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viernes, 24 de abril de 2015

Capilla de san Ananías en Damasco


La primera lectura de la Eucaristía de hoy nos lleva a Damasco, hacia donde se dirigía Saulo con el propósito de perseguir a los cristianos. De camino se le apareció el Señor; Saulo se rindió y lo aceptó como Señor y Salvador. Siguió camino, tal como Jesús le mandó, y llegó a casa de un discípulo llamado Ananías. En la sufrida tierra de Siria, en Damasco, se conserva el recuerdo de este lugar en la llamada Capilla de Ananías, que hoy visitamos.

La capilla de San Ananías es una antigua estructura subterránea situada en Damasco. La capilla se encuentra en una cripta de dos habitaciones, situada a unos cuatro metros por debajo del nivel de la calle y se accede a ella por una escalera de veintitrés escalones, desde el patio de una casa que la tradición atribuye a Ananías de Damasco.

La capilla está formada por un ábside de una iglesia bizantina del siglo V o VI, mencionado en varias ocasiones por las fuentes históricas. Excavaciones arqueológicas realizadas en 1921 llevadas a cabo por el conde Eustache de Lorey encontraron los restos, aportando así evidencias físicas para apoyar la tradición local que la capilla tiene un origen paleocristiano. Más investigaciones condujeron al descubrimiento de un altar pagano del siglo II, dedicado al dios semita Baalshamin (el señor del cielo), construido durante el reinado de Adriano, en el lugar de emplazamiento de la casa de Ananías, a fin de alejar a los cristianos que habían hecho de ella un lugar de peregrinación.


La capilla se encuentra al final de la calle Recta de Damasco cerca de las puertas de Bab Sharqi y de Bab Keisan, de las antiguas murallas de la ciudad, lugar por el cual según la tradición, san Pablo escapó de Damasco, escondido en una cesta por la noche.

Tras la conquista árabe de Damasco en el año 636, la iglesia fue confiscada y parcialmente demolida. A principios del siglo VIII, el califa omeya al-Walid ibn 'Abd al-Malik I la devolvió a la comunidad cristiana en compensación por la expropiación de la catedral de San Juan Bautista, sobre el terreno de la cual se construyó la gran mezquita de los Omeyas de Damasco. A finales del siglo XII, el sultán Saladino la transformó de nuevo en mezquita y no fue hasta el año 1820 que fue devuelta a la Orden de los Frailes Menores de la Custodia de Tierra Santa. Cuarenta años más tarde, en 1860, la iglesia fue arrasada durante la revuelta de los drusos. Fue reconstruida en 1867 y rehabilitada en 1973.

viernes, 29 de agosto de 2014

Tumba de san Juan Bautista. Mezquita de los Omeyas (Damasco)

Tumba de san Juan Bautista

El 6 de mayo de 2001 visitó el papa san Juan Pablo II la Mezquita de los Omeyas en Damasco (Siria). No era una visita accidental. La actual mezquita sustituye un templo bizantino, en el que era venerado el sepulcro de san Juan Bautista. Se trata del cuarto lugar más sagrado del Islam.


Situada en la ciudad vieja de Damasco, después de la conquista árabe, la mezquita fue construida por el califa omeya Walid I en el año 705, tras diez años de construcción, sobre la catedral bizantina dedicada a Juan el Bautista desde la época del emperador romano Constantino I. Tiene una capilla donde se venera la cabeza de san Juan Bautista, considerado como profeta también por el Islam. Este edificio, habría ocupado un anterior templo romano dedicado a Jupiter Damascenus, originalmente el dios sirio Hadad, y modelo del templo del Sol (Palmira).


Las palabras del santo papa cobran hoy un significado profético, cuando la guerra tiñe de sangre ese lugar, y cuando miles de cristianos de la región están siendo perseguidos y martirizados. Esto decía san Juan Pablo II:


Nos hallamos cerca de la que cristianos y musulmanes consideran como la tumba de san Juan Bautista, conocido como Yahya en la tradición musulmana. El hijo de Zacarías es una figura de gran importancia en la historia del cristianismo, porque fue el Precursor que preparó el camino a Cristo. La vida de san Juan, entregada totalmente a Dios, se coronó con el martirio. Ojalá que su testimonio ilumine a todos los que veneran aquí su memoria, para que tanto ellos como nosotros comprendamos que la gran tarea de la vida consiste en buscar la verdad y la justicia de Dios.


El hecho de que nuestro encuentro se celebre en este famoso lugar de oración nos recuerda que el hombre es un ser espiritual, llamado a reconocer y respetar la primacía absoluta de Dios en todas las cosas. Los cristianos y los musulmanes concuerdan en que el encuentro con Dios en la oración es el alimento necesario para nuestra alma, sin el cual nuestro corazón se vuelve árido y nuestra voluntad ya no busca el bien, sino que cede al mal.

Los musulmanes, al igual que los cristianos, consideran sus lugares de oración como oasis donde encuentran al Dios misericordioso a lo largo de su camino hacia la vida eterna, y a sus hermanos y hermanas mediante el vínculo de la religión. Cuando, con ocasión de matrimonios, funerales u otras celebraciones, los cristianos y los musulmanes guardan silencio por respeto a la oración del otro, dan testimonio de lo que los une, sin ocultar o negar lo que los separa.


En las mezquitas y en las iglesias las comunidades musulmanas y cristianas forjan su identidad religiosa, y los jóvenes reciben en ellas una parte significativa de su educación religiosa. ¿Qué sentido de identidad se inculca en los jóvenes cristianos y en los jóvenes musulmanes que frecuentan nuestras iglesias y mezquitas? Espero ardientemente que los líderes religiosos y los maestros musulmanes y cristianos presenten nuestras dos grandes comunidades religiosas como comunidades en diálogo respetuoso, y nunca más como comunidades en conflicto. Es fundamental enseñar a los jóvenes los caminos del respeto y la comprensión, a fin de que no abusen de la religión para promover o justificar el odio y la violencia. La violencia destruye la imagen del Creador en sus criaturas, y nunca debería considerarse como fruto de convicciones religiosas.

Espero de verdad que este encuentro en la mezquita de los Omeyas sea un signo de nuestra decisión de proseguir el diálogo interreligioso entre la Iglesia católica y el islam. Este diálogo ha cobrado mayor impulso en las últimas décadas; y hoy podemos estar satisfechos por el camino recorrido hasta ahora.