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sábado, 24 de agosto de 2013

Eremo de san Bartolomé en Legio (Italia)

Visitamos hoy el Eremo de san Bartolomé, en Legio (Italia), un lugar habitando por eremitas durante la Edad Media, entre otros, el papa san Celestino V, que a finales del siglo XIII renunció al ministerio petrino, único antecedente de lo que el papa Benedicto XVI hizo este año. Aquí les proponemos la meditación de una Homilía de san Gregorio de Nisa, en la que medita sobre la vocación de san Bartolomé.


El apóstol Felipe era del mismo pueblo que Pedro y Andrés. Me da la impresión de que es ya para Felipe un cierto encomio el hecho de presentarlo como coterráneo de aquellos dos hermanos a los que el evangelio expresa su primera admiración por lo que les sucedió. Así, Andrés, después de que el Bautista le señaló quién era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, no se limita a reflexionar a solas sobre este misterio y, una vez averiguado dónde vivía, va tras el que le había indicado, sino que lleva a su hermano la alegre noticia: aquel a quien hace tiempo vaticinaron los profetas ha llegado.

Pedro, como si hubiera creído aun antes de escuchar la noticia, se une a aquel Cordero con toda su alma, y, juntamente con el nombre, es también él transformado por el Señor en una condición divina: en vez de Simón, se le llama y hace Pedro. Y el gran Pedro no llegó gradualmente a esta gracia, sino que, al instante, dio oídos a su hermano, creyó en el Cordero y llegó a la perfección de la fe, y, cimentado sobre la piedra, se convirtió en Pedro.

Así pues, Felipe —digno de tales y tan grandes conciudadanos—, después de haber sido encontrado por el Señor —como se dice en el evangelio que Jesús encontró a Felipe—, fue también seguidor del Verbo, que le dijo: Sígueme. Y una vez conducido a la luz verdadera, retuvo, cual lámpara, parte del esplendor, y envolvió en esta luz incluso a Natanael, como pasándole la antorcha del misterio de la piedad. Estas son sus propias palabras: Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas lo hemos encontrado: A Jesús, hijo de José, de Nazaret.

Natanael, por su parte, acogió ponderadamente esta alegre noticia, pues era muy versado en el misterio del Señor a través de los libros de los profetas y sabía que la primera manifestación corporal de Dios habría de tener lugar en Belén y que, más tarde, por 'haber vivido en Nazaret, sería llamado Nazareno. Por eso, Natanael, considerando ambos aspectos y reflexionando cómo el misterio debía actuarse, por lo que se refiere al nacimiento corporal —gruta, pañales, pesebre—, en Belén, la ciudad de David, y, por otra parte, que a Galilea debía corresponderle un día darle su propio nombre, a causa de que el Verbo se habría establecido voluntariamente en la Galilea de los gentiles, cotejando finalmente la aseveración de quien le había mostrado el esplendor de tal conocimiento, se despachó con aquellas palabras: ¿De Nazaret puede salir algo bueno?

Entonces, Felipe se le ofrece resueltamente como guía a esta gracia, diciéndole: Ven y verás. A esta invitación, Natanael, abandonando la higuera de la ley, cuya sombra le impedía recibir la luz, llegó a aquel que secó las hojas de la higuera, de la higuera estéril, de la higuera que no daba fruto. Por este motivo, la Palabra dio testimonio de él, diciendo que era un israelita de verdad, porque demostraba en sí mismo el carácter del patriarca Israel, libre de toda intención engañosa. Ahí tenéis —dijo— a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

Homilía 15 sobre el libro del Cantar de los cantares (PG 44, 1087-1090)

miércoles, 19 de junio de 2013

Camáldoli

Hoy día de san Romualdo, queremos pasar por el lugar que el mismo fundó y dedicó a la búsqueda de Dios, al silencio y la oración. Un lugar donde el hombre se retira entre el silencio del bosque y alaba a Dios, su creador entre el canto de las aguas y los pájaros.

Camaldoli es una localidad conocida en el mundo entero por albergar en su zona dos de los más importantes lugares de culto de toda Toscana: El Monasterio y El "Èremo" o Eremotorio de Camaldoli. Dichos antiguos complejos religiosos están situados en la provincia de Arezzo, en la zona de Casentino, en un valle rodeado por un espléndido bosque protegido. Una fracción de ese bosque pertenece a los monjes Camaldulenses quienes, hoy en día rigen ambos emplazamientos monásticos.

El Monasterio se encuentra junto a la carretera y el Eremotorio está emplazada en un encantador y solitario lugar de su área boscosa.

El Eremitorio y el Monasterio se fundaron en el siglo XI. A principios de ese siglo, San Romualdo llegó a lo que entonces era un valle desierto y el Conde Maldolo le donó un área de su territorio para que pudiera aislarse del mundo. Con la aprobación del Obispo de Arezzo, fundó la Orden de los Monjes Camaldoleses, observantes de la Regla de San Benito. 

Primero, fundó el "Èremo" dedicado a la vida contemplativa.  Unos años después, restauró un antiguo edificio y lo convirtió en refugio de peregrinos. Entre 1080 y 1085, el refugio, completamente rehabilitado y agrandado, pasó a ser el Monasterio, designado para mantener una vida religiosa activa que, a largo de los siglos, ha impulsado un preclaro desarrollo humanístico e intelectual en Italia y en el extranjero.


La Orden de los Camaldoleses ha tenido distintos miembros insignes, tales como Guido di Arezzo, quien inventó la notación musical vigente hoy en día; Graciano, quien asentó las bases de la ley canónica;  Lorenzo Monaco,  prestigioso pintor del siglo XV; el eminente filósofo y humanista Ambrogio Traversari, así como Niccolò Malerbi quien, en el siglo XV, publicó la primera traducción al italiano de la Biblia. Dante Alighieri celebró a tres de sus miembros en el Canto del Paraíso de la Divina Comedia: Romualdo, Graciano y Damiano.

Al día de hoy, el Monasterio y el Eremitorio siguen siendo lugares de peregrinación, así como de alto interés histórico y artístico.

Dejamos aquí un par de visiones del eremitorio camaldulense en medio del silencio.