viernes, 16 de enero de 2015

San Apolinar el Nuevo de Ravena


En las Imágenes Sagradas hemos contemplado hoy el mosaico de la Curación del Paralítico, que decora la Basílica de san Apolinar el Nuevo de Ravena. Conozcamos un poco más este suntuoso templo, sito en la que fuera capital del reino del godo Teodorico, en el siglo VI, establecido sobre esta ciudad, que luego pasó a ser capital del Exarcado bizantino de Ravena.


Teodorico el Grande, arriano pero respetuoso con la iglesia del pueblo conquistado, levanta un primitivo San Apolinar, con el nombre de Jesucristo Salvador, que más tarde recibirá el nombre de “Nuevo”, en torno al año 500, al pasar al culto católico y se la convierte en una basílica más suntuosa y exuberante. San Apolinar, “el Nuevo” es una iglesia bizantina de Rávena con influencia paleocristiana por su estructura basilical con cubierta plana de madera.


A pesar de que Teodorico había estado durante diez años en Constantinopla, su proyecto más ambicioso, la iglesia palatina de San Apolinar Nuevo, fue construida de acuerdo con el tipo de planta basilical, revestida de mármoles a la manera romana y capiteles presumiblemente importados de Constantinopla. La decoración del conjunto de la nave de San Apolinar Nuevo se divide en tres zonas horizontales, fechables a comienzos del siglo VI. En la zona superior, por encima de las ventanas, una serie de 26 paneles -13 por cada lado- ilustra la vida de Cristo, acercándonos a los modelos de Santa María la Mayor; en el piso medio, las dieciséis figuras de profetas y patriarcas remiten al ábside de San Aquilino de Milán. En la zona inferior, en uno de los lados, una procesión de vírgenes se traslada desde Classe -el puerto de Rávena- hasta donde se encuentran la Virgen y el Niño acompañados por los Reyes Magos; en el otro lado, los mártires se trasladan en procesión desde el palacio de Teodorico hacia el lugar donde se encuentra Cristo entronizado, flanqueado por seres angélicos en un marco paradisíaco.


Corresponde al tipo de la basílica latina y tiene tres naves separadas por columnas pseudocorintias con grandes cimacios para recibir mejor las arquivoltas sobre los capiteles. Éste será el típico capitel bizantino. Su gran longitud le aporta una magnificencia notable y un acusado dinamismo en el sentido de la profundidad. El espacio que “camina” hacia el altar está subrayado por el empleo de mosaico en serie continua. San Apolinar Nuevo tiene una destacada decoración de mosaicos. Los mosaicos se hicieron en la propia Bizancio.


Los mosaicos que cubren casi todas las paredes constituyen los mejores modelos de este estilo. Hoy se conservan en la nave central dos grandes frisos de santos y santas que avanzan hacia el altar mayor. En el lado del evangelio, un friso de hombres y en el lado de la epístola, las mujeres.

miércoles, 14 de enero de 2015

En Camino hacia Santiago. Los Arcos


Retomamos nuestro Camino a Santiago en Navarra, donde nos detuvimos en la villa de Puente la Reina. Sigue la ruta en dirección a la villa de Los Arcos. Como muchos pueblos de la zona, Los Arcos, surge de un pequeño barrio, "Santa Olalla", y del castillo. Pero es en el siglo XI cuando se forma lo que hoy conocemos como villa. Acaeció cuando Sancho Garcés IV de Navarra, el de Peñalén, la repobló tras la batalla de Valdegón. En esta batalla, Guerra de los Tres Sanchos: de Castilla, de Navarra y de Aragón. Navarros y aragoneses de un lado, y castellanos de otro (año 1067), siendo derrotados estos últimos. El rey, agradecido, puso un arco tenso ("Arcos") y mandó repoblar la villa.

En 1274 la población sufre de nuevo los efectos de la guerra, quedando afectado su castillo tras el ataque de las tropas castellanas, capitaneadas por el primogénito Don Fernando de la Cerda. Pasados los años, la zona vuelve a sufrir los avatares de la guerra, y esta vez para cambiar de pabellón. Navarra se divide entre agramonteses, partidarios de Juan II de Navarra, y beamonteses, partidarios de Carlos, Príncipe de Viana que cuenta con el apoyo de Castilla. Los Arcos se alía del lado de los agramonteses. El 7 de julio de 1463 los delegados del rey Enrique IV de Castilla requieren a los de la villa de Los Arcos homenaje y juramento de fidelidad como vasallos, tras perder la causa agramontesa por la que habían luchado.

Los Arcos fue incorporado a Castilla en 1463 por la sentencia arbitral que el rey Luis XI de Francia da a las diferencias entre Juan II de Navarra y Enrique IV de Castilla; la villa se sometió con la condición de seguir gozando de todos los fueros y privilegios, perteneciendo al reino castellano hasta 1753, año en que de nuevo se incorpora a Navarra.

La iglesia de Santa María remonta su origen al siglo XII, momento en que se erigió un templo de estilo románico, al que fueron añadiéndose, en el transcurso de los siglos posteriores, diversos elementos góticos, renacentistas, barrocos y neoclásicos. El conjunto resulta extraordinariamente variado.


En cuanto a la estructura interior, la iglesia es de una sola nave, con capillas laterales que ocupan el espacio entre contrafuertes. En la fachada norte se alza la portada plateresca, obra de 1591, labrada como si de un retablo se tratase. El campanario, que reúne rasgos góticos y renacentistas, es también del siglo XVI.

Es obligatorio destacar su grandioso retablo mayor de muchas tallas barrocas, presidido por la imagen de Santa María. Otros retablos barrocos son el de San Juan Bautista, el de la Virgen del Rosario, San Francisco Javier o el situado en la capilla de San Gregorio Ostiense. Los altares colaterales, además de servir para el culto a los santos titulares, se utilizan para guardar las principales reliquias. El coro posee una sillería manierista y en la sacristía podemos contemplar una cajonería y un retablo rococó.


Adosado a la fachada sur del templo se encuentra el claustro del siglo XV, representativo del estilo gótico flamígero; las curvas de las traces rías de los arcos son de enorme delicadeza.


martes, 13 de enero de 2015

La iglesia de Saint-Hilaire le Grand


La iglesia de Saint-Hilaire le Grand es una iglesia fortificada románica situada en Poitiers, Francia, construida en el siglo X sobre los vestigios de una necrópolis galo romana del siglo IV, en el lugar donde San Hilario alrededor del año 370 construyó un oratorio dedicado a dos mártires romanos de los años 362-363.

La iglesia del célebre obispo Hilario de Poitiers está formada por un coro y un crucero de altura impresionantes y gran luminosidad. El deambulatorio de San Hilario se abre sobre cuatro capillas adornadas con murales románicos que representan una de las primeras escenas pintadas del Apocalipsis.


Toda la bóveda y gran parte de los muros de la nave, en origen de 15 m de anchura, fueron destruidos durante la Revolución francesa, la mitad restante del edificio que quedó en pie fue recalificada como iglesia parroquial a principios del siglo XIX. Durante la segunda mitad de este siglo se reconstruyó la nave aunque con dimensiones muy inferiores a las originales, sacrificando para ello toda la zona oeste.


Benedicto XVI, en su Catequesis de 10 de octubre de 2007, explicaba así el contenido de las grandes obras teológicas de san Hilario:


En el Tratado sobre la Trinidad, san Hilario expone su camino personal hacia el conocimiento de Dios y se esfuerza por demostrar que la Escritura atestigua claramente la divinidad del Hijo y su igualdad con el Padre no sólo en el Nuevo Testamento, sino también en muchas páginas del Antiguo Testamento, en las que ya se presenta el misterio de Cristo. Ante los arrianos insiste en la verdad de los nombres de Padre y de Hijo, y desarrolla toda su teología trinitaria partiendo de la fórmula del bautismo que nos dio el Señor mismo:  "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

Relicario de San Hilario

El Padre y el Hijo son de la misma naturaleza. Y si bien algunos pasajes del Nuevo Testamento podrían hacer pensar que el Hijo es inferior al Padre, san Hilario ofrece reglas precisas para evitar interpretaciones equívocas:  algunos textos de la Escritura hablan de Jesús como Dios, otros en cambio subrayan su humanidad. Algunos se refieren a él en su preexistencia junto al Padre; otros toman en cuenta el estado de abajamiento (kénosis), su descenso hasta la muerte; otros, por último, lo contemplan en la gloria de la resurrección.


En los años de su destierro, san Hilario escribió también el Libro de los Sínodos, en el que reproduce y comenta para sus hermanos obispos de la Galia las confesiones de fe y otros documentos de los sínodos reunidos en Oriente a mediados del siglo IV. Siempre firme en la oposición a los arrianos radicales, san Hilario muestra un espíritu conciliador con respecto a quienes aceptaban confesar que el Hijo era semejante al Padre en la esencia, naturalmente intentando llevarles siempre hacia la plena fe, según la cual, no se da sólo una semejanza, sino una verdadera igualdad entre el Padre y el Hijo en la divinidad. También me parece característico su espíritu de conciliación:  trata de comprender a quienes todavía no han llegado a la verdad plena y, con gran inteligencia teológica, les ayuda a alcanzar la plena fe en la divinidad verdadera del Señor Jesucristo.

lunes, 12 de enero de 2015

Rieval


Recordamos hoy la santidad de uno de los más grandes cistercienses de la primera época: Elredo de Rieval. Elredo nació en Hexham (Northumbria, entre Inglaterra y Escocia) en 1110. Recibió la primera instrucción en el priorato de Durham, y hacia la edad de catorce años entró al servicio del rey David I de Escocia, en cuya corte completó su formación, pasando después a ocupar el cargo de mayordomo (dispensator). Hacia 1134 abrazó la vida monástica cisterciense en el monasterio de Rieval (Rievaulx, Yorkshire), casa fundada dos años antes por la abadía de san Bernardo: Claraval. Su humanismo y sus talentos intelectuales y espirituales lo llevaron bien pronto a asumir tareas de dirigir su propia comunidad: fue maestro de novicios entre los años 1141 y 1143 y abad desde el 1147 hasta su muerte, en 1167.


Rievaulx (Rieval) es un lugar en Rye Dale, dentro del Parque Nacional de North York Moors, cerca de Helmsley, en North Yorkshire (Inglaterra), cerca de la río Rye. Su nombre se originó como Rye (el río) + franco-normando val o valle = "valle". Su antigua pronunciación local era como "Ríos", y cambió a "Reevo". La abadía fue disuelta por Enrique VIII en 1535 y los terrenos fueron comprados por el conde de Rutland.

domingo, 11 de enero de 2015

Ravena. Baptisterio de los Arrianos


Ayer visitamos el Baptisterio de los Ortodoxos; hoy, en cambio, conoceremos el otro gran Baptisterio de Ravena: el de los Arrianos. Fue erigido por el rey ostrogodo Teodorico el Grande entre finales del siglo V y principios del siglo VI. Es por lo tanto contemporáneo de la Basílica de San Apolinar Nuevo.


Se le llama arriano para diferenciarlo del Baptisterio ortodoxo. Los dos edificios, aun destinándose a la misma función, eran cada uno propio de una de las dos comunidades cristianas que coexistían entonces en Rávena. En 565, después de la condena del culto arriano, esta pequeña estructura de ladrillo octogonal fue convertida en un oratorio católico con el nombre de Santa Maria. Monjes griegos le añadieron un monasterio durante el periodo del Exarcado de Rávena y más tarde dedicaron la estructura a Santa Maria in Cosmedin. Alrededor del año 1700, la estructura pasó a manos privadas, y en 1914 fue adquirida por el gobierno italiano. El bombardeo aliado sobre Rávena en la Segunda Guerra Mundial ayudó a despejar otras estructuras que la habían invadido por todos los lados, permitiendo a los investigadores que viesen los detalles de su exterior por vez primera. Como con otros monumentos de Rávena, el suelo original queda a unos 2,3 metros por debajo del actual.

El baptisterio es de forma octogonal; dentro hay cuatro huecos y una cúpula con mosaicos, representando el bautismo de Jesús por san Juan Bautista. Jesús aparece sin barba y desnudo, semisumergido en el Jordán. Juan el Bautista luce una piel de leopardo. A la izquierda está en pie un dios pagano cano y viejo con una capa griega, sosteniendo una bolsa de piel. Es la personificación del río Jordán. Por encima, el Espíritu Santo en forma de paloma derrama agua lustral con su pico.


Por debajo, una procesión de los doce apóstoles, guiados en diferentes direcciones por san Pedro y san Pablo circundan la cúpula, encontrándose junto a un trono en el que hay un crucifijo enjoyado descansando sobre un cojín púrpura.


Los artistas emplearon varios años para hacer estos mosaicos, como puede verse por los diferentes colores de las piedras usadas para representar la hierba a los pies de los apóstoles.


Toda la composición es muy similar a la del baptisterio Neoniano ortodoxo. Las paredes están desnudas, pero no fueron así siempre. Durante unas investigaciones arqueológicas, se descubrieron unos 170 kilos de teselas en el suelo.


El baptisterio arriano está ubicado junto a la Iglesia del Espíritu Santo, también construida por Teodorico y en un principio llamada Hagia Anastasis (Santa Resurrección). Era una catedral arriana, y fue vuelta a consagrar como la catedral católica de San Teodoro (soldado y mártir de Amasea in Porto) en 526. Poco queda de la iglesia original después de su reconstrucción en 1543; algunos historiadores especulan con que los mosaicos originales ya estaban destruidos mil años antes durante su reconstrucción católica debido a que representaban temas arrianos.

sábado, 10 de enero de 2015

Ravena. Baptisterio de los Ortodoxos


El Baptisterio de los Ortodoxos, también llamado Neoniano, en Rávena (Italia), es el mejor y más completo ejemplo superviviente de un baptisterio de los primeros tiempos del Cristianismo» que «retiene la fluidez en la representación de la figura humana derivada del arte greco-romano».

En parte se construyó sobre una terma romana. También se le llama Baptisterio ortodoxo, para distinguirlo del Baptisterio arriano construido a instancias del rey ostrogodo Teodorico unos cincuenta años más tarde. Los dos edificios, aun destinándose a la misma función, eran cada uno propio de una de las dos comunidades cristianas que coexistían entonces en Rávena. Se le llamaba «ortodoxo» entendido en el sentido de la época, que se refería a los cristianos de la «recta» doctrina en contraposición a la «herejía» arriana.


La estructura es de planta centralizada octogonal, puesto que estamos ante un baptisterio, es de ladrillo fue construida por el obispo Urso a finales del siglo IV o principios del V, como parte de su gran basílica (destruida en 1734). El baptisterio fue concluido por el obispo Neon (de ahí el nombre de Neoniano) a finales del siglo V, tiempo en el que se añadieron las decoraciones en mosaico. El suelo original queda ahora 3 metros bajo tierra, de manera que la estructura propiamente dicha y la extensión del edificio ya no pueden verse más.

El diseño octogonal del edificio, empleado prácticamente en todos los baptisterios del primer cristianismo, simboliza los siete días de la semana más el Día de la Resurrección y la Vida Eterna. El ocho se relacionaba así con la resurrección, siendo la suma de siete, el tiempo, más uno, Dios. Esta forma octogonal se encuentra en los monumentos bizantinos o de inspiración bizantina (como el Domo de la Roca en Jerusalén).


El edificio fue retocado en el siglo XI. Externamente, tiene un simple revestimiento de ladrillo, combinado con arquerías ciegas, es de planta octogonal, pero al exterior parece cuadrangular por sus cuatro exedras semicirculares en las esquinas, son del siglo X, mientras que las lesenas y arcadas ciegas se remontan a la construcción originaria y fueron tomadas de modelos septentrionales (como la Basílica de Constantino de Tréveris o la basílica de San Simpliciano de Milán). Hay un contraste importante entre el exterior y el interior del edificio, como es típico del arte paleocristiano. Este baptisterio desprende un aire particular debido a su arquitectura monumental. Los tres arcos (símbolo de la Trinidad) que reposan sobre columnas como cierre para las ventanas del interior no se distinguen del exterior, son arcos de descarga. Este baptisterio se articula en dos niveles y mediante arquillos ciegos.


El centro de la cúpula está ocupado por un mosaico que representa a Juan el Bautista bautizando a un Jesús con barba en pie con el agua hasta la cintura en el río Jordán, que está mostrado en los velos. A un lado está un dios pagano de las aguas con un junco en una mano y una prenda de ropa en la otra, representando al río Jordán. Más abajo, y en torno a la escena del bautismo de Cristo está representada una procesión procesión de los doce apóstoles en dos direcciones, acabando con San Pedro encontrándose con San Pablo.