y que los judíos parecen haber abandonado la acusación puesto que sus correligionarios no parecen haber estado informados; y que el rumbo tomado por el procedimiento judicial le dejó algunos periodos de libertad, de los que habló como cosa cierta; y que las cartas pastorales (en el supuesto que sean auténticas) implican un periodo de actividad de Pablo subsiguiente a su cautividad. Y se llega a la misma conclusión en la hipótesis según la cual no son auténticas, dado que todas ellas coinciden en que el autor conocía bien la vida del apóstol. Unánimemente se acepta que las “epístolas de la cautividad” se enviaron desde Roma. Algunos autores han intentado probar que San Pablo las escribió durante su detención en Cesárea, pero pocos autores los han seguido. La epístola a los colosenses, a los efesios y a Filemón se enviaron juntas y utilizando el mismo mensajero: Tíchico. Es controvertido si la epístola a los filipenses fue anterior o posterior a estas últimas y la cuestión no ha sido nunca resuelta con argumentos incontrovertibles.

viernes, 22 de mayo de 2015

san Pablo en Cesarea Marítima

Rembrandt - San Pablo en prisión

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre.

La primera lectura de la Eucaristía, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos relata el traslado de Pablo de jerusalén a Cesarea, para ser allí juzgado lejos de las presiones de los judíos. Esta Cesarea no hay que confundirla con Cesarea de Filipo, al norte de Israel, sino que se trata de Cesarea Marítima, o Cesarea de Palestina.


En la antigüedad griega la ciudad era llamada Pyrgos Stratonos (Torre de Estratón), por un aventurero griego o un rey de Sidón; bajo este nombre es anterior, quizás, a Alejandro Magno. El rey Herodes la llamó Cesarea en honor a Augusto, y construyó allí templos, palacios, un teatro, un anfiteatro, un puerto y numerosos monumentos, con columnatas y estatuas colosales. La vida civil de la nueva ciudad comenzó en el 13 a.C., y desde entonces Cesarea fue la capital civil y militar de Judea, y como tal era la residencia oficial de los procuradores romanos, por ejemplo, Poncio Pilato y Félix. Vespasiano y Tito la hicieron una colonia romana, Colonia Prima Flavia Augusta Cesarea. Bajo Alejandro Severo se convirtió en la metrópolis civil de Palestina, y más tarde, cuando Palestina hubo sido dividida en tres provincias, se mantuvo como la metrópoli de Palestina Prima.


San Pedro estableció la Iglesia allí cuando bautizó al centurión Cornelio; San Pablo a menudo se quedaba allí, y fue encarcelado allí durante dos años antes de ser llevado a Roma. Sin embargo, no hay ningún registro de cualquier obispo de Cesarea hasta el siglo II, al final de cuyo siglo se celebró allí un concilio para regular la celebración de la Pascua. En el siglo III Orígenes se refugió en Cesarea, y escribió allí muchas de sus obras exegéticas y teológicas, entre otras la famoso "Hexapla", cuyo manuscrito se conservó durante mucho tiempo en la biblioteca episcopal de esa ciudad. A través de Orígenes y el erudito sacerdote, San Pánfilo, la escuela teológica de Cesarea ganó una reputación universal. San Gregorio Taumaturgo, San Basilio el Grande y otros vinieron de lejos para estudiar allí. Su biblioteca eclesiástica fue considerada como una de las más ricas de la antigüedad; fue allí que San Jerónimo realizó muchos de sus trabajos bíblicos. Probablemente la biblioteca fue destruida ya sea en 614 por los persas o alrededor de 637 por los sarracenos.

Como metrópoli eclesiástica de Palestina Prima, sujeta al patriarcado de Antioquía, Cesarea tuvo al obispo de Jerusalén entre sus sufragáneos hasta 451, cuando Juvenal logrado establecer el Patriarcado de Jerusalén. Cesarea tenía entonces treinta y dos sedes sufragáneas. Entre los más célebres obispos están Teocteno, discípulo de Orígenes; el famoso historiador eclesiástico Eusebio, discípulo de San Pánfilo; Acacio, el líder de un grupo arriano; el historiador Gelasio de Cízico; San Juan Khozibite en el siglo VI; y Anastasio, un escritor del siglo XI. Durante la persecución de Diocleciano Cesarea tuvo muchos mártires a los que Eusebio consagró una obra completa (De martyribus Palestinae). Entre ellos estuvieron San Adriano, cuya iglesia ha sido recién descubierta; Santos Valente, Pablo, Profirio, y otros. Otro personaje ilustre de Cesarea es Procopio, historiador bizantino del siglo VI.


Cuando el rey Balduino I tomó la ciudad en 1101, ésta todavía era muy rica. Allí se encontró el famoso cáliz conocido como el Santo Grial, que se cree fue utilizado en la Última Cena, conservado actualmente en París, y mencionado a menudo en los poemas medievales. La ciudad fue reconstruida por los cruzados, pero en menor escala. Conocemos una lista de treinta y seis obispos latinos, desde 1101 hasta 1496. Durante la ocupación por los francos la metrópolis latina tenía diez sedes sufragáneas. La sede metropolitana de Cesarea se conserva aún por los griegos del patriarcado de Jerusalén, así como para los latinos es meramente una sede titular.

El nombre actual de la ciudad es Kaisariyeh. Desde 1884 una colonia de los bosnios musulmanes ha ocupado la ciudad medieval, que abarca un espacio de aproximadamente 1800 pies, de norte a sur, y 7500 pies, de este a oeste. Las antiguas murallas, baluartes y fosos están bien conservados. Las ruinas de la ciudad romana se extienden a una distancia de cerca de cuatro millas; son las más grandes de Palestina, y se utilizan como una cantera para Jaffa y Gaza, e incluso de Jerusalén. Se ven allí, amontonados, el refugio de Herodes, restaurado por los cruzados, el anfiteatro de dimensiones suficientes para 20,000 espectadores, restos de canales y acueductos, un hipódromo con un espléndido obelisco de granito rosa, columnatas, ruinas de templos y de por lo menos dos iglesias, y otras estupendas reliquias de la pasada grandeza.

jueves, 21 de mayo de 2015

San Pablo en Roma


La primera lectura de la Eucaristía de hoy nos relata el proceso de san Pablo ante el Sanedrín, en Jerusalén. Salvó Pablo la situación invocando su condición de fariseo, lo que suscitó la polémica de éstos contra los sacerdotes, a causa de la resurreeción de los muertos, que los primero admitían mientras que los segundos la negaban. Ya en la cárcel, se manifiesta el Señor al Pablo y le muestra un nuevo objetivo.

El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel. La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma.»


Pablo llegó a Roma en el 61, para ser juzgado. Fue decapitado entre el 65 y el 67, y su cuerpo enterrado a dos millas del lugar del martirio, en el área sepulcral que la cristiana Lucina poseía en la Vía Ostiense que formaba parte de un antiguo cementerio. Fue posible enterrar al apóstol Pablo en una necrópolis romana, aun siendo cristiano, en cuanto ciudadano romano. Su tumba fue enseguida objeto de veneración, y sobre ella se edificó una cella memoriae o tropaeum, donde, durante estos siglos de persecución, iban a rezar los fieles y los peregrinos, sacando fuerzas para continuar la evangelización del gran misionero.


A 1,37 metros debajo del actual Altar papal, una lápida de mármol (2,12 m. x 1,27 m.) lleva la inscripción PAULO APOSTOLO MART….Esta formada por varias piezas. La que lleva el nombre PAULO posee tres agujeros, uno redondo y dos cuadrados. Sobre un sarcófago macizo de 2,55 m. de largo por 1,25 m. de ancho y 0,97 m. de altura fueron edificados los sucesivos “altares de la Confesión”. Durante las últimas obras se abrió un hueco debajo del Altar papal para que los fieles puedan ver la tumba del Apóstol.

lunes, 18 de mayo de 2015

El cristianismo en Éfeso


Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó: «¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?» Contestaron: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo.» Pablo les volvió a preguntar: «Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?» Respondieron: «El bautismo de Juan.» Pablo les dijo: «El bautismo de Juan era signo de conversión, y él decía al pueblo que creyesen en el que iba a venir después, es decir, en Jesús.»


La primera lectura nos cuenta el encuentro de Pablo con unos discípulos en Éfeso, ciudad en la que permanecería algunos años. De origen antiguo y famosa por su templo de Diana, la ciudad prosperó durante el Imperio romano. Cuando la visitó Estrabón, su riqueza se basaba en el comercio, y toda la región hasta Capadocia estaba llena de vías que facilitaban el intercambio comercial. Dice que había un senado dirigido por los epilectos que gobernaba la ciudad, senado que había sido instituido por Lisímaco. La ciudad tenía un grammateus, funcionario común a todas las ciudades griegas, y un arconte que cuidaba del registro de títulos.

Tiberio quiso eliminar el derecho de asilo del templo, a lo que los efesios se opusieron diciendo que había sido aceptado por persas, macedonios y romanos hasta entonces; el asilo se utilizaba normalmente por delincuentes. El puerto se arregló en tiempos de Nerón, por obra de Barea Soranus, gobernador de Asia. En 262 d. C. la ciudad y el templo fueron asolados por los godos. El templo quedó destruido y ya no se reconstruyó. Desde entonces perdió importancia.

San Pablo permaneció más de dos años en Éfeso a partir del 54. Más tarde, también en Éfeso, sufriría cautiverio (hacia el año 57). Algunos opinan que podría tratarse más tarde, aunque no después del 63. Se cree que en esa época escribió su Epístola a los filipenses. Además de la epístola de Pablo a los efesios, Ignacio de Antioquía también escribió una en el siglo II.


Juan el Apóstol se trasladó a Éfeso hacia el año 62. Con la persecución de Domiciano, Juan es desterrado y sólo bajo el imperio de Nerva pudo volver a Éfeso, donde falleció pocos años después a edad muy avanzada. En el Apocalipsis se cita a Éfeso como la iglesia que ha perdido su primer amor (Apocalipsis 2:4). De hecho, aquí San Pablo escribió muchas de las epístolas para edificación de los cristianos de Efeso, además de que contradijo las herejías gnósticas y a sus líderes y falsos maestros, debido a que los gnósticos usaron las cartas escritas por san Pablo para deformar la fe cristiana y formar según ellos el gnosticismo cristiano, creando una doctrina deforme con mezcla de religiones paganas con el cristianismo, a las cuales el apóstol San Juan condena y llama doctrina del Anticristo.

El 22 de junio de 431 se inició el tercer Concilio Ecuménico (Concilio de Éfeso) convocado por el emperador Teodosio II e impulsado por el patriarca Cirilo de Alejandría para combatir el nestorianismo. Durante los siglos VII y VIII, Éfeso estuvo permanentemente hostigada por los árabes. En el siglo XI fueron los turcos selyúcidas. Acabó desapareciendo en el siglo XIII o con la llegada de Tamerlán (1400), quien acampó allí y la menciona como Ayazlic.

martes, 5 de mayo de 2015

Primer viaje de san Pablo


Enviado por el Espíritu para la evangelización de los gentiles, Bernabé y Saulo embarcaron con destino a Chipre, predicaron en la sinagoga de Salamina, cruzaron la isla de este a oeste siguiendo sin duda la costa sur y llegaron a Pafos, residencia del procónsul Sergio Paulo, donde tuvo lugar un cambio repentino.

Después de la conversión del procónsul romano, Saulo, repentinamente convertido en Pablo, es citado por San Lucas antes de Bernabé y asume ostensiblemente la dirección de la misión que hasta entonces había ejercido Bernabé. Los resultados de este cambio son rápidamente evidentes. Pablo comprende que, al depender Chipre de Siria y Cilicia, la isla entera se convertiría cuando las dos provincias romanas abrazaran la fe de Cristo. Escogió entonces el Asia Menor como campo de su apostolado y se embarcó en Perge de Panfilia, once kilómetros por encima del puerto de Cestro.


Fue entonces cuando Juan Marcos, primo de Bernabé, desanimado quizás por los ambiciosos proyectos del apóstol, abandonó la expedición y volvió a Jerusalén, mientras que Pablo y Bernabé trabajaban solos entre las arduas montañas de Pisidia, infestadas de bandidos y atravesaron profundos precipicios. Su destino era la colonia romana de Antioquía, situada a siete días de viaje desde Perge. 

Aquí, Pablo habló del destino divino de Israel y del providencial envío del Mesías, un discurso que San Lucas reproduce en substancia como ejemplo de una predicación en la sinagoga.. La estancia de los dos misioneros en Antioquía fue lo suficientemente larga como para que la palabra del Señor fuera conocida a través de todo el país.

Cuando los judíos consiguieron con sus intrigas un decreto de destierro, continuaron hacia Iconium, distante tres o cuatro días de viaje, donde encontraron la misma persecución por parte de los judíos y la misma acogida por parte de los gentiles. La hostilidad de los judíos los forzó a buscar refugio en la colonia romana de Listra, distante como unos veinticinco kilómetros. Aquí, los judíos de Antioquía y de Iconium dejaron celadas para Pablo y, habiéndolo apedreado lo dejaron por muerto, mientras que él logró una vez más escapar buscando esta vez refugio en Derbe, situada alrededor de sesenta kilómetros de la provincia de Galacia.

Después de completar su circuito, los misioneros volvieron sobre sus pasos para visitar a los nuevos cristianos, ordenaron algunos sacerdotes en cada una de las iglesias fundadas por ellos y al fin volvieron a Perge, donde se detuvieron a predicar de nuevo el Evangelio, mientras que esperaban quizá la oportunidad de embarcar para Atalia, un puerto a dieciocho kilómetros de allá. Al volver a Antioquía de Siria, después de una ausencia que había durado tres años, fueron recibidos con muestras de gozo y de acción de gracias pues que Dios les había abierto las puertas de la fe al mundo de los gentiles.

jueves, 30 de abril de 2015

1 Viaje de san Pablo


Estamos leyendo en la liturgia los Hechos de los Apóstoles, cono nace, evoluciona y crece la primitiva Iglesia, como se va desarrollando y como emprende san Pablo el coraje de viajar para anunciar la buena noticia a los gentiles. El mismo Pablo nos cuenta: “Hice muchos viajes. Sufrí peligros en ríos, con peligros de bandidos, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar. Tres veces naufragué. Una vez pasé un día y una noche en alta mar” (2Cor 11,26). Durante los viajes, Pablo mantenía contacto con las comunidades a través de mensajeros y a partir del segundo viaje, también lo hacía a través de cartas. Pedía que sus cartas fueran leídas en las reuniones de la comunidad y que fuesen enviadas también a las demás comunidades. La segunda carta a los Corintios, por ejemplo, fue escrita para todas las comunidades de Grecia (2Cor 1,1). Pedía también que las comunidades intercambiasen las cartas que recibían.

Después de anunciar el evangelio en Derbe y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído. 

Pasando luego por Pisidia, vinieron a Panfilia. Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron a Atalia. De allí navegaron a Antioquía, desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido.
Hch 14, 21-26

En la entrada del 9 de abril de estos lugares sacros nos paramos en Salamina haciendo referencia a san Bernabe, compañero de san Pablo en los viajes misioneros. Hoy queremos hacer un rápido recorrido por este primer viaje y saltar, casi a vista de pájaro, por los lugares donde anunciaron el evangelio, desde el puerto de Seleucia (entrada del 24 de abril en este blog). 

Disfruten de cada ciudad y pinchen con el cursor sobre sus nombres.

Antioquía -  Partieron Pablo, Bernabé y Juan Marcos. (Hch 13:1-4; 14:26-27)

Antakya, Turquía
Salamina -  Predicaron en las sinagogas de los Judíos por lo largo de Chipre. (Hch 13:5)

Antigua Salamina
Pafos – El gobernador quería oír el mensaje pero Elimas el hechicero se les opuso. Dios lo castigó con ceguera, y el gobernador creyó. (Hch 13:6-12)
Columnas del templo. Pafos, Chipre.
Perge – Iniciaron el difícil viaje por las montañas para llegar a Antioquía. Juan Marcos se echó atrás y se regresó a Jerusalén. (Hch 13:13)

Antigua ciudad de Perge
Antioquía de Pisidia – Los Judíos rechazaron el mensaje cuando vieron una gran cantidad de gentiles recibir el mensaje. Así Pablo se dirigió especialmente a los no-Judíos. (Hch 13:14-52)

Muro Helénico de la Ciudad
Iconio – Dios confirmaba la Palabra con señales y creyeron Judíos y Gentiles. Huyeron cuando los Judíos intentaron apedrearlos. (Hch 14:1-7)

Iconio (en turco: Konya)
Listra – Cuando Pablo sanó a un cojo quedaron tan asombrados que nombran a Bernabé, Júpiter, y a Pablo, Mercurio e intentaron ofrecerles sacrificios. Vinieron los Judíos de Antioquía e Iconio y apedrearon a Pablo (Hch 14:8-20)

Monticulo de Listra y pedestal con una inscripción latina de Listra
Derbe  – Tras hacer muchos discípulos en Derbe regresaron por el mismo camino, reafirmando a los discípulos, y establecieron líderes en cada comunidad. (Hch 14:20-24)

Restos de Derbe
Antalia – Tras predicar en Pisidia y Panfilia, Pablo y Bernabé apóstol llegaron a Antalya y, de aquí, fueron en barco a Antioquía.

Vista de la ciudad de Antalia

miércoles, 8 de octubre de 2014

Galacia


Estamos leyendo estos días la Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas. La Galacia era una Provincia romana que ocupaba la porción central de lo que se conoce en la actualidad como Asia Menor. Lindaba con otras provincias romanas: al este, en parte con Capadocia; al norter con Bitinia y Ponto; al oeste, con Asia, y al sur, con Panfilia.

Hacia el norte estaba la ciudad de Ancira, la actual Ankara, capital de Turquía. Por esta provincia fluía el curso medio del río Halys (hoy Kizil Irmak) y el curso superior del Sangario (Sakarya), que desembocan en el mar Negro. La historia de esta región estratégica (que abarca más de cuatrocientos años y comienza en el siglo III antes de Cristo) muestra que hubo muchos cambios en sus fronteras y mapa político.


Parece ser que alrededor de 278-277 antes de Cristo, gran cantidad de pueblos indoeuropeos, conocidos como los celtas, o los galos, de la Galia, a quienes los griegos llamaban ga·lá·tai (de aquí el nombre dado a esta región), entró por el Bósforo y se estableció allí. Llevaron consigo a sus esposas e hijos y parece ser que evitaron casarse con la gente que ya vivía en aquella zona, de modo que perpetuaron sus características raciales durante siglos. Su último rey, Amintas, murió en el año 25 antes de Cristo. Fue un rey títere del Imperio romano, y durante su reinado, e incluso después, el territorio llamado Galacia se extendió hasta incluir otras regiones como Licaonia, Pisidia, Paflagonia, Ponto y Frigia. Ésta fue la Galacia que visitaron el apóstol Pablo y otros cristianos evangelizadores del siglo I, logrando fundar allí comunidades cristianas en las diversas ciudades.

Pablo y Pedro dirigieron cartas a las comunidades cristianas de la provincia de Galacia (Gál 1:1, 2; 1Pe 1:1). En su primer recorridopor Galacia, Pablo y Bernabé visitaron algunas ciudades gálatas: Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe. A su regreso, relataron a los hermanos de Antioquía de Siria cómo Dios “había abierto a las naciones la puerta a la fe” en estos y otros lugares.


En Listra tuvieron una experiencia poco común. Después que Pablo curó a un hombre lisiado que no había andado en su vida, repentinamente la muchedumbre comenzó a gritar en lengua licaónica: “¡Los dioses se han hecho como humanos y han bajado a nosotros!”. A Bernabé lo llamaron Zeus y pensaron que Pablo era Hermes. Apenas pudieron hacer que la muchedumbre exaltada desistiera de ofrecerles sacrificios como si fueran dioses.

Las semillas del cristianismo que se sembraron entre el pueblo gálata dieron buen fruto. Discípulos como Gayo y Timoteo salieron de entre ellos. Pablo dirigió a estas comunidades gálatas una de sus epístolas, que debió tratarse de una carta circular que se llevaría de una ciudad a otra. En ella se trata el tema de la justificación por la fe en Jesucristo, frente a las obras de la ley.

sábado, 30 de agosto de 2014

San Pablo en Corinto


Después de predicar en  Atenas, Pablo viajó solo hacia el oeste, a Corinto.  Allí se puso en contacto con Aquila y Priscila, judíos que habían llegado hacía poco de Italia, después del decreto del emperador Claudio que expulsaba de Roma a todos los judíos. Como también eran fabricantes de tiendas, Pablo se alojó con ellos y trabajó en su oficio.  Muy probablemente el apóstol llegó a Corinto a comienzos del 51 d.C.; permaneció allí más de un año y 6 meses (Hch. 18:11, 18).  Al comienzo trabajó con los judíos en la sinagoga, como era su práctica al entrar en una ciudad nueva.  Sin embargo, una vez más, cuando la mayoría de los judíos se opuso y lo injurió, se apartó de ellos y comenzó a trabajar en forma directa por los gentiles. Como ya no podía predicar en la sinagoga, realizó sus reuniones en una casa contigua cuyo dueño adoraba a
Dios.  El evangelio produjo mucho fruto en esa ciudad, y entre los conversos estaba el dirigente de la sinagoga.  Entretanto, Silas y Timoteo llegaron con las animadoras noticias de la fidelidad de los tesalonicenses (Hch. 18:5; 1 Ts. 3:6).  Estas buenas nuevas inspiraron a Pablo a escribir su 1ª epístola a los Tesalonicenses, probablemente en el 51 d.C.  Es la la epístola que se ha conservado.  Más tarde, tal vez a fines del mismo año o a comienzos del año siguiente (52 d.C.), escribió la Segunda Carta a los Tesalonicenses.


Por fin, la persecución activa que había sido tan pronta en otras ciudades, comenzó también a amenazarles en Corinto.  Sus enemigos judíos lo acusaron ante Galión, el procónsul de Acaya, de enseñar una religión no legalmente reconocida por Roma.  Sin embargo, Galión echó a los acusadores, rehusando inmiscuirse en un caso que él consideraba una disputa sobre la ley judía y no la ley romana. Al ver esto, la turba tomó al principal de la sinagoga y lo golpeó ante Galión.

Después de un período no definido de tiempo, durante el cual parece que predicó sin oposición activa, Pablo se embarcó hacia Siria, acompañado por Aquila y Priscila (Hch. 18:18).  Se detuvo brevemente en Efeso y predicó en la sinagoga.  Su mensaje fue recibido con alegría por los oyentes, quienes tal vez fueran tanto gentiles como judíos, y lo invitaron a quedarse más tiempo.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Tesalónica



El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

Con estas palabras termina la Segunda Carta a los Tesalonicenses, una comunidad cristiana establecida en la ciudad de Tesalónica, hoy llamada Salónica, situada al norte de Grecia, en Macedonia. Fue fundada en 316 -315 a. C. por el rey Casandro de Macedonia que unifica y sustituye los asentamientos levantados en la localidad denominada Terma. De su mujer Thessalonikē (hija de Filipo II de Macedonia - y hermanastra de Alejandro Magno - ), recibió su nombre. Filipo había nombrado así a su hija porque conoció su nacimiento el día de su victoria sobre los Tesalios.

Rotonda de Galerio

Tras la caída del Reino de Macedonia en 146 a. C., Tesalónica pasó a ser parte del Imperio romano. Durante la época romana fue la capital de las cuatro provincias de Macedonia, y se convirtió en un importante centro comercial sobre la Vía Egnatia, una calzada romana que conectaba Bizancio (más tarde Constantinopla) con Durazzo (actualmente Durrës en Albania). En 58 a. C. Cicerón estuvo exiliado en Tesalónica.

Arco de Galerio

En las excavaciones que se han venido haciendo, ha salido a la luz la antigua ágora con sus edificios de la época helenística y de la época romana del siglo I a. C. En su museo se guarda una rica colección de antigüedades, desde la época del Neolítico hasta los tiempos históricos.

Catedral de san Demetrio

La ciudad de Tesalónica es conocida en el ámbito de la religión cristiana por albergar a mediados del siglo I una comunidad a la que Pablo de Tarso dirigió dos epístolas, incluidas hoy en el canon bíblico. En el 300, el emperador Galerio la elige como residencia imperial. En el 380 Teodosio I proclama en ella el edicto por el que se hace oficial el símbolo de Nicea. La ciudad sufrió la represión del emperador Teodosio I en 390 cuando mandó matar a unos siete mil tras sofocar una revuelta, lo que le ocasionó a éste la excomunión temporal.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Atenas

En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes. Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido." Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. 

Este texto, que hemos leído hoy en la primera lectura de la Eucaristía, procede del Libro de los Hechos de los Apóstoles. Nos relata el discurso de Pablo en el Areópago de Atenas. Es difícil hoy hacernos una idea de lo que significaba aquella ciudad, y la importancia que tuvo el que, por primera vez, se anunciase allí el nombre de Cristo. Por eso, hemos seleccionado un breve reportaje sobre la Acrópolis ateniense, que nos muestra el esplendor de este importante lugar de la antigüedad.


martes, 27 de mayo de 2014

Llegada del cristianismo a Filipos


En 49 o 50, la ciudad de Filipos recibió la visita del apóstol Pablo. Acompañado de Silas, Timoteo y, quizás, de Lucas, predica por primera vez en suelo europeo y bautiza allí a una comerciante de púrpura llamada Lidia, en un río al oeste de la ciudad: había allí entonces una comunidad judía, y una sinagoga atestiguado por la epigrafía.


Pablo habría visitado la ciudad en otras dos ocasiones, en 56 y 57. La epístola a los filipenses dataría de 54-55 y testimonia el impacto inmediato de la palabra paulina. El desarrollo subsecuente del cristianismo en Filipos está bien atestiguado, sobre todo por una carta de Policarpo de Esmirna dirigida a la comunidadd filipense hacia el 160, y por la epigrafía funeraria.

Inscripción del obispo Porfirio en la Basílica de Pablo

La primera iglesia atestiguada en la ciudad es de tamaño modesto y corresponde probablemente al origen de una casa de oración: esta Basílica de Pablo, identificada por una inscripción de un pavimento de mosaico, está datado hacia el 343, por la mención del obispo Porfirio, cuya presencia está atestiguada en el concilio de Sárdica ese año.