Mostrando entradas con la etiqueta León. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta León. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de noviembre de 2015

Sahagún. Santos Facundo y Primitivo


El Martirologio romano nos recuerda hoy a los santos mártires Facundo y Primitivo, cuya veneración dio lugar al nacimiento del Monasterio y, posteriormente, de la villa de Sahagún, en la diócesis de León. El Monasterio de Sahagún llegó a ser el mayor monasterio benedictino de la Hispania cristiana, en el siglo XII; sucumbió, como los demás, en las turbulencias del siglo XIX, y fue destruido hasta sus cimientos, de modo que hoy apenas se conservan unos pocos restos de su egregio pasado.


¿Quiénes fueron estos santos mártires, cuyo memoria fue venerada en este cenobio? No disponemos de muchos datos, por lo que hemos de recurrir a noticias que, en parte, son legendarias.

Los santos Facundo y Primitivo, hijos de san Marcelo, centurión romano, fueron martirizados, gobernando en Galicia Ático el cual mandó pregonar un sacrificio público a una estatua del sol, que estaba en la ribera del río Cea, y era tenida en mucha veneración por toda aquella comarca. Al llegar el día señalado para el sacrificio, se juntó mucha gente, el mismo Ático, para dar ejemplo a los demás, hizo su adoración, y como era el gobernador, todos los demás le siguieron, menos Facundo y Primitivo, que no se quisieron hallar presentes en el sacrificio. Mucho sintió esto Ático; los mandó prender e interrogar, y después de varias preguntas y respuestas, entendiendo que perdía el tiempo en quererles persuadir que adorasen a sus falsos dioses, determinó darles atroces tormentos. Les quebraron los dedos de las manos, les lastimaron cruelmente las piernas, apretándoselas con una manera de cepo que como prensa se iba cerrando poco a poco; y así fatigados por una parte de los tormentos, y por otra consolados y alegres por ver que padecían por Cristo, les mandó Ático llevar a la cárcel.

Para tentarlos y probar si con blandura y regalo les podría atraer a su voluntad más fácilmente que con tormentos, les envió ricos manjares, que los dos santos hermanos no quisieron recibir; y Ático, teniendo esto por desacato e injuria, encendido de cólera y furor, los mandó echar en un horno encendido, donde estuvieron tres días con mucho alivio y refrigerio.

Pretendió matarlos dándoles ponzoña en la comida, y los santos, cuando se la trajeron, entendiendo lo que venia en ella, dijeron: « Nosotros no habíamos de gustar esta vianda, porque bien sabemos lo que hay en ella; pero para que Ático se desengañe y se manifieste más la virtud de Cristo, a quien servimos y adoramos, la comeremos toda.» Hicieron la señal de la cruz sobre ella y la comieron, y el veneno perdió su fuerza por virtud de la santa cruz y de aquel Señor a quien todas las cosas obedecen. Cuando vio esto el que había aparejado la Ponzoña, quemó sus libros y se hizo cristiano.

Todo esto era echar aceite en el fuego y abrasar más el corazón empedernido de Ático, el cual comenzó de nuevo a atormentar a los dos santos hermanos, despedazando carnes, sacándoles los nervios con garfios de hierro, echándoles aceite hirviendo por todo su cuerpo, Pegándoles hachas encendidas a los costados, y derramando en las bocas cal viva, mezclada con vinagre; no se contentó el impío tirano con esta tan desaforada é impía crueldad; el mismo Ático dijo:  «Cegadlos, porque me turban cuando me miran. » sufriendo este martirio con gran constancia y mansedumbre, le dijo uno los santos: «Mejorado nos has la vista, pues vemos ahora con solos los ojos espirituales.»


Estando sangrientos y llagados fueron colgados de los pies, y saliéndoles mucha sangre por las narices, los verdugos los dejaron por muertos; al cabo de tres días fueron hallados vivos con sus ojos enteros y claros, y las llagas sanas como si nunca hubieran sido atormentados. Mandó Ático desollarlos vivos; y ejecutándose este tormento, uno de los que estaban presentes dio grandes voces, diciendo: «Veo bajar dos ángeles con dos coronas en las manos.» Entonces Ático, turbado, dijo como por escarnio: «Cortadles las cabezas, para que ellas vayan a buscar esas coronas.»  Su martirio fue el 27 de noviembre, cerca del año 304.

martes, 24 de noviembre de 2015

Panteón de los Reyes de San Isidoro de León

Visitamos hoy el Panteón de los Reyes de la Basílica de San Isidoro de León. Se trata del lugar de enterramiento de varios reyes de León, a la entrada de la basílica de san Isidoro, que atesora una impresionante colección de pinturas murales y esculturas románicas. El reportaje está hecho por Javier Domingo, y es muy interesante.

martes, 15 de septiembre de 2015

La Virgen del Camino (León)


El Santuario de la Virgen del Camino está situado en el pueblo de la Virgen del Camino, a 6 kilómetros de la ciudad de León, junto a la carretera León – Astorga,  que es el  camino francés de Santiago. La aparición de la Virgen del Camino, según la tradición, ocurrió el día 2 de julio de 1505. Se le apareció al pastor Alvar Simón Fernández en el lugar llamado El Humilladero, donde siempre ha habido una ermita y hoy es una hermosa capilla de la Iglesia parroquial.

La Virgen del Camino es una imagen de la Virgen Dolorosa con  el Hijo en los brazos y la cabeza del Cristo mirando hacia abajo. La obra está realizada en madera de nogal. El volumen total se ha conformado mediante la adición de varios bloques encolados y clavados, para posteriormente proceder al tallado. La peana es de madera de tilo, mediante varios tableros hasta conformar la forma de la peana.


En la imagen no descubrimos una escultura artística, ni una escuela determinada. El artista, Roberto Herrera o Juan Alonso, realizó esta obra por el año 1514.  A lo largo de la historia, esta imagen ha llegado a ser algo más que una imagen de devoción. Con el paso de los siglos se le han añadido otros elementos que se han convertido en algo indisociable de la imagen. Así, al hablar de la Virgen del Camino, no podemos separarla de la corona y del baldaquino de plata (colocado en 1715).

En la peana de la efigie se leen estas palabras del libro de las Lamentaciones, grabadas con caracteres góticos: O vos omnes qui transitis per viam, attendite et videte si est dolor sicut dolor meus (Oh vosotros, que pasáis junto al camino, atended y ved si hay dolor semejante al mío –Lam 1,12-).


El cuerpo de Jesús se encuentra muerto sobre las rodillas de María, expresando ésta un dolor de Madre. El conjunto inspira devoción y ternura. Inspira mucha devoción a pesar de los rasgos rígidos de la escultura, por los tonos de dolor sereno que el tallista puso, con su piedad, en las facciones de sus rostros. El autor no sería un maestro, pero sentía la piedad y supo dar a las imágenes tonos de dolor sereno.

Esta imagen tiene como característica peculiar que el Hijo muerto mira hacia el suelo, mientras que en la mayor parte de las representaciones de la Piedad, Cristo mira hacia arriba.

La imagen suscita en los fieles una gran ternura y compasión, viendo en el rostro de la Virgen la expresión del dolor de una madre que no sólo sufre por el Hijo muerto en sus brazos sino que sintoniza también con el dolor de quienes acuden a Ella. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Sahagún. Santos Facundo y Primitivo


El Martirologio romano nos recuerda hoy a los santos mártires Facundo y Primitivo, cuya veneración dio lugar al nacimiento del Monasterio y, posteriormente, de la villa de Sahagún, en la diócesis de León. El Monasterio de Sahagún llegó a ser el mayor monasterio benedictino de la Hispania cristiana, en el siglo XII; sucumbió, como los demás, en las turbulencias del siglo XIX, y fue destruido hasta sus cimientos, de modo que hoy apenas se conservan unos pocos restos de su egregio pasado.


¿Quiénes fueron estos santos mártires, cuyo memoria fue venerada en este cenobio? No disponemos de muchos datos, por lo que hemos de recurrir a noticias que, en parte, son legendarias.

Los santos Facundo y Primitivo, hijos de san Marcelo, centurión romano, fueron martirizados, gobernando en Galicia Ático el cual mandó pregonar un sacrificio público a una estatua del sol, que estaba en la ribera del río Cea, y era tenida en mucha veneración por toda aquella comarca. Al llegar el día señalado para el sacrificio, se juntó mucha gente, el mismo Ático, para dar ejemplo a los demás, hizo su adoración, y como era el gobernador, todos los demás le siguieron, menos Facundo y Primitivo, que no se quisieron hallar presentes en el sacrificio. Mucho sintió esto Ático; los mandó prender e interrogar, y después de varias preguntas y respuestas, entendiendo que perdía el tiempo en quererles persuadir que adorasen a sus falsos dioses, determinó darles atroces tormentos. Les quebraron los dedos de las manos, les lastimaron cruelmente las piernas, apretándoselas con una manera de cepo que como prensa se iba cerrando poco a poco; y así fatigados por una parte de los tormentos, y por otra consolados y alegres por ver que padecían por Cristo, les mandó Ático llevar a la cárcel.

Para tentarlos y probar si con blandura y regalo les podría atraer a su voluntad más fácilmente que con tormentos, les envió ricos manjares, que los dos santos hermanos no quisieron recibir; y Ático, teniendo esto por desacato e injuria, encendido de cólera y furor, los mandó echar en un horno encendido, donde estuvieron tres días con mucho alivio y refrigerio.

Pretendió matarlos dándoles ponzoña en la comida, y los santos, cuando se la trajeron, entendiendo lo que venia en ella, dijeron: « Nosotros no habíamos de gustar esta vianda, porque bien sabemos lo que hay en ella; pero para que Ático se desengañe y se manifieste más la virtud de Cristo, a quien servimos y adoramos, la comeremos toda.» Hicieron la señal de la cruz sobre ella y la comieron, y el veneno perdió su fuerza por virtud de la santa cruz y de aquel Señor a quien todas las cosas obedecen. Cuando vio esto el que había aparejado la Ponzoña, quemó sus libros y se hizo cristiano.

Todo esto era echar aceite en el fuego y abrasar más el corazón empedernido de Ático, el cual comenzó de nuevo a atormentar a los dos santos hermanos, despedazando carnes, sacándoles los nervios con garfios de hierro, echándoles aceite hirviendo por todo su cuerpo, Pegándoles hachas encendidas a los costados, y derramando en las bocas cal viva, mezclada con vinagre; no se contentó el impío tirano con esta tan desaforada é impía crueldad; el mismo Ático dijo:  «Cegadlos, porque me turban cuando me miran. » sufriendo este martirio con gran constancia y mansedumbre, le dijo uno los santos: «Mejorado nos has la vista, pues vemos ahora con solos los ojos espirituales.»


Estando sangrientos y llagados fueron colgados de los pies, y saliéndoles mucha sangre por las narices, los verdugos los dejaron por muertos; al cabo de tres días fueron hallados vivos con sus ojos enteros y claros, y las llagas sanas como si nunca hubieran sido atormentados. Mandó Ático desollarlos vivos; y ejecutándose este tormento, uno de los que estaban presentes dio grandes voces, diciendo: «Veo bajar dos ángeles con dos coronas en las manos.» Entonces Ático, turbado, dijo como por escarnio: «Cortadles las cabezas, para que ellas vayan a buscar esas coronas.»  Su martirio fue el 27 de noviembre, cerca del año 304.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Panteón de los Reyes de San Isidoro de León

Visitamos hoy el Panteón de los Reyes de la Basílica de San Isidoro de León. Se trata del lugar de enterramiento de varios reyes de León, a la entrada de la basílica de san Isidoro, que atesora una impresionante colección de pinturas murales y esculturas románicas. El reportaje está hecho por Javier Domingo, y es muy interesante.